El abuelo de Superman

Shaun Sipos protagoniza esta nueva serie del universo Superman. /SUR
Shaun Sipos protagoniza esta nueva serie del universo Superman. / SUR
Sur en serie

La primera temporada de 'Krypton' indaga en los orígenes del personaje, aunque toma prestados elementos de 'Star Wars' o de 'Juego de tronos'

MIGUEL ÁNGEL OESTE

'Krypton', la serie creada por Damian Kindler y David S. Goyer para Syfy, que en España puede verse en HBO, indaga en los orígenes de Superman a partir de una premisa interesante y atractiva. Y eso al margen de que se salte la mitología de Superman, aunque tome conceptos de aquí y de allá de manera indiscriminada, y que reproduzca ciertos elementos identificables en otras mitologías de éxito como 'Star Wars' y 'Juego de tronos, principalmente, entre otras influencias. La premisa aludida es que Adam Strange (Shaun Sipos) viaja de Detroit, en el presente, al pasado, a Kandor, para salvar a Superman.

La serie explora el planeta natal de El Hombre de Acero para hablar del pasado y de la posible modificación del futuro en la que Superman no existiría. En este sentido, estamos frente a una historia de ciencia ficción que funciona como precuela a fin de extender el universo DC. Ya en los cómics se ha mostrado el fin de Krypton desde distintos acercamientos, como el pre-crisis de Paul Kupperberg y Howard Chaykin en 'Los últimos días del Mundo de Krypton' a finales de los años setenta, o el que realizara John Byrne y Mike Mignola tras las Crisis en Tierras Infinitas en la miniserie 'El Mundo de Krypton' (1987-88). Goyer y Kindler han leído estas historias porque algunos conceptos están presentes, como el tema de los clones, el Cero Negro (aunque con otro significado), y las diferencias sociales.

La primera temporada empieza de modo anodino, pero la serie va de menos a más

A pesar de que la serie de televisión absorbe a su manera algunas influencias del cómic, a veces también parece tener contradicciones con estas. Es más, se rastrean ecos de otros modelos y expresiones de forma más nítida que la de las historietas. Y es que 'Krypton' desarrolla una aventura en plan culebrón político-romántico en una sociedad jerarquizada, dividida en castas, gremios y los llamados «sin rango», en los que se filtran de tanto en tanto conceptos del mito de Superman. De este modo, toma elementos de Shakespeare y su 'Romeo y Julieta', combina una estética oscura y sombría que va desde vestimentas militares con destellos medievales y, obviamente, una estética futurista.

Discurso a lo 15M

La primera temporada, compuesta de diez episodios, comienza de un modo anodino, con tramas que giran en círculos concéntricos a través de relaciones convencionales. Sin embargo, a partir del quinto o sexto episodio, las diferentes historias se funden y se hacen algo menos insípidas. Si el juego de las intrigas políticas, con las conspiraciones de unos y otros, la descripción de una religión negativa que solo busca el adocenamiento y el retrato despiadado de las clases dirigentes, el pueblo que sobrevive como puede y los rebeldes, el denominado Cero Negro, que mantiene un discurso cercano al 15M, forma parte de representaciones que encuentran las lecturas en el presente, todo ello apenas logra mostrar un ápice de originalidad, pues casi todo suena ya a visto, a imagen repetida, como si alguien tomara un papel vegetal para calcar un dibujo. Tampoco el ritmo de 'Krypton' está siempre bien conducido, y ni siquiera funcionan los esfuerzos de la producción por mostrar una Kandor de contrates, ya que se perciben limitaciones en la misma.

Un libro disecciona la estética televisiva en las series contemporáneas

Es incuestionable que las series de televisión viven una efervescencia absoluta. Jamás ha habido tal oferta de series, tantos creadores, tantos portales para acceder a ellas, tal enganche entre los espectadores, y tantos medios de todo tipo en los que se escriba sobre la teleficción. Es un ocio de masas y la conversación sobre ellas se impone en la mayoría de espacios. Como escribió hace unos años Vicente Luis Mora, «España se ha convertido en un país de 40 millones de críticos de series de televisión». Por este motivo, la salida del libro 'La estética televisiva en las series contemporáneas' (Tirant lo Blanch, 2018) es tan importante. Miguel A. Huerta y Pedro Sandro son los editores de este ensayo colectivo en el que se abordan distintos aspectos visuales y formales de las teleseries. Porque si bien el debate entre relato y puesta en escena sigue a día de hoy provocando si no tensiones sí algunos interrogantes en determinados sectores, lo que resulta indudable es que ese debate está en relación con el consumo audiovisual y, claro, con la recepción crítica y el análisis académico.

La relevancia de 'La estética televisiva en las series contemporáneas' radica en colocar los inevitables recursos formales en el punto de mira de estas creaciones junto a la narrativa, porque son parte de lo mismo. Así, los diferentes textos van desde los motivos visuales a partir del análisis de 'Twin Peaks' por parte de Jordi Balló y Xavi Pérez, a la estética de la vigilancia que propone Concepción Cascajosa en 'The Night Of' y 'Presunto Culpable'; de la estética del asco en 'Juego de tronos', 'True Blood', 'The Walking Dead'… de Alberto Nahum al montaje y punto de vista de Pedro Sangro en 'Fargo'; de la estética del cuerpo femenino en 'Girls' de Anna Tous-Rovirosa a la presentación de los personajes protagonistas en once series fundamentales a cargo de Miguel A. Huerta; de la estética de la negatividad de Iván Pintor a la del neonoir en 'Boardwalk Empire' escrito por Roberto Gelado; etcétera. Diez ensayos. Diez análisis en los que se abordan distintos aspectos estéticos para confirmar lo evidente, que en las series de televisión existe una construcción tan elaborada como potente que es la que señala la perduración de los títulos citados y otros. De ahí que este sobresaliente libro interese a todo aquel que se pase horas y horas disfrutando de las series de televisión.

La estética televisiva...

Editores: Miguel A. Huerta Pedro Sangro. Ensayo. Editorial: Tirant lo Blanch. 226 páginas. España. 2018. Precio: 19,90 euros.

Esto no es un problema en sí mismo. Lo es que la amenaza que pretende destruir Krypton apenas genere inquietud, porque el Devorador de Mundos, es decir, Braniac (Blake Ritson), está lejos de crear el terror que promete. Otro hándicap es que la mayoría de los intérpretes despliegan composiciones monolíticas, basadas en clichés. Llamativa son los casos de Seg-El (Cameron Cuffe), el abuelo de Superman, que parece tan desorientado como en ocasiones el resto de la historia y el elenco. Lo mismo le ocurre a Lyta Zod (Georgina Campbell) con la que tiene una relación prohibida. Ni las acciones románticas ni las aventureras producen verosimilitud.

Es algo aplicable a la mayoría del reparto, que aprietan las mandíbulas y sacan sus labios o fruncen el ceño, pero no son capaces de transmitir sentimientos. Quizá los actores que mejor se ajustan a sus personajes son Val-El (Ian McElhinney) y el General Zod (Colin Salmon). Si las interpretaciones están diseñadas desde lugares explícitos, faltos de cualquier sutileza, la planificación de las escenas íntimas y de las de acción están concebidas de la misma forma, resueltas con bastante ligereza en medio de una pseudotrascendencia. Y es una pena que esto sea así porque hay material en bruto e ideas para construir una propuesta más que sugerente. Para ello los creadores tienen que desprenderse de los modelos en los que se inspiran y seguir el suyo propio. Habrá que esperar la segunda temporada, porque lo que es indudable es que 'Krypton' va de menos a más.

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