¿ARDE PARÍS?

OSKAR BELATEGUI

La escena poseía el halo de irrealidad que adquieren los acontecimientos históricos. Notre Dame ardía y las llamas ascendían al cielo de París como en una película bélica donde el fuego hubiera sido añadido por ordenador. Solo que era real. En este tiempo donde todos somos cámaras, las retransmisiones de las catástrofes multiplican sus puntos de vista. Y cuando la aguja de la catedral se desplomó, resultó inevitable revivir aquel 11-S pegados al televisor. Si de niños aprendemos que una hoguera resulta hipnótica, el espectáculo de Notre Dame convertido en infierno puso a prueba nuestra incredulidad. Claro que había que buscarlo en canales internacionales, porque en las televisiones españolas no consideraron que la destrucción de un símbolo de nuestra civilización fuera motivo suficiente para interrumpir la programación habitual.

Quizá es que las vacaciones de Semana Santa ya han provocado la estampida de los equipos de informativos, pero el espectador que, alertado por internet, buscaba información en la pequeña pantalla, solo podía hacer zapping en el vacío. Si a las siete de la tarde el templo ya ardía como una tea, Televisión Española esperó hasta la medianoche para emitir un 'avance informativo' de ocho minutos. No era cuestión de interrumpir el debate electoral de los candidatos en Cataluña, que obtuvo un mísero 0,5% de audiencia; es decir, unos 75.000 espectadores.

Los dos programas más vistos del día fueron los informativos nocturnos de Telecinco y Antena 3, la prueba del hambre de información no saciada por la televisión mientras los diarios echaban el resto en sus ediciones digitales y de papel. Nadie lamentó en las redes sociales que se interrumpiera en Cuatro 'Mujeres y hombres y viceversa', más que nada porque ya no hay informativos en la cadena. El circo tronado de 'Sálvame' no se apagó. En la Edad Media, la comunicación visual era para las masas más importante que la escrita. Las catedrales eran las televisiones de aquel tiempo, con la diferencia de que sus 'directores' leían buenos libros, tenían imaginación y trabajaban para lo que ellos entendían como servicio público.