La malagueña Marta Sangó, salvada y de nuevo nominada en Operación Triunfo

Marta Sangó, durante su actuación. /
Marta Sangó, durante su actuación.

Marta consigue vencer a Marilia con un 53% de los votos. Esta semana vuelve a estar en peligro de abandonar la academia, enfrentándose esta vez a María

JUANITO LIBRITOS

Operación Triunfo no disimula que no quiere a la malagueña Marta Sangó en la academia y que, para la organización, es una concursante de segunda fila. Parece que en las últimas dos semanas su destino ya estaba firmado antes de empezar a cantar y que, hiciera lo que hiciera, saldría nominada. En Operación Triunfo 2018 el jurado y los profesores te salvan por ser quién eres o te dan de lado independientemente de cómo lo hagas.

Marta ha conseguido vencer a Marilia, la canaria que logró expulsar a Noelia Franco, la otra malagueña de la edición. Pero su alegría duró pocos minutos ya que, justo después de recibir la noticia de que era ella la salvada, el jurado le comunicaba a Marta que esta semana volvía a estar nominada. A nadie se le pasó por la cabeza que los profesores pudieran salvarla, ya que estos tienen otros alumnos a los que apoyan mucho más. Tampoco le salvaron los compañeros. Así que esta semana vuelve a estar en la cuerda floja.

En esta ocasión Marta medirá sus fuerzas contra María. Esta cantante madrileña se ha mostrado como una de las concursantes más carismáticas de la edición. Sus actuaciones, especialmente en las últimas tres semanas, no dejan indiferente a nadie: María puede fascinarte por su actitud macarra, su histriónica sobreactuación, sus gritos sobre el escenario… o puede resultarte odiosa justo por eso mismo. Pocas veces la audiencia está más polarizada que con María. Sus habilidades vocales son de las más limitadas de esta edición, pero ha protagonizado dos actuaciones («Voy en un coche» y «Amorfoda», anoche mismo) que son ya historia del programa. Porque pueden gustarte o no, pero estas dos canciones son algo totalmente diferente a todo lo que se ha visto en OT hasta la fecha.

Marta ha tenido un papel más discreto en la academia pero, desde la gala 0, ha mostrado una madurez escénica impropia de sus 18 años, ha sido muy fiable en sus actuaciones y ha sabido adaptarse a los muy diferentes retos que le han puesto. Pero todo eso importa poco cuando el programa no tiene interés en favorecerte.

La mayoría de las canciones que a Marta le han caído en suerte estaban más pensadas para sus compañeros de dueto que para ella. Además, el programa se ha estirado poco en el presupuesto para sus números. La prueba definitiva fue la gala de anoche: mientras que a Marilia le vistieron de ángel de Victoria Secret y le acompañaron de una docena de bailarines (semidesnudas ellas, completamente vestidos ellos, porque OT se declara muy feminista en todo menos en el tema de la cosificación de la mujer), a Marta la soltaron sola en el escenario, vestida de solterona y acompañada de una chica que hacía como que tocaba la batería.

Nunca nadie entenderá los motivos que han llevado al equipo de vestuario a disfrazar a Marta semana tras semana: es incomprensible que hayan vestido a una chica alta y guapa de 18 años como si fuera la Señorita Rottenmeier.

Y eso sería algo secundario si no se añadiese al daño que, sistemáticamente, le han hecho con los vídeos que se emiten en la gala. Mientras que otras concursantes eran presentadas como personas trabajadoras, dinámicas, divertidas… a Marta sólo le ponían los gallos ocasionales que le hubiesen salido a lo largo de una semana de ensayo o las dudas momentáneas sobre sus habilidades para interpretar una canción. Anoche mismo a Marilia se le presentó como a una concursante que había trabajado durante siete días su lado más sexy en un vídeo en forma de tráiler cinematográfico; a Marta, un par de minutos después, le pusieron un vídeo en el que sólo se mostraban inseguridades y fallos, y en el que se hablaba de ella como si ya fuese una concursante expulsada.

Marta se mostró hace un mes insegura con sus agudos (no parece raro que una aspirante a artista, apenas posadolescente, que está empezando a formarse, se muestre insegura en este sentido… lo contrario sería bastante soberbio). Y ese momento de inseguridad ha sido estirado por el programa como excusa a la hora de poner en duda su valía. Da igual lo que haga Marta en la gala: una vez dijo que estaba insegura, no tiene tensión sexual con nadie, no ha sido vista como una víctima del formato y no se esfuerza en hacer bromas artificiales para crear contenido para la gala. Por todo ello, para el programa, Marta sobra.

Pero se lo vamos a poner difícil. Si ni sus profesores ni sus compañeros han querido salvarla, la audiencia sí que puede hacerlo. El problema es que María, su competidora esta semana, además de con la audiencia cuenta con importantes contactos: su padre compuso «La Puerta de Alcalá» (Víctor Manuel, por ejemplo, le mandó saludos cuando visitó la academia); su madre trabaja en «Cuéntame» (también en TVE, como Operación Triunfo); y la propia María tiene relación con el mundo del arte desde pequeña (ha aparecido en varios videoclips) y hay pruebas de su vínculo con gente tan influyente como Brays Efe (el actor que encarna a 'Paquita Salas' y que es íntimo amigo y musa de Los Javis, los profesores de interpretación de la academia) o incluso con la mismísima Rosalía.

