Disney Plus

JOSÉ ENRIQUE CABRERO

Ya vi 'Los Vengadores'. Nada, no voy a contar nada. Absolutamente nada. Nada de nada. Tan sólo una cosa: qué milagro llegar al cine sin haber visto antes un tráiler que destripe por completo la película. Qué sensación tan maravillosa la de asombrarse de pura ignorancia; la de no esperar; la de disfrutar del final de una historia tan larga. Larga, por cierto, como una serie de televisión. Si lo piensan, desde 'Iron Man' hasta 'Endgame' son 22 películas, lo que en capítulos sería una temporada completa. Y si ya tenía curiosidad por las series que prepara Disney Plus, después de salir del cine cuento las horas. Disney Plus es una plataforma de contenido online -como Netlfix, HBO o Movistar- con una gigantesca peculiaridad: tiene el monopolio del 'mainstream', de las series y películas más buscadas. Cuando llegue el próximo mes de noviembre a Estados Unidos, todos los que quieran ver en casa 'Vaiana' o 'Frozen' o 'Star Wars' o cualquier película de Marvel, tendrán que suscribirse a su servicio. Con las películas ya sería suficiente reclamo como para que el resto de plataformas temblaran. Pero es que, como saben, Disney Plus ha anunciado series propias con un marcado carácter fan. Por un lado está 'The Mandalorian', ubicada en el universo de 'Star Wars', entre 'El Retorno del Jedi' y 'El Despertar de la Fuerza'. Por otro, la nueva brecha de Marvel. Disney había confirmado dos series. Una sobre Visión y Wanda y otra sobre Halcón y Bucky. Y hay fuertes rumores sobre otra de Loki. Ahora, después de 'Endgame', esas series -y todas las que vendrán- suenan aún más apetecibles.

El asunto es que Disney está cambiando el paradigma audiovisual y no nos estamos dando cuenta. En pocos años, sus películas y series de más éxito, esas que revientan la taquilla, tendrán estrenos en cines, en televisión y, quién sabe, quizás en ambas. Historias que saltarán de una pantalla a otra, sin complejos, para gozo y disfrute del fan. Lo que Disney tiene entre manos es un poder abrumador del que es -casi- imposible escapar. El monopolio de la fantasía. Y eso, claro, conlleva una gran responsabilidad.