«Como el cáncer, ha supuesto un antes y un después»

Rosa León, maniquí de oro en mano, posa con la modelo Blanca Padilla tras ganar el concurso. :: EFE/
Rosa León, maniquí de oro en mano, posa con la modelo Blanca Padilla tras ganar el concurso. :: EFE

Rosa León se convirtió el miércoles en la segunda ganadora de 'Maestros de la costura'.«Después del año que había pasado..., estuve en todo momento disfrutando»

JULIÁN ALÍA

Un curso en Diseño de Moda en el Centro Superior de Moda de la Universidad Politécnica de Madrid, 50.000 euros y una colección cápsula de moda infantil en El Corte Inglés, sin olvidar el maniquí de oro. Todo ello lo logró de una tacada Rosa León (Sevilla, 51 años), que se proclamó el miércoles campeona de la segunda edición de 'Maestros de la costura'. En una final que fue vista por 1.310.000 espectadores, con un 11,5% de cuota de pantalla, la andaluza, que se inscribió en el concurso tras superar un cáncer de mama, vistió a Blanca Padilla, la primera española en lucir las alas de Victoria's Secret.

Pero la modelo no es la única celebridad a la que la flamante ganadora ha tenido el lujo de cubrir con sus telas, ya que Anne Igartiburu presentó ayer 'Corazón' con un esmoquin que le había diseñado. Antes de entrar en 'Maestros de la costura', Rosa ya había creado su propio taller y empezado a colaborar con la Fundación Alalá, impartiendo clases de costura para ayudar a mujeres desfavorecidas de las 3.000 Viviendas de Sevilla. Ahora ha dado un paso de gigante para seguir con su sueño.

- Tras tanto tiempo, ya puede decir que es la triunfadora del programa.

- Sí. Hasta ahora era como si no hubiera pasado nada. Estaba como comprimida, con la felicidad con la que yo llegué, y haciendo como que no. Ha sido complicado, pero por fin el miércoles por la noche pude celebrarlo otra vez, como el día que gané.

- ¿Tenía el día marcado en el calendario?

- Por una parte, tenía ganas de que llegara y de ver el programa, que ha quedado precioso. Pero, por otra, me da pena, porque ya ha terminado. Siento muchísima nostalgia, que era lo que me pasaba allí la última semana. Tenía unos sentimientos encontrados. Feliz por ser finalista, pero muy triste porque se acababa la experiencia.

- ¿Por qué decidió concursar en esta edición?

- El año pasado lo veía y decía: 'Pero bueno, qué programa más bonito'. Me encantaba, me enamoré de él, pero estaba con la quimioterapia y entonces era como imposible. Cuando pasó todo y empezó a salir el 'casting' de la segunda edición, pocos meses después de terminar el tratamiento, me animaron mis hijas. Yo pensaba: '¿Cómo me van a coger ya, con lo vieja que soy?'. Pero empecé a pasar pruebas, a reunir el perfil que ellos buscaban, y entré. Al igual que el cáncer, el programa ha supuesto un antes y un después en mi vida.

- ¿Se planteó algún objetivo concreto al entrar?

- Yo solo quería disfrutar la experiencia. Y, claro, intentar que no me echaran a las primeras de cambio, para no quedar muy malamente. No me esperaba que iba a ser tan maravilloso, la verdad. Los sitios donde nos han llevado, las pruebas que hemos hecho, la gente que hemos conocido, los diseñadores, los talleres, las ciudades... Me dejé llevar. Después del año que había pasado..., estuve en todo momento disfrutando, y eso ha resultado muy beneficioso para mí.

- ¿En qué momento se vio con posibilidades de ganar?

- El mismo día que estaba de duelista con Isabel. Yo solo pensaba en quedarme semana a semana. De hecho, en casi todas iba a la prueba de expulsión. Ponía toda mi energía y mis fuerzas en superar cada prueba, la que tenía justamente delante. Y ya, cuando te ves finalista, empiezas a plantearte esa posibilidad, pero nunca me olvidé de que tenía muy buenos contrincantes. Mis compañeros eran gente muy bien preparada, y a mí me podían fallar los nervios, claro. Hay que ser prudente y nunca hay que confiarse. Creo que eso es lo que me ha ido salvando: ser un poquito humilde y no tenerlas todas conmigo.

«El último tren»

- ¿Por qué estuvo tantas veces, hasta siete, en la prueba de eliminación?

- ¡Ostras, qué mal funcionábamos en las pruebas de equipo! No sé si era porque estaba yo o qué pasaba, pero eso me provocaba ir a la prueba de expulsión. En ellas me he visto como muy gruñona y muy enfadona, pero es que la responsabilidad era tan grande... Significaba que el equipo nos íbamos a la expulsión y que uno de nosotros, a casa. Por eso me agobiaba tanto, acumulaba mucha responsabilidad, mucha tensión y muchos nervios.

- ¿Qué va a hacer con el dinero del premio?

- Invertirlo para seguir trabajando. Antes de entrar en el programa, yo pensaba: 'Cuando me ponga buena, con 50 años, ¿qué voy a hacer? ¿Echar currículums? ¿Dónde voy a trabajar?'. Y me decidí a subirme al último tren: 'O monto lo que siempre he querido, y me arriesgo... o a ver qué pasa'. Yo no tenía mucho que ofrecer, pero la gente empezó a apoyarme y a darme su cariño y su apoyo, y el taller empezó a llenarse. Acto seguido me fui al programa, que eso es una publicidad brutal. Puedes tardar ocho o nueve años en coger notoriedad con un negocio, y yo vi que eso lo podía tener en dos meses. Los que tenemos 50 años y nos quedamos en paro tenemos que arriesgarnos. De hecho, yo el taller lo empecé con muy poquito dinero...