STALIN Y PABLO

ROSA BELMONTE

Mientras en Telecinco Pablo Iglesias descubría la excelencia de la Sanidad pública española (el adanismo propio de Casa Tinaja), en La 2 emitían uno de los documentales coloreados de la serie 'Apocalipsis'. El título: 'Stalin, el demonio'. Sólo su madre daba un susto al miedo. Y aunque lo sobreprotegió de pequeño también le daba tundas. Él ni siquiera fue al funeral en julio de 1937. Pero seguramente hay que disculparlo porque tenía que estar ocupadísimo con las purgas. Él con su hija Svetlana fue cariñoso al principio. Le daba besos ruidosos y la llamaba «gorrioncillo». Con la adolescencia cambió. No le gustaban las faldas cortas y le dio dos tortas cuando se enteró de que tenía un amante. Hombre, eso no es nada para el demonio.

La sensación era extraña. Veías a Pablo Iglesias con Piqueras contándole que iba a subir los impuestos a los que ganen 10.000 euros, gente que estará encantada, claro, de ayudar. Y ya una no quiere ganar 10.000 euros porque para qué. Me sumerjo en la desidia y la gandulería. Que los de 10.000 estén encantados es como cuando Montero llamó a la subida del IRPF «complemento temporal de solidaridad». Habrá que reconocer que RTVE va a lo suyo. Y que a nadie se le ha ocurrido que cómo iban a poner a Stalin, el demonio, a la vez que Pablo Iglesias estaba en Telecinco. Mira, vosotros tendréis a nuestro chico de Podemos pero nosotros envidamos con Koba el terrible, a propósito de quien el propio Nikita Jruschov denunció el culto a la personalidad (a su muerte, claro).

La televisión de Rosa María 'Luxemburgo', cambios y despidos aparte (el apartamiento que menos me explico es el de Raquel Martínez; ¿no podía presentar el Telediario del fin de semana con Oriol Nolis?), tiene novedades. El lunes, Manuel Jabois en los 'Más desayunos' de Xabier Fortes. Parecía que había dormido en un charco, como un día le dijo Rodrigo Cortés. Y encima iba de marrón. Pero es el tertuliano con más encanto de la nueva etapa. Por otro lado, está lo que no es novedad. Ver a Ana Blanco presentando otra vez el TD1 es saber que estás en casa. También con Stalin.

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