De cine y de tele

MIKEL LABASTIDA

Hubo un tiempo en que muchos actores y directores en España renegaban de la tele porque consideraban que era una plataforma menor, con propuestas poco interesantes y sin la profundidad suficiente como para que el trabajo de estos profesionales se luciese. Había muchos prejuicios, sí, pero algo de razón llevaban. Eran épocas en que, en nuestro país, muchas de las series que se producían tenían una vocación familiar y se caracterizaban por el humor blanco y el ánimo de no molestar a nadie. Afortunadamente, ese tiempo pasó. La tele se ha convertido en un medio al que tener muy en cuenta por la cantidad de proyectos que propone y por el riesgo que asumen algunos de ellos. Se han diversificado tanto sus consumidores que puede haber un título diferente para cada 'target'.

El cine, por contra, ha sufrido varios reveses y se entrega a historias simplistas para captar la atención del espectador. De un tipo de espectador, porque esta pantalla cada vez se concentra más en un público generalista y poco exigente. Las tornas han cambiado totalmente. Mientras en la tele se presentan trabajos interesantes como '45 revoluciones' o 'Arde Madrid', por citar dos ejemplos recientes, en el cine proliferan las comedias tontorronas o con poca sustancia, plagadas de rostros conocidos y con la única pretensión de sacar alguna carcajada con bromas fáciles. Solo hay que dar un vistazo a 'Taxi a Gibraltar' o 'A pesar de todo'. Las protagonistas de esta última se las vieron y desearon el otro día en Málaga para no utilizar el término feminista asociado a su película. Porque, por lo visto, eso puede ofender.

La entrada de las teles en la producción de nuestro cine ha modificado absolutamente el panorama y lo ha transformado -en muchos casos- en más plano e irrelevante. Curiosamente, las series han perdido el miedo a ofender. Y otros miedos: el de meterse en jardines, el de abordar temáticas adultas, el de concentrarse en un tipo específico de seguidor. Por eso vemos a muchos actores entusiasmados hablando de estas ficciones y, sin embargo, con cierta desgana en la promoción de algunas pelis. No existe comparación. Esto nos debería hacer pensar en hacia dónde queremos dirigir nuestro cine, y en qué queremos convertir nuestra filmografía. Y, por otro lado, valorar lo que está consiguiendo nuestra tele.