'Atlanta': ser negro en EE UU

La serie realiza desde la comedia una crítica mordaz a la sociedad norteamericana. /SUR
La serie realiza desde la comedia una crítica mordaz a la sociedad norteamericana. / SUR

La segunda temporada de la serie creada por Donald Glover explora los estereotipos de la cultura afroamericana con una mirada ácida e incómoda

MIGUEL ÁNGEL OESTE

«Eres negro en Estados Unidos. Tienes que dar buena impresión», le dice la madre a Earn (Donald Glover) en el episodio 10 –'Fubu'– de la segunda temporada. Una indagación sobre la infancia del personaje que habla del miedo y el acoso escolar, y que, como el sentir de la serie, encuentra una evidente conexión con el libro de Ta-Nehisi Coates, 'Entre el mundo y yo', que obtuvo el National Book Award de No Ficción en 2015. Si en esta carta de Coates a su hijo trata de explicar (mediante la exploración de su experiencia) «cómo hay que vivir dentro de un cuerpo negro, y de un país perdido en el Sueño», porque ser negro en Estados Unidos viene a significar estar expuesto a los elementos del mundo, «a todas las armas de fuego, puños y navajas, al crack, a las violaciones y a las enfermedades», las magníficas dos temporadas de la serie creada por Donald Glover testimonian cómo el progreso de América se construye sobre la violencia y sobre esa violencia que golpea el cuerpo de los negros desde ambas razas a través de una mirada compleja de la sociedad, de los conflictos raciales y las enormes contradicciones, ofreciendo una carga simbólica desde la forma y la elaboración de imágenes que dialogan con la Historia norteamericana. Porque nada es gratuito en esta minuciosa serie. Earn y su primo Alfred/Paper Boi (Brian Tyree Henry) sentados en un sofá de una fraternidad universitaria de blancos con una bandera confederada detrás, mientras algunos universitarios perpetran novatadas (léase humillaciones) a los nuevos en el episodio 9, 'Al borde la frontera'. Una escena simbólica –la serie está repleta– que enlaza pasado y presente y manifiesta el cuestionamiento constante de la tortura, entendida como el «saqueo del cuerpo», física y moralmente.

Comedia y cuerpo

'Atlanta' expone y explora los estereotipos de la cultura afroamericana con una mirada ácida, naturalista, incómoda, esquinada y nada convencional. Una mirada que transita por los márgenes de ideas aprendidas e imágenes y situaciones que, de un modo u otro, hemos asimilado desde otros títulos y disciplinas, moviéndose en tonos y ritmos propios que esquivan los tonos y los ritmos de las comedias seriales, tanto de la sitcom clásica como de la nueva comedia más realista. Aunque nazca como comedia (no es extraño, la comedia es tal vez el género que mejor violenta el cuerpo), en realidad, hay otros géneros que usa Glover para retratar el dolor y el terror de los negros frente a los blancos, pero también frente a los propios negros.

Los vaivenes por los géneros mediante fragmentos cotidianos de los distintos personajes inciden en el ánimo de una manera realmente característica, hasta el punto de que se hace difícil identificar la emoción o las sensaciones de lo que estamos viendo plasmado en secuencias aparentemente inanes en las que subyace una importante carga de valores aprendidos social e históricamente.

Donald Glover, que también es músico y productor, dirige y protagoniza esta serie.
Donald Glover, que también es músico y productor, dirige y protagoniza esta serie. / SUR

Decir que estamos ante una ficción poco complaciente es decir poco. 'Atlanta' descoloca, adapta los códigos de la comedia desde el dolor y la Historia de los afroamericanos desplegando una puesta en escena meticulosa con ojo para los detalles apenas perceptibles y que tiene la rara virtud de quedar suspendida en ese momento preciso de incomodidad, inesperado, que actúa en la zona profunda de las emociones. Este tono gris es el que hace aflorar esa extrañeza contagiosa para el espectador. Una extrañeza complicada de definir. Una extrañeza que sigue rasgando en las heridas sociales y morales de una comunidad que sigue desplazada por blancos y negros. De la incomodidad de Earn en 'Helen' en esa fiesta alemana de blancos al asalto a manos de tres negros que sufre Alfred en 'El bosque'. El estilo contenido y áspero de la puesta en escena detallista y simbólica es eficaz a la hora de hacer aflorar las insatisfacciones de los personajes. Estos entablan diálogos no solo con los personajes, también con el espacio, con las convenciones y reglas sociales y el off de lo que representan alegórica y literalmente. La complejidad con la que trata los temas exponiéndolos en una especie de segunda línea de acción resulta uno de los hallazgos más interesantes de la serie de Glover, porque casi siempre, entre acción y reacción de los personajes, lo que se queda entre esos espacios resulta mucho más punzante, incómodo, esquinado.

