'JUEGO DE TRONOS' SE PASA DE OSCURA

OSKAR BELATEGUI

Llamándose Invernalia no es probable que luzca el sol. El último episodio de 'Juego de Tronos' ha provocado la polémica en torno a la oscuridad de sus imágenes, lo que llevó a preguntarse a muchos espectadores si se debía a un fallo técnico de HBO y Movistar Plus, las plataformas que emiten la serie en nuestro país. La batalla de las huestes de Daenerys Targaryen y Jon Snow contra el ejército del Rey de la Noche obligó a muchos a achinar los ojos y trastear en los controles de luminosidad del menú del televisor. Pero no. El tenebrismo pictórico era una decisión creativa de sus responsables, que forzaron la máquina aun sabiendo que hay fans de 'Juego de Tronos' que ven sus capítulos en el móvil, la tablet o un portátil de trece pulgadas.

¿Por qué aceptamos la oscuridad en una película y no en una serie? Cuando Stanley Kubrick rodó 'Barry Lindon' quiso reflejar la iluminación de los castillos y palacios en el siglo XVII. Así que encargó a la NASA que modificara un objetivo Zeiss con el que pudiera rodar a la luz de las velas con película fotoquímica, una hazaña técnica recompensada con el Oscar a la mejor fotografía. El tercer episodio de la octava temporada de 'Juego de Tronos' ha dispuesto de un presupuesto récord de 15 millones de dólares y ha tardado 11 semanas en rodarse. Ha contado con la más avanzada tecnología digital. ¿Qué ha fallado entonces?

La respuesta nos la proporcionan directores de fotografía, que son quienes más sufren cuando ven en un cine cómo su película se adultera al proyectarse con una luz del proyector gastada. Por un lado, el sistema de compresión de series como 'Juego de Tronos' para emitirse en 'streaming' provoca que no lleguen hasta nosotros con la mejor calidad. Algo parecido sucede con el sonido en el formato MP3. Por otro, nuestros televisores cuentan con infinidad de opciones de regulación, aunque tendemos a elegir el modo de imagen 'viva' o 'dinámica', que satura la luminosidad y el color. Lo mismo hacen en los centros comerciales, donde las teles se venden emitiendo imágenes en altísima definición con un brillo que daña la vista. Claro que, en la bulimia de series, al final no importa tanto cómo se vean sino tuitear sobre ellas.