CENSURA DE JUGUETE

OSKAR BELATEGUI

Dónde está el límite de la censura con efecto retroactivo? Pixar, propiedad de Disney, ha eliminado de las nuevas ediciones en formato físico (DVD y Blu-ray) y digital de 'Toy Story 2' una escena en la que el viejo vaquero de juguete conocido como El Capataz aparece dentro de su caja charlando con dos muñecas Barbie. Mientras acaricia la mano de una de ellas, presume de que podría conseguirles un papel en 'Toy Story 3'. El chiste aparece casi al final de los títulos de crédito, pero la burla a cuenta de los 'castings de sofá' o sugerencias de contratación a cambio de favores sexuales que tanto ha condenado el movimiento #MeToo en Hollywood ha provocado que desaparezca del metraje.

Bueno es recordar que el creador de Pixar, John Lasseter, tuvo que abandonar la empresa que creó tras las acusaciones de acoso sexual y racismo. Al parecer, el nuevo Walt Disney, como llegaron a bautizarle, «agarraba, besaba y hacía comentarios sobre atributos físicos a sus empleadas». Hace unas semanas, la actriz Emma Thompson anunció su marcha de 'Luck', la producción con la que Skydance Animation pretende debutar en 2021, tras enterarse del fichaje de Lasseter. En su despedida de los trabajadores de Pixar, el genial director creativo de los estudios pidió disculpas: «No importa cómo de inofensiva fuera mi intención: todo el mundo tiene derecho a establecer sus propios límites y que se respeten».

Hasta los biógrafos más rendidos a Walt Disney reconocen que el fundador del mayor imperio de entretenimiento de nuestros días era un furibundo racista, que formaba parte de la Alianza de Cine para la Preservación de los Ideales Estadounidenses, dedicada a librar a Hollywood de comunistas. Estrenada en 1946, 'Canción del Sur', la historia de un esclavo que cuenta fábulas de animales al nieto de su ama blanca, rebosa tanto racismo que la compañía nunca la ha editado en vídeo. Su protagonista, James Baskett, recibió un galardón honorífico de la Academia porque un negro no podía competir por el Oscar con actores blancos. Si miramos hacia atrás para eliminar lo políticamente incorrecto, ¿sobrevivirían los príncipes valientes y las princesas indefensas?