SEX EDUCATION

MIKEL LABASTIDA

Reconozco que no comparto el entusiasmo que ha despertado entre muchos seriéfilos 'Sex Education', una de las últimas propuestas estrenadas en Netflix. ¿No la conoce? Son tantas que es lógico perder la cuenta. Es entretenida, ocurrente y plagada de buenas intenciones, pero esto no resulta suficiente para construir una buena serie. La producción se centra en un instituto en el que quien más y quien menos va salido. Hasta aquí nada nuevo.

La novedad en este caso estriba en que todos los alumnos andan perdidos en materia sexual y precisan de un especialista que les oriente. Y el que se erige como maestro es un muchacho que domina la teoría (su madre es terapeuta de la materia y ha aprendido bien la lección) pero que falla en la práctica (cualquier intento de pasar a la acción en la cama le resulta infructuoso). Una vez se corre la voz de que sus consejos surten efecto, le salen clientes con todo tipo de taras y dudas. Y para todos halla solución, por inverosímil que parezca. Se agradece que la ficción no se corte a la hora de llamar a las cosas por su nombre, eso sí. Habría sido irrisorio idear un proyecto así y tener que recurrir a eufemismos y circunloquios para que nadie se asuste. 'Sex education' no escatima en detalles y no lo hace con el ánimo de provocar porque sí. Se vislumbra la intención de servir como medio divulgativo para aquellos que la vean, por si les toca en persona o de cerca. De hecho, frases como «Uno no elige quién le atrae, no se puede forzar una relación» o «Si tú no te gustas, ¿cómo vas a gustar a alguien?», que se cuelan en las terapias de instituto que improvisan en baños y vestuarios, parecen sacadas de un manual de autoayuda.

El planteamiento de estos casos es lo que despierta interés, pero este se pierde cuando la serie tira de tópicos para relatar las desventuras de la pareja protagonista -chica guapa y rebelde con chico normalito y apocado-, cuyo final resulta previsible.

En ese sentido fue más atrevida 'Todo es una mierda', 'revival' noventero ambientado en un instituto que consistía en desmontar clichés. Pero aquella no cayó en gracia y esta sí. Y no entiendo la razón, a no ser que sea meramente fortuita.