Marta y María.
Marta y María.

Más allá del tema de las nominaciones, la gala tuvo un nivel bastante alto: El protagonista de la noche fue Miki, el único concursante que ha salido elegido dos veces como favorito en esta edición. Sus fans le han dado este reconocimiento en una semana en la que él, sin saberlo, ha levantado mucha polémica en el exterior: una serie de comentarios desafortunados y alguna broma que no ha sentado bien fuera, despertó una ola de antipatía hacia el joven catalán. Tampoco ayuda el hecho de que la academia le trate como a un hijo pródigo y que le beneficien en todo lo posible, tanto musical como televisivamente.

Operación Triunfo ha querido convertir al joven en un adalid del feminismo y las causas sociales, en un rol muy parecido al que se adjudicó a Alfred el año pasado, y este papel otorgado ha acabado siendo algo contraproducente hacia el concursante. Y es que sorprende que, a pesar de las numerosas críticas, durante las galas le sigan preguntando a Miki sobre asuntos relativos al feminismo en una academia con un nutrido grupo de mujeres, cuando algunas de las cuales (como Sabela o Alba Reche) tienen un discurso sólido sobre el tema.

Como ya elucubrábamos en la crónica del 4 de octubre, Miki (que bailó anoche por primera vez en nueve galas) ha tenido la gran responsabilidad de ser el primer concursante de Operación Triunfo en diez ediciones que ha cantado una canción en catalán. Sorprende que en un programa donde se ha cantado en inglés, francés, portugués, italiano y gallego, aún no se hubiese cantado en catalán. La actuación fue muy buena a pesar de que, habiendo tantísimos grandes nombres de la música en catalán, se eligiese un tema ('Una lluna al'aigua' de Txarango) que sonaba a algo que podría haber salido de una colaboración entre Macaco, el primer Ricky Martin y aquella cantante gallega que llevó a Eurovision una canción llamada «Que me quiten lo bailao».

Natalia, como siempre, hizo una actuación correcta. Semana tras semana le han dado una serie de canciones de pop comercial internacional que la cantante navarra ejecuta con precisión pero que, por alguna razón, no terminan de ser, de ninguna forma, emocionantes o memorables. Viendo el repertorio (privilegiado) que le han ido regalando a Natalia, da miedo pensar que quieran convertirla en otra Aitana, que también recibió un repertorio mayoritario de este tipo de canciones. Ojalá cuando acabe el programa Natalia sea capaz de imponer su estilo (canciones melódicas de pop alternativo) y no se deje devorar por el gigantesco monstruo discográfico que hoy tiene entre sus garras a Aitana, a la que está exprimiendo sin miedo a sobreexplotar su cuestionada imagen.

Alba es la única que (a menos que la división del voto entre ambas corone a otro finalista) puede disputarse la corona de ganadora de la edición con Natalia. Estas dos jóvenes, entre las que medio internet especula que hay algo más que amistad, son las dos únicas concursantes que no han sido nominadas hasta ahora. Pero mientras que Natalia nunca falla, pero nunca brilla, Alba es más irregular pero, desde hace algunas semanas, está haciendo unas actuaciones memorables y emocionantes, gracias a su peculiar voz y a las canciones que le han otorgado (muy diversas entre sí, pero siempre perfectas para una voz rasgada). Así fue con su versión de anoche de 'Allí donde solíamos gritar' de Love of Lesbian.

Alba, como Natalia, siempre es protagonista durante la gala de vídeos en los que se las ve trabajando duro. Los de la gala de anoche eran especialmente llamativos ya que parecía que los triunfitos habían tomado buena nota de la gran bronca de Noemí, en la que les afeó que mientras que los concursantes del año pasado se pasaban ensayando hasta que les apagaban las luces, ellos, los nuevos, no transmiten esa sensación de trabajo a destajo que tanto cree la directora que gusta a la audiencia.

Algo incómoda fue la actuación de Famous. Era la segunda vez en nueve galas que este joven sevillano de origen nigeriano cantaba en español y el cambio de registro del soul al bolero fue demasiado radical. Está claro que OT es un programa para todas las audiencias y que, por lo tanto, debe tener canciones que llamen la atención a públicos de todas las edades, pero… ponerle el clasicazo «El reloj» a este joven de 19 años es un acto que roza la crueldad. Sin embargo, y a pesar del poco brillante resultado, los profesores volvieron a salvar a Famous por segunda semana consecutiva, a pesar de que a Marta nunca le han dado una segunda oportunidad como sí le habían dado a las otras dos nominadas, Julia y María.

Encaramos así la recta final del concurso a menos de un mes de que termine, en una edición que, a pesar de las injusticias y de los flagrantes favoritismos, está teniendo un buen nivel, aunque Mónica Naranjo, jurado del año pasado, haya dicho en la prensa que el concurso es «rancio» y «un coñazo».

 

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