'Mindhunter': un fascinante espejo social

El agente del FBI Holden Ford, obsesionado con el funcionamiento de las mentes criminales./SUR
El agente del FBI Holden Ford, obsesionado con el funcionamiento de las mentes criminales. / SUR

La segunda temporada se expande en los conflictos de este policiaco fascinante y saca a sus protagonistas de las salas de entrevistas para enviarlos al mundo real

MIGUEL ÁNGEL OESTEMÁLAGA

Uno. La serie creada por Joe Penhall, que produce David Fincher y también dirige los primeros episodios, mantiene los elementos estilísticos y argumentales de la anterior temporada, pero se extiende en el desarrollo de los personajes y envía a sus dos protagonistas, los agentes del FBI Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), al 'mundo real', para poner en práctica todo lo analizado en aquella primera temporada con las entrevistas que mantuvieron con asesinos múltiples.

Dos. 'Mindhunter' sigue siendo fascinante, perturbadora, obsesiva y una radiografía de cómo funciona el mundo cuando se introducen o se intenta introducir nuevos paradigmas, y se observan los comportamientos criminales entre la atracción y el rechazo. Si la primera temporada se situó en 1977, cuando se puso en marcha la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI en el que Ford y Tench recorrían Estados Unidos para entrevistar a asesinos en serie y establecer sus conductas a fin de crear una metodología que les permitiera analizar las motivaciones de estos asesinos, junto al soporte académico de Wendy Carr (Anna Torv), la psicóloga que crea los protocolos y cuestionarios, en esta segunda temporada, que se mueve entre 1979 y 1981, la serie se lanza a la vida real y se estructura a partir de los asesinatos de más de veinte niños de Atlanta, al tiempo que se sigue al estrangulador de Kansas, BTK, que ya apareció en la primera temporada.

Tres. La anterior temporada se articuló sobre la pregunta matriz: «¿Cómo vamos a adelantarnos a los criminales si no sabemos cómo piensan?». A partir de esta pregunta nos encontrábamos con una serie oral en el que el recorrido narrativo abordaba la creación de un nuevo manual que cambiase la metodología policial basada en las pruebas por otra más compleja, flexible, fundada en las motivaciones de los asesinos en serie para anticiparse a ellos. Entender sus actos. Escarbar en sus vidas de infancias machacadas por madres autoritarias, padres ausentes y determinadas fijaciones que se manifiestan en actos atroces y sexuales. De ahí que en esta segunda temporada, cuando el nuevo jefe de la Unidad de las Ciencias del Comportamiento del FBI, Ted Gunn (Michael Cerveris) mande a Ford y Tench a Atlanta, la pregunta sea sustituida por una afirmación que hace Ford: «Podemos adelantarnos al siguiente paso del asesino en vez de reaccionar al suyo». Pero Ford y Tench se toparán con un mundo rígido que se resiste a los cambios, con formulismos absurdos y una burocracia y política que trabaja sin visos públicos, sin olvidar los reveses de la vida.

Cuatro. En este sentido, estos nuevos episodios se equilibran entre las entrevistas -que llevarán por una parte Ford y Tench, pero también la psicóloga Wendy y otro agente cuando los primeros estén en Atlanta- y las investigaciones y puesta en práctica de Ford y Tench sobre el terreno en Atlanta -con las cuestiones raciales, la opinión pública, las guerras políticas...- al tiempo que se introduce la vida personal de Bill Tench y Wendy Carr en el ámbito laboral. Si en la primera temporada la obsesión de Holden Ford por el trabajo policial y la fascinación y empatía que generó con los asesinos le llevó a dilapidar su vida personal y le generó un ataque de pánico, en esta segunda temporada el foco se coloca de un modo inquietante sobre Bill Tench, su esposa Nancy (Stacey Roca) y el hijo adoptado de estos, Brian (Zachary Scott Ross), un niño taciturno, que se relaciona con el asesinato de un niño de dos años.

Cinco. El viaje de Holden Ford en 'Mindhunter' es el viaje de la sociedad norteamericana, y por extensión de la sociedad occidental, en un mundo globalizado en el que las series de televisión reinterpretan las líneas morales y éticas mejor y de un modo más accesible que otras expresiones artísticas. Pero se trata (o puede interpretarse) como un viaje individual, personalizado, que proyecta las deformidades emocionales del país más influyente. El idealismo del personaje de Holden Ford, el carisma vital, la humanidad y empatía que representa al comienzo de la serie va a ir transformándose en individualismo, poshumanidad, nula empatía, competitividad, egotismo... Las fronteras entre el bien y el mal ya hace tiempo que desaparecieron. Los héroes han dejado de ser lo positivo que eran. El abrazo de Edmund Kemper a Holden Ford en el episodio diez de la primera temporada y la posterior asfixia de éste representa mejor que ninguna otra imagen el estado actual. O eso pensábamos. Porque si esto sucedía en la primera temporada, en la segunda las cosas van a más en el miedo y la vulnerabilidad de una sociedad que siente atracción y hasta encumbra a seres que cometen actos crueles.

Seis. Ese ir más allá se representa no en Ford, sino en Tench, un agente más experimentado, templado, que asiste indefenso al desplome de su familia después de que su hijo Brian asista de algún modo a un asesinato. Se trata de un viaje mucho más profundo que el de Ford, el descenso de la familia, la constatación del miedo y de que puede pasar en todas partes, hasta en la menos pensada, y que no hay ayuda posible, porque si bien Tench muestra su capacidad para enfrentarse de un modo objetivo a los asesinos múltiples y a situaciones atroces, no puede hacerlo con su hijo. La historia lo coloca de un modo constante en espejos de lo que hace y de lo que ha experimentado su hijo, pero cuando en una secuencia tremenda Tench lleva a su hijo a tomar un helado no puede hacer las preguntas que está habituado a hacer, solo le dice a su hijo que necesita saber que está bien, porque le asusta mucho y no quiere tener miedo. El miedo representado en una unidad familiar como la de Tench es simbólico y real y amplía el miedo de una sociedad estresada y paranoica. A esto se añade el intento de Wendy -normalmente distante y fría- de mantener una relación con una camarera que se ha separado de su esposo y tiene un hijo, pero que también vive bajo el miedo en la representación de identidades que muestra 'Mindhunter', no siempre con la misma potencia que expone el resto de conflictos.

Siete. 'Mindhunter' elimina (o casi) por tanto el dilema de si no se ha creado un marco social adecuado para que se produzcan estas desviaciones que casi siempre atentan principalmente contra la mujer, pero también contra niños o identidades aún no claramente establecidas para determinadas psicologías: se llamen Ed Kemper, Jerry Brudos, Richard Speck, Charlie Manson, William Junior Pierce, Elmer Wayne Henley, David Berkowitz y otros más que aparecen en la ficción, asesinos en serie que tal vez solo sean el reflejo más deformado de otros con nombres y apellidos dentro de una legalidad trastornada por lo que representan. La representación del hijo de Nancy y Tench puede ser un ejemplo, pero si uno está atento, 'Mindhunter' resulta de lo más sutil en la asociación de estos depredadores sociales, apuntando a personas que ostentan poder y que deberían estar en teoría al margen de cualquier sospecha.