LA PELÍCULA DE LOS OBAMA

OSKAR BELATEGUI

Si hablas cara a cara con alguien y conoces su historia, puedes forjar un vínculo. Quizá no estés de acuerdo en todo, pero puedes encontrar puntos en común y avanzar juntos». Barack Obama resume así una actitud vital que es asimismo la manera de trabajar de Julia Reichert y Steven Bognar, los realizadores que firman la primera de las películas que el expresidente y su mujer Michelle producen para Netflix. Los Obama charlan con los cineastas en una breve pieza de diez minutos que es toda una lección de ética política y cinematográfica. Nadie sabe con exactitud cuánto ha pagado Netflix por hacerse con los servicios de la pareja más popular de EE UU, aunque se rumorea que el acuerdo ronda los 100 millones de dólares. El primero de los filmes que viene avalado por su productora Higher Ground (Tierra elevada) es un modélico documental en las antípodas de los métodos sensacionalistas y el protagonismo de Michael Moore.

'American Factory', también disponible en la plataforma, arranca con el cierre en 2008 de una fábrica de General Motors en Dayton (Ohio) que dejó a miles de trabajadores en la calle. La esperanza llegó de la mano de la compañía china Fuyao, que se instaló en la ciudad para fabricar parabrisas y componentes de vidrio para automóviles. Reichert y Bognar pasaron meses junto a los trabajadores chinos y americanos. Viajaron con ellos al país asiático y lograron la confianza de directivos y empleados. A lo largo de dos horas desgranan el choque cultural entre China y Estados Unidos intentando colocarse en la piel de sus protagonistas, sin tomar partido por unos ni por otros.

'American Factory' demuestra que el orgullo de clase obrera, la ética del trabajo bien hecho y el poder de los sindicatos pertenecen al pasado. El nuevo esclavismo de la globalización exige jornadas maratonianas de doce horas, salarios que hacen imposible pertenecer a la clase media y un día o dos de libranza al mes. Tanta lástima dan los chinos convertidos en el Chaplin de 'Tiempos modernos' como los desbaratados trabajadores de Dayton, que tras su 'Bienvenido Mr. Fuyao' habrán acabado votando a Trump. Y como coda, la automatización con el trabajador perfecto: el robot.