'PÁGINA 2'

JOSÉ ENRIQUE CABRERO

Como ilustre ignorante del vino que soy, imagino que una cata debe de ser como entrar a una librería: analizas el reparto de los colores en los pasillos; aspiras hasta llenar los pulmones con el aroma adictivo del papel; acaricias con la punta de los dedos el lomo de un volumen; escuchas el ronroneo de Juan Gómez-Jurado llamándote desde la estantería; y, por fin, saboreas contraportadas para elegir el caldo más apropiado.

Las librerías -como las papelerías, por cierto- me atraen como la Estrella de la Muerte al Halcón Milenario. El rayo tractor me atrapa desde mucho antes de pasar por su puerta. Aunque sepa que no voy a comprar nada, entro a pasear. El problema es que la vida, eso que pasa entre que vas a una librería y vuelves, a veces te aleja de ellas. Ya saben: trabajo, familia, Twitter... Por eso, los martes por la noche, procuro estar en casa. Sentado en el sofá. Para dar un paseo entre libros: 'Página 2'.

Entiendo que no es un programa de masas y que, lamentablemente, no lo va a ser. Pero lo merece. Lo que hacen Óscar López y su equipo en La 2 (martes, 21.20 horas) es un prodigio. Una combinación magnífica entre técnica y periodismo cultural, ofreciendo media hora de televisión de impecable factura, narrada con estilo y gusto cinematográfico. Las formidables entrevistas de Óscar, las recomendaciones literarias, el repaso a las novedades, los reportajes...

'Página 2' es uno de esos reductos de la televisión que hay que proteger a toda costa antes de que se vaya de órbita -laika- por culpa de un puntapié malintencionado. Es, sin serlo, una preciosa librería en la que da gusto pasearse. La mejor cata posible para animar la lectura y, de paso, subrayar la evidencia: el papel no está muerto. Repitan conmigo: el papel vive. Y que viva 'Página 2', la última aldea gala de los libros en la televisión (aunque ojalá volviera a los domingos, ya que estamos).

Luego, claro, cuando abres el libro, recuerdas el aroma de 'Página 2' y saboreas las palabras, como si fuera una cerveza fresquita. Una deliciosa Manila, por ejemplo. Que de esto sé algo más.

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