Del tenor desriñonado al Gran Duque cerebrovasculado. Enrico Caruso y Guillermo IV de Luxemburgo

Enrico Caruso/
Enrico Caruso

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Enrico Caruso, a quien después de pasear su voz canora y su tono superlativo por los escenarios más excelsos del bel canto, se le cayó el templo encima, y moría Guillermo IV, que llevaba apenas siete años ejerciendo de Gran Duque luxemburgués cuando una serie de ictus lo cerebrovascularon en menos que se tarda en decir en el trilingüe país bonjour, moien o hallo.

Enrico Caruso. Del 25-2-1873 al 2-8-1921

El veinticinco de febrero de 1873 nacía en Nápoles Enrico Caruso, el primer hijo, de los veintiuno que había engendrado el matrimonio Caruso, en sobrevivir y se ve que se dijo, ya que soy un superviviente, lo seré a lo grande. Y dicho y hecho: tras triunfar en la Scala de Milán, se convirtió en el primer tenor del Metropolitan Opera House de Nueva York y grabó doscientos sesenta discos que se vendieron como hot dogs por las calles estadounidenses y como barquillos por las del viejo continente. Después de pasear su voz canora y su tono superlativo por los escenarios más excelsos del bel canto y haber desbordado sus camerinos de amuletos entre los que destacaban una mano de Fátima, un escarabajo de ágata comprado en El Cairo, un apergaminado de trébol de cinco hojas y una pata de conejo albino ya que al parecer los lepóridos anormalmente pigmentados dan más suerte que sus congéneres vulgares, a Enrico se le cayó el templo encima, no el edificio católico donde rezaba entre aria y cadenza, sino el israelita de cartón piedra de la obra Sansón, que le dejó los riñones en picadillo bien fino y desencadenó una serie de dolencias que comenzaron con el rasgado literal de su lengua que inundó el Elixire d´amore que estaba tenorizando con sangre abundante y fresca filtrada por su cáncer de garganta, y acabó en un enfisema que, tras siete operaciones norteamericanas, lo repatrió a Italia para que unos tortellini y una pleuresía lo remataran, erupcionando, como no podía ser menos, en el napolitano hotel Vesubio, en cuya habitación compuso sesenta y cinco años más tarde Lucio Dalla su canción Caruso, posteriormente versionada por Pavarotti. Te voglio bene assai, ma tanto tanto bene sai♫...

Guillermo IV de Luxemburgo. Del 22-4-1852 al 25-2-1912

Treinta y nueve años después del nacimiento napolitano de Caruso, moría en el castillo de Berg Guillermo IV, que llevaba apenas siete años ejerciendo de Gran Duque luxemburgués cuando una serie de ictus que por aquellas fechas y aquellos lares denominaban apoplejías lo cerebrovascularon en menos que se tarda en decir en el trilingüe gran ducado bonjour, moien o hallo, dependiendo de la tendencia lingüística del interlocutor.

Guillermo, que había nacido en el prusiano palacio de Biebrich en calidad de primogénito del matrimonio granducal heredero, se enamoró a los treinta y dos años de la princesa lusa Ana María de Braganza aunque, habida cuenta que la Casa Nassau a la que pertenecían los gobernantes luxemburgueses por prusianos antecedentes era luterana y los portugueses más católicos que la mismísima Santa Sede, el padre de Guillermo aseveró que aquella boda se celebraría por encima de su cadáver, aunque no fue necesario esperar el rigor mortis paterno ya que, una vez coronado como Gran Duque, se percató asombrado, no sólo de que Prusia había pasado literalmente a la historia sino que el mini país, sin litoral pero con tres fronteras terrestres cuyas riendas acababa de tomar en otros tantos idiomas, era más católico que los propios Braganza. El enlace Nassau-Braganza tuvo lugar finalmente en 1893, con contrato marital inclusivo de educar a los varones por nacer en la religión luterana y a las damas en la católica, y todos tan contentos hasta que Ana María empezó a parir una hija tras otra hasta completar el número de seis y sin ningún intermezzo varonil susceptible de mitigar el enorme dolor de cabeza producido por la ley sálica imperante en un granducado de media docena de no-herederas, y de un heredero perteneciente a otra rama familiar aunque inhabilitado para la sucesión al haber sido el de sus padres un matrimonio morganático, que etimológicamente significa “de la mano izquierda”, es decir realizado entre personas de desigual rango social, y de facto venía a ratificar que si no querías caldo de linaje inferior, toma dos tazas de desheredación. Ante tal situación, el Gran Duque moribundo no tuvo más opción que la de envainarse la ley sálica por el correaje de la hemorragia cerebral y declarar Gran Duquesa a su primogénita María Adelaida, quien no tardó en abdicar en su hermana Charlotte para encarmelitarse en un convento de Módena donde faltaban mantas o abundaba la humedad o ambas cosas y acabó muriendo a los veintinueve años, ya sin título nobiliario alguno aunque con los abdicados pulmones bacterianamente superpoblados. Adieu, äddi o auf wiedersehen.

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