'LA QUE SE AVECINA' VOLVIÓ

MIKEL LABASTIDA

Lo de 'La que se avecina' es el mundo al revés. Y no solo por lo rocambolescas que son sus historias y por sus alocados protagonistas, sino por todas las circunstancias que la rodean. Vayamos por partes. De un lado es la serie más exitosa que existe en la televisión actual y Telecinco, en lugar de programarla, se la guarda en un cajón como si fuera un tesoro oculto (lo de las reposiciones es otro cantar, eso sí). Tanto es la cosa que los nuevos capítulos han permanecido meses esperando su estreno. Este llegó después de año y medio. Esta espera podría haberle pasado factura, pero no, su regreso se saldó con un 22% de cuota de pantalla, una cifra que pocos productos consiguen en la tele de hoy. La competencia ni le tosió y dudo que se atreva a hacerlo en las próximas semanas.

Se trata además de la undécima temporada de esta ficción. La mayoría de títulos en la actualidad se pelean por aguantar dos o, a lo sumo, tres cursos. Todo lo que pase de ahí es insólito. Pero ahí llegan los vecinos para demostrar que existen excepciones. Y esta es en toda regla, porque su emisión, en épocas de plataformas y 'streamings', es convencional. Telecinco ofrece un episodio semanal y bien cargado de publicidad. Un desafío a los tiempos que corren del que la cadena sale victoriosa.

En sintonía con lo del mundo al revés los productores se encontraron el miércoles con una curiosa queja de los seguidores: protestaban porque la imagen de la nueva entrega era mejor. Lo que en otro lado sería aplaudido como un avance en el universo 'La que se avecina' era recibido con recelo. «Prefiero que se vea más cutre», decía algún tuitero desairado. Toma ya.

Pese a esta mejora 'La que se avecina' sigue siendo la misma, que nadie tiemble. Continúa manteniendo el buen pulso con la actualidad (aunque el desfase en su emisión le traicionase y la mención al ministro Montoro estuviese totalmente descontextualizada) y sigue conectando con públicos bien diversos, no discrimina ni por edades ni por estratos sociales. Eso es un lujo. Y el secreto está en sus guionistas que no han perdido la gracia y la sintonía con sus personajes. Qué idilio más bien llevado.