Donald Glover (creador, productor, guionista, actor, músico; también dirigió algún episodio de la primera temporada) acaba de señalar en la canción 'This Is America' las adversidades de los negros, se tenga o no dinero, o el sentimiento de fracaso que nace desde las escuelas. Esto está muy presente en 'Atlanta'. Y lo está desde todas las lecturas posibles para alguien de color. De la camiseta en oferta en 'Fubu', cuando Earn de niño y otro compañero llegan a clase con la misma camiseta y los muchachos se afanan en descubrir cuál es falsa para humillar a uno u otro; al episodio 3, 'Una pareja forrada', en la que Earn va con su compañera Vanessa (Zazie Beetz) al cine y quiere pagar las entradas con un billete de cien dólares, pero la taquillera no se lo permite, para acto seguido no tener ningún problema en aceptárselo a un blanco; a la pieza de orfebre, turbadora, que representa la oscuridad del éxito en el episodio 6, 'Teddy Perkins', en un retorcimiento paródico de Michael Jackson, en las apropiaciones que hacen los blancos de los éxitos negros y la locura de los negros por ser blancos y sentirse dentro de una abstracción que les haga salir de un trauma que los atrapa, representación manifiesta de los protagonistas de la serie y de Teddy Perkins y su hermano Benny.

Dinero, adversidad

El dinero, tanto si se tiene como si no, parece otro inconveniente, otra manera de aflorar la evidente quiebra existente. El dinero, entendido en clave literal y metafórica, articula las verdaderas adversidades vitales, culturales, sociales, de los personajes y, por tanto, de América. Todo apunta a ese deseo y ese fracaso. La frustración del Sueño y el dinero. La decepción del sistema. Un sistema quebrado, roto, hundido. Desde las escuelas públicas a las universidades. No es causal que Earn dejara los estudios en la Universidad de Pricenton, no tiene un duro y al regresar se convierte en el manager de su primo Al, un rapero vago que empieza a ser conocido y que trata de ser auténtico, preocupado del siguiente canuto, que vive con Darius (Lakefield Stanfield), un nigeriano excéntrico que vive también de Al.

La serie ofrece una mirada compleja de la sociedad norteamericana, de los conflictos raciales y de sus enormes contradicciones

Earn no sabe lo que quiere, él mismo lo verbaliza cuando Vanessa le dice que quiere compromiso en el episodio 4, otro capítulo que congela la sonrisa, que desarma el género, que desmitifica a través de una partida de ping-pong muchas ideas arraigas en la sociedad. Donald Glover afronta la serie como una operación a corazón abierto. Decía Malcolm: «Si eres negro has nacido en la cárcel». Glover parece apropiarse de ello para encerrar a sus personajes en la jungla neoliberal en la que reina el miedo. O el terror, o la indefensión, que se produce en cualquier momento.

Y tanto Al, Darius, Vanessa y Earn tienen no uno, sino muchos momentos en los que eso ocurre. Por eso quizá en el undécimo episodio de esta temporada el hecho de la gira por Europa represente la única vía para escapar hacia otro miedo, lejos de Georgia, aunque quizá lo que encuentren sea otra prolongación de los fantasmas de los miedo arraigados. Quizá porque como afirma Coetes: «nuestros cuerpos –negros– han refinanciado el Sueño de ser blanco». 'Atlanta' es la mejor serie para comprender el fracaso de América y, por extensión, de otras minorías en el mundo occidental. Una maravilla de incalculable goce estético a la que añade su valor analítico, articulado sobre una pregunta esencial: ¿es el miedo y la mentira de la apariencia lo que queremos?

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