La tarde en que Manolo Segura tomó la alternativa

Triunfo de Manolo Segura en América./SUR
Triunfo de Manolo Segura en América. / SUR

Se cumplen sesenta años del doctorado del torero malagueño, ídolo local a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Cuentan las crónicas que cuando el 6 de julio de 1958 Manolo Segura tomó la alternativa hacía treinta años que un torero malagueño no se doctoraba en la plaza de toros de La Malagueta (el último hasta esa fecha había sido Manuel Díaz Portillo 'Torerito de Málaga' el 8 de abril de 1928). Se acaban de cumplir seis décadas desde que un joven Segura recibió los trastos de matador de toros de manos de su padrino, Julio Aparicio, en presencia de Manuel Jiménez 'Chicuelo' como testigo en un festejo mixto benéfico abierto por el rejoneador Josechu Pérez de Mendoza.

En aquellos años finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo y principios de los sesenta, Manolo Segura fue un gran ídolo de la afición local tanto en su etapa de novillero como de matador de toros (en alguna de sus salidas a hombros en Málaga fue llevado por sus partidarios hasta el santuario de la Victoria, barrio en el que residía). En honor a su huella en la historia de la tauromaquia local, desde 1995 la puerta grande de La Malagueta lleva su nombre.

Aquel domingo en el que tomó la alternativa, el coso del Paseo de Reding acogió un festejo benéfico, organizado por la propietaria de la plaza, la Diputación Provincial, en el que se acabó en el sol y quedaron algunos huecos en la sombra. Se lidiaron un toro de José Quesada para rejones y seis de Juan Pedro Domecq para la lidia a pie.

El gran triunfador de la tarde fue el toricantano Manolo Segura, que cortó un total de tres orejas, un rabo y una pata y salió a hombros entre el fervor de sus partidarios. Así lo plasmó el crítico Juan de Málaga en su crónica en las páginas del diario SUR: «Las ovaciones delirantes que ayer se tributaron a Manolo Segura no las motivó el hecho de tratarse de un malagueño sino la calidad de las faenas ejecutadas. Un relato minucioso de ellas alargaría sensiblemente este comentario. Nos parece además obvio, porque las presenciaron muchos millares de aficionados y éstos las divulgaron en sus entusiasmados relatos a los amigos que no tuvieron la suerte de presenciar la corrida de Beneficencia. Consignemos, sin embargo, que hubo una pedresina de rodillas, con la que inició su faena en el toro de su alternativa, verdaderamente espeluznante; naturales y redondos lentos y con mando, de pecho ajustadísimos, molinetes de pie y de rodillas, afarolados impresionantes, manoletinas desafiando a la res de frente como Gregorio Sánchez, kikirikís y todo el repertorio, en fin, que poseen los buenos toreros».

Al primero de su lote lo pinchó dos veces antes de dejar una media y una entera, entrando siempre muy bien, a tenor de las crónicas, y por petición «unánime» se le concedió la oreja. En el último de la tarde, que el torero brindó al gobernador civil, Antonio García Rodriguéz-Acosta, Manolo Segura lo dominó con la muleta durante una faena que el público presenció en pie y que coronó con un volapié en el hoyo de las agujas. «La ovación fue de clamor, se le concedieron las dos orejas, el rabo y la pata y en hombros de los capitalistas dio dos vueltas al ruedo, aclamado por millares de espectadores, que permanecieron en sus localidades hasta que el malagueño salió de la plaza a hombros de los entusiastas. Una tarde triunfal de Manolo Segura, que si la repite en muchas, plazas, y no digamos si una es la de Madrid, convertirá en realidad su natural deseo, que es también el de los aficionados malagueños. Pero es absolutamente necesario para ello, Manolo, que hagas lo que te aconsejé cuando me hicieron hablar el sábado en tu banquete: Parar... y no parar. Parar siempre ante los toros, como ayer lo hiciste, y 'no parar' en la racha de los triunfos. Continuarlos, lograrlos todas las tardes, no sentirte nunca saciado de aplausos, sino estar siempre ávido de ellos... Así podrás recuperar el triunfo y conseguir que ¡Málaga tenga un torero!», escribió Juan de Málaga.

Por su actuación en aquella corrida benéfica, al torero malagueño le fue entregada esa noche la oreja de oro como triunfador del festejo, durante una cena en el Club Mediterráneo. Un ágape donde se estrenó el pasodoble 'Manolo Segura'.

Respecto al resto de actuantes de festejo, Josechu Pérez de Mendoza también salió a hombros tras cortar la oreja a un bravo toro del ganadero malagueño José Quesada. «Realmente su actuación fue brillantísima, igual como caballista extraordinario, que como gran rejoneador. Con los cuatro caballos que sacó a la plaza hizo filigranas y a uno de ellos le quitó el cabezal cuando fue a banderillear a dos manos. Colocó de primeras cuatro rejones en todo lo alto, luego dos pares de banderillas a una mano, dos más, un par de las cortas, a dos manos, y para final sólo puso un rejón de muerte, que bastó para que el bravo y noble animal se entregara al cachetero», recoge la crónica de SUR.

Por su parte, Julio Aparicio cortó una oreja del segundo de la tarde al que toreó «admirablemente con el capote» y al que instrumentó una «magnífica» faena de muleta en la que hubo lentitud y mando. «El cuarto fue un toro de 'engaña espectadores', pues embestía con poder y fuerza a los caballos y luego se quedaba en los vuelos del capote y de la muleta buscando el bulto. No cabía, pues, hacer una faena lucida (...) Y por ello Julio se limitó a preparar al cornúpeta a bien morir, con unos pases inteligentes, desde cerca, sin perderle la cara, Y aunque acabó de una sola estocada, ello no gustó a los espectadores, que se lo hicieron saber de manera contundente. Los aficionados en cambio supimos apreciar la labor maestra del madrileño y recordamos, los que ya estamos metiditos en años, que esas eran las faenas que entusiasmaban a los públicos en los comienzos de siglo», narró Juan de Málaga.

Respecto a la actuación de Chicuelo, la crónica de SUR narra que el diestro sevillano estuvo superior en los lances de recibo pero el toro se apagó pronto y llegó a la faena de muleta «sosote y con la cabeza por las nubes, defectos ambos que malograron el deseo de Chicuelo de ganarse las corridas de nuestra feria. Su faena fue inteligente, pero deslucida». En el quinto tampoco pudo lograr el triunfo y sólo pudo dejar «unos naturales excelentes y unos adornos bonitos por la cara, pero el público, que esperaba mucho más de él, no quiso tener en cuenta las condiciones del animal, y cuando terminó de una estocada exteriorizó su disgusto. De todos modos, se le vieron detalles de buen torero, capaz de armar un alboroto, como los dejó sus actuaciones novilleriles».

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