Gastrohistorias

Cómo hacer el té perfecto según Orwell

Fotografía coloreada de George Orwell, ca. 1940. Wikimedia Commons CC 2.0./
Fotografía coloreada de George Orwell, ca. 1940. Wikimedia Commons CC 2.0.

El autor de '1984' o 'Rebelión en la granja' tenía muy claro cuáles eran los pasos necesarios para conseguir un té de 10

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

Eric Blair (1903 - 1950) fue policía en Birmania, friegaplatos en Francia, profesor en Inglaterra y miliciano en España antes de ser mundialmente conocido como periodista y escritor bajo el pseudónimo de George Orwell. Conocerán ustedes de sobra su 'Homenaje a Cataluña' (1938), 'Rebelión en la granja' (1945) o '1984' (1949), pero lo que igual no saben es que a Orwell también le interesó la gastronomía. Tanto como para escribir varios artículos y un pequeño ensayo sobre la cocina británica y sus recetas que, encargado por el British Council a principios de 1946, tenía que haber servido para promocionar la cultura del Reino Unido en el extranjero pero que nunca se llegó a publicar por pensarse entonces que el tema no era apropiado, estando el país inmerso en el racionamiento de posguerra. Hace poco más de un mes que esta obra (British Cookery) fue por fin difundida por el British Council junto a una disculpa oficial y las notas de edición originales, como una observación acerca de que la receta de Orwell para hacer mermelada de naranja llevaba demasiado líquido y azúcar.

En este pequeño ensayo, además de dar las fórmulas para elaborar platos típicos como 'pudding' de Navidad, 'plum cake' de frutas o 'welsh rarebit', Orwell habla —como buen observador de la sociedad que fue— de la alimentación habitual de los británicos: lo que tomaban para desayunar, comer o cenar y por supuesto, del té. «Todo el mundo tiene su marca favorita y una teoría particular acerca de cómo debería hacerse». Él también, por supuesto, y la desarrolló ampliamente en un artículo publicado en el periódico Evening Standard el 12 de enero de 1946 y titulado «Una buena taza de té» (A nice cup of tea).

El método orwelliano para conseguir el té perfecto tenía 11 reglas doradas, de las que algunas eran generalmente aceptadas y otras particularmente suyas:

En primer lugar debe usarse té indio o de Ceilán. El té de China tiene virtudes que no pueden despreciarse hoy en día —es barato y se puede beber sin leche— pero no se encuentran muchos estímulos en él. Uno no se siente más sabio, más valiente o más optimista después de haberlo bebido.

En segundo lugar, el té debe hacerse siempre en tetera de porcelana o loza.

Tercero, la tetera debe calentarse de antemano. Mejor colocándola encima del fogón que con el método habitual de rellenarla con agua caliente.

Cuarto, el té debe ser fuerte. Para una tetera con capacidad para un litro, si vas a llenarla casi hasta el borde, seis cucharaditas colmadas de té serían lo correcto […] sostengo que una taza de té fuerte es mejor que veinte flojas.

Quinto, el té se debe poner directamente en el agua. Sin coladores, bolsas de muselina u otros aparatos que lo encierren […] si el té no está suelto dentro de la tetera nunca se infusiona correctamente.

Sexto, hay que acercar la tetera al agua hirviendo y no al revés. El agua debe estar bullendo en el momento en el que se vierte.

Séptimo, después de hacer el té hay que revolverlo, o mejor, darle un buen meneo a la tetera y luego dejar que las hojas de té se asienten.

Octavo, hay que beber el té con una buena taza de desayuno de tipo cilíndrico, no baja ni poca profunda. La taza del desayuno tiene más capacidad y con los otros estilos de taza el té acaba siempre medio frío antes de empezar a tomarlo.

Noveno, debe eliminarse la nata de la leche antes de usarla en el té. La leche demasiado cremosa o grasa le da al té un sabor horrible.

Décimo, hay que verter el té en la taza primero. Este es uno de los puntos más polémicos de todos; de hecho, en toda familia de Gran Bretaña hay probablemente dos escuelas de pensamiento sobre este tema. La escuela de «la leche primero» puede presentar algunos argumentos bastante sólidos, pero yo mantengo que mis razones son irrebatibles. Esto es que al poner el té en primer lugar y revolver a medida que se vierte la leche encima, se puede regular exactamente la cantidad de leche que uno quiere, mientras que al revés puede ocurrir que se eche demasiada.

Por último, el té —a menos que uno lo esté bebiendo al estilo ruso— debe beberse sin azúcar. Sé bien que soy una minoría en esto, pero aún así ¿cómo vas a llamarte amante del té si lo estropeas poniéndole azúcar? El té tiene que ser amargo, igual que la cerveza..