FIDELIDAD

ÓSCAR BELLOT

Decía Sheldon Cooper en un episodio de 'The Big Bang Theory' que, cuando se comprometía a ver una serie, lo hacía hasta el final. Daba igual que fuese fabulosa, mediocre o simplemente del montón. El inefable físico con ínfulas de Premio Nobel era fiel rayando en lo enfermizo en lo tocante al modo en que pasaba su tiempo de asueto. Que, por cierto, era inagotable, como les ocurría a los protagonistas de 'Friends', siempre tomando café en el Central Perk. Una fan de esta última 'sitcom' determinó en un concienzudo estudio que los seis protagonistas ingirieron 1.154 tazas de café a lo largo de diez temporadas. Teniendo en cuenta la languidez con que lo hacían mientras conversaban cómodamente instalados en el sofá, ya pueden ustedes ir haciendo la cuenta de las miles de horas que dedicaron a tan relajado esparcimiento.

Como el personaje que dio fama a Jim Parsons, los 'seriéfilos' muestran una lealtad a prueba de bombas hacia sus productos de entretenimiento predilectos. La cancelación de cualquier ficción deviene en funeral para sus adeptos, que lloran con acritud la inesperada despedida de las tramas a las que han jurado devoción eterna. Hay quienes se lamentan más que por una ruptura amorosa, como ocurrió el lunes con el anuncio por parte de Netflix del fin de 'The OA' tras dos temporadas cuando sus creadores pretendían alcanzar las cinco. Los hay que incluso recurren al 'crowdfunding' para resucitarlas, con exitosos casos que se nos vienen enseguida a la cabeza.

También en esto han cambiado los tiempos. Hasta que irrumpió el 'streaming', no había otra que acomodar la agenda a los horarios establecidos o programar el vídeo si no queríamos eludir ni una cita. En casa tengo aún ristras de cintas en VHS que evitaron que perdiese el hilo de algunas de mis series favoritas mientras acudía al instituto. Hoy, simplemente, vamos al menú de la plataforma de turno y devoramos en cascada capítulo tras capítulo. Quizá sea esa facilidad la que nos hace tomarnos con menos filosofía los cierres abruptos. Nos hemos vuelto mucho más caprichosos, intolerantes y debiluchos.