Sin red

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Qué difícil resulta a veces mantener el equilibrio, perderle el miedo a la caída. Ayer se cayeron al mismo tiempo WhatsApp, Instagram y Facebook y muchos comprendieron, o comprendimos, que el barranco de un domingo sin conexión puede ser la peor pesadilla, incluso aunque sea Domingo de Ramos. Ante esta situación, hubo pérdida de nervios y riesgos claros de ruptura del equilibro mental entre muchos adictos, ay.

Mientras volvían a su ser los grupos de WhatsApp que tanta guerra dan como descanso dejaron ayer un rato, recordé otros vértigos vividos días atrás. Este año me he apuntado a varios pases del ciclo Cirkorama, que la Diputación de Málaga ha organizado la semana pasada en el centro MVA y en nueve municipios. Una oportunidad divertida para que a uno se le pongan los vellos como escarpias en vivo delante de verdaderos artistas del alambre y sin red.

El sábado, por ejemplo, disfruté mucho de la locura de 'Les Moldaves', un dúo masculino de malabaristas que sorprenden a base de juegos de bolas, resonancias soviéticas y algo de pitorreo. Su mezcla de 'clown' y precisión les granjeó un gran 'like' de toda la platea. Los niños y no tan niños, ya en modo vacacional, nos lo pasamos en grande, sobre todo cada vez que subía al escenario a Marta, voluntaria del público rebautizada como Natacha. Primero hizo el pino abrazada a uno de los funámbulos, para acabar después descalza y revoleada en una pirueta imposible.

Pero para imposible, la apuesta del Kolektiv Lapso Cirk. Tomas & David, otra pareja masculina, pusieron el alma en vilo a todo quisqui el miércoles en el MVA, gracias a ejercicios acróbatas de no creer, ejecutados sobre tablones que apilan y deconstruyen a lo largo del espectáculo. De quitar el hipo fueron algunos momentos en los que quedaban suspendidos sobre el canto de dos tablas. Todo hecho con finura y fineza pero que al final acaba dejándote ojiplático, como ese icono de WhatsApp que abre tanto los ojos. Y que ayer fue superado en su gráfico estupor por quienes viven enganchados, también sin red, a las redes sociales.