NEGOCIOS

ROSA BELMONTE

La palabra negocio en un título televisivo parece tener el mismo predicamento que horizontes en una película del oeste. El jueves coincidían a la misma hora 'El negocio de la infertilidad' en La 1 y 'El negocio del pelo' en Cuatro. El primero, de 'Comando actualidad'; el segundo, de 'En el punto de mira'. Ambos programas tuvieron menos audiencia por la noche que Ana Rosa por la mañana a esas horas en que uno está trabajando.

Como mujer, me preocupa más la pérdida del pelo (y no hablo de quimioterapias, claro) que no tener hijos, asunto que jamás me ha interesado. Como no me han interesado los osos polares. Tampoco es que lo de la maternidad se lo pudiera una tomar muy en serio viendo el programa ('Comando actualidad' plantea estos espacios como especiales de investigación, pero yo veo a esa Teresa Perales, la reportera, y me da más miedo que Gloria Serra).

Empezaron con una señora que había tenido un cáncer y no podía tener hijos. Lo hizo por gestacion subragada en Chicago. Hipotecándose. Pero, oye, encantada con la mamá postiza. Super, super altruista haciendo el bien. Luego salió una gestante georgiana que no quería que las hijas que tenía fueran madres subrogadas. Hombre, pues claro que no. Como quien friega escaleras no quiere que sus hijas se dediquen a lo mismo. Pero lo mejor fue Marcos, un suministrador de semen. Que te viene con el frasco, se hace unas pajitas, que diría Torrente, y te deja el producto. Valore a su glover. Tampoco estuvieron mal unas Femen (mira, rima con semen) que citaron a la reportera cerca del infierno para contarle lo muy en contra que están de la maternidad subrogada. Si para ser Femen tengo que reunirme en ese sitio como de secuestrar muchachitas y colgarlas de un gancho, que me esperen. Vale, Femen no me iba a hacer (me haría rockette), pero es que me citan allí para devolverme a mi madre secuestrada y no voy. A no ser que me acompañe Liam Neeson. También podía ser sensacionalismo del programa. Como lo demás. Y otros pavos yéndose a Turquía a ponerse pelo. Producía la misma confianza que la nave de las Femen.