CRISTAL OSCURO

JOSÉ ENRIQUE CABRERO

Me aterraba. Cuando empezaba la película, 'Cristal Oscuro', apretaba las entrañas porque sabía que iban a salir aquellas criaturas temibles: pájaros gigantescos, cuervos deformes de voz chillona y desagradable que movían sus afiladas garras como los ojos de la Gioconda. El color, el ambiente, la textura, todo me parecía muy real. Las invenciones de Jim Henson, muñecos a fin de cuentas, me daban un miedo absoluto. Pero, al mismo tiempo, me generaban curiosidad. Morbo. Sabía que había algo detrás, algo luminoso que me fascinaba, que me impulsaba a recorrer el camino otra vez pese al miedo.

El sentido de la maravilla. La imaginación. La superación de un camino oscuro para alcanzar un premio reconfortante. 'Cristal Oscuro' forma parte de esas películas a las que nadie se refiere como clásicos básicos pero que todo el mundo guarda en un lugar privilegiado, como 'Dentro del Laberinto' o 'Willow'. Netflix lanzará este verano la precuela de la película, 'Cristal Oscuro: La era de la resistencia'. Estos días he podido ver el tráiler y, la verdad, reconozco la sensación: miedo y curiosidad.

Las criaturas de Jim Henson siguen produciéndome el mismo efecto, la misma inquietud. Esos elfos, esos pajarracos, esas arañas imposibles... no me dejan indiferente. Y, pese al evidente ejercicio de marketing de melancolía, las primeras imágenes me parecen un maravilloso regreso al origen de la imaginación. A ese punto en el que se mezcla la inocencia del niño con la inteligencia del contador.

Está claro que todo lo que se recuerda va a volver. Eso hay que aceptarlo. Así que, ya puestos, que lo hagan con estilo. Siempre confiaré en todo lo que lleve el nombre de Jim Henson por delante porque no creo que haya nadie capaz de mancillar su nombre. De estropear un talento tan eterno. De vender a cualquier precio las maravillas que cedió a la humanidad.