«La comida me está matando»

Casey charla con su padre mientras se da un baño en la casa familiar de Georgia, en Estados Unidos. :: dkiss/
Casey charla con su padre mientras se da un baño en la casa familiar de Georgia, en Estados Unidos. :: dkiss

DKiss estrena hoy 'Mi familia de 1.000 kilos', que cuenta la historia de Casey, un joven de 300 kilos que sólo piensa en comer, y de sus primos, todos con sobrepeso

JULIÁN ALÍA

En plena operación bikini, DKiss trae en abierto nuevas entregas de 'Mi familia de 1.000 kilos'. Este formato, de los que mejor funcionan en el canal, aterriza hoy a las 21.45 horas, para mostrar que el peso no constituye una mera cuestión estética, sino que puede esconder graves problemas de salud que precisan de ayuda médica. En esta nueva temporada, el programa visita de nuevo la consulta del doctor Charles Procter, que se encarga de guiar a dos familias a luchar contra la obesidad que padecen y a inspirarse mutuamente a perder peso.

«No puedes pedirme que salga andar y luego preguntarme '¿Quieres cenar pizza?'», comenta Casey, el miembro de la familia King que más pesa, que supera los 300 kilos. Este joven de 34 años de Jackson, Georgia (Estados Unidos), pasa la mayor parte de su tiempo comiendo enormes cantidades de comida, y jugando a videojuegos encerrado en su habitación con el consentimiento de su padre, que está dispuesto a hacer lo que sea con tal de tener a su hijo feliz. En un día normal, Casey se levanta sobre las doce, y enseguida está pensando en lo que va a comer. Luego, «tele, videojuegos, la cama...», en definitiva, poca actividad, y como «en Georgia hace mucho calor», se sienta «desnudo y todo lo libre» que puede. «Jamás habría pensado que con 34 años estaría viviendo con mi padre, que no tendría un trabajo ni dinero, que jugaría a la consola, ni comería todo el día», asegura, y dice que su madre le echó de casa tras dejar su trabajo en un restaurante. «El único sitio al que podía ir era a casa de mi padre y eso hice. Lo único que él sabía que me hacía feliz era la comida, y comíamos como reyes pero de la peor manera: Pizza, chino... Mi padre y yo pedíamos sushi a domicilio a espuertas», explica.

«La comida me está matando, pero es como una droga, no te das ni cuenta. A veces como tanto que después me encuentro mal. Pero no me importa comer demasiado y después ir a vomitar. No es para tanto, todo vuelve a salir y no me afecta. Si pudiera comer sin engordar, sería fantástico», finaliza Casey, miembro de una familia con cuatro obesos mórbidos.

Un paso más hacia la tumba

Por su parte, su primo Ed, de más de 200 kilos también necesita ser tratado. Al igual que su prima Amy, de 180 kilos, a quien no le supone ningún temor los problemas y limitaciones que el exceso de peso le pueden suponer.

Sin embargo, la situación de Amanda es mucho más delicada. Padece cáncer de útero, intratable mientras siga pesando 290 kilos, por lo que deberá perder la mitad si quiere poder someterse a una intervención quirúrgica. Con ese motivo, los cuatro primos de la familia King hacen un pacto para comprometerse a bajar de peso y luchar contra una enfermedad que está poniendo en peligro sus vidas.

«Cada día que no hago nada respecto a mi peso, avanzo un paso más hacia la tumba», se sincera Amanda. «A veces piensas: '¿Cómo he llegado a esto?' Tenía 12 o 13 años cuando empecé a atiborrarme por la noche», reconoce, y confiesa que su padre no le «dejaba comer en la mesa porque decía que daba asco». Ahora, es el turno de «la operación o la muerte». A Amanda le diagnosticaron el cáncer en octubre de 2016, y todavía no puede ser operada, porque los médicos tienen que inclinar la mesa de operaciones, por lo que su peso «aplastaría los órganos y dejaría de respirar».

Además, en esta nueva temporada, reaparecen los Anderson, y el programa muestra cuál es la situación de Naomi, Drew y Chikota después de someterse a operaciones quirúrgicas para bajar drásticamente de peso.