Saltar del banquillo

Con una exposición que se apoya en propuestas de vídeo, a la que se suman mesas redondas y talleres, el festival ‘Hors Pistes’ vuelve a centrarse en unasunto, en este caso el deporte, para propiciar reflexiones que excedan el objeto elegido

‘Crap Days’ de Kenneth Doren abre el paseo por la exposición. /Fernando González
‘Crap Days’ de Kenneth Doren abre el paseo por la exposición. / Fernando González
JUAN FRANCISCO RUEDA

La tercera edición del festival o manifestación ‘Hors Pistes’, que se desarrolla en el Centre Pompidou Málaga, se centra en el deporte. Frente a las anteriores, dedicadas a ‘El arte de la revuelta’ y a las ‘Travesías marítimas’, el del deporte puede parecer que no es un asunto candente o que no compromete problemáticas acuciantes. Sin embargo, las miradas que muchos de los artistas seleccionados ejercen sobre la actividad física, el deporte y sobre éste entendido como un espectáculo y fenómeno de masas los convierten en ámbitos de reflexión que alumbran problemáticas que pueden llegar a ser consideradas gruesas o trascendentales, especialmente de carácter sociológico. Otras miradas revelan la figura del deportista de élite como enunciación del héroe o refuerzan los valores del propio deporte. A saber, la belleza de la expresión corporal, el compromiso, el afán de superación, el respeto al contrincante, la ejemplaridad o la exploración de los límites de uno mismo.

'Hors Pistes. El estadio del arte'

La exposición.
8 propuestas de 7 artistas (4 españoles y 3 extranjeros), siendo todas ellas, a excepción de la de Javier Hirschfeld (un conjunto de fotografías), vídeos y vídeo-instalaciones. La exposición cuenta con una museografía en relación al tema al que consagra el festival, al deporte.
Comisariado.
Géraldine Gomez, José María Luna y Mercedes Martínez.
Lugar.
Centre Pompidou Málaga. Pasaje Doctor Carrillo Casaux, s/n, Málaga.
Fecha.
Hasta el 4 de marzo.
Horario.
De 9.30 a 20 h. Cierra los martes.

Ciertamente, no abundan las exposiciones que se dedican a la práctica deportiva, lo cual ha de ser valorado, siendo, sin embargo, un asunto hasta cierto punto recurrente para algunos artistas, como es el caso de uno de los aquí expuestos, Eugenio Ampudia, que ha cruzado los imaginarios de la cultura y el deporte; lo podemos ver en ‘Rendición’, el vídeo que se proyecta y en el que realiza una analogía entre las victoriosas lanzas de los Tercios de Flandes que pintara Velázquez en su ‘Rendición de Breda’ y los pertiguistas.

El vídeo ‘Crap Days’ de Kenneth Doren recoge a personas anónimas que, ante la cámara, se lanzan a entonar los cánticos de distintas hinchadas de equipos británicos. Las melodías que se emplean, en muchos casos, son usadas indistintamente por aficiones diferentes, incluso declaradas enemigas, tras adaptar las letras. Algunos de esos cánticos han quedado como auténticos himnos que versan sobre el esfuerzo y la complicidad o la lealtad, valores ligados al deporte. Esos cánticos permiten la identificación y el auto-reconocimiento, aceptando un papel gregario, como parte de la masa. Pero ante ellos tampoco podemos dejar de pensar cómo esos himnos, por su valor identitario, invitan al reconocimiento y, por tanto, a la distinción o exclusión.

Desfilan ante nosotros personas que se identifican con equipos que entre sí mantienen una rivalidad que en ocasiones se traslada a las letras de las hinchadas enemigas –nunca mejor dicho. Entra aquí un aspecto que a lo largo de esta exposición avistamos en deportes de masas como el fútbol: la organización social. Algunos clubes británicos, especialmente en Londres, son representativos de ciertas clases sociales, grupos étnicos o creencias religiosas concretas. Así, algunas aficiones corean cánticos humillantes. Actitudes que atentan, precisamente, contra los valores implícitos en el deporte y que algunos artistas alertaron hace décadas, como la ‘performance’ de Maurizio Cattelan sobre el racismo en el ‘calcio’, ‘Cesena 47 – A.C. Forniture Sud 12 (2nd half-time)’, desarrollada en 1991, en la que se enfrentaron en un inmenso futbolín dos equipos, uno de ellos compuesto exclusivamente por africanos.

El fútbol centra varias propuestas más, como las dos obras que presenta el colectivo Democracia y la serie fotográfica del malagueño Javier Hirschfeld, ‘Once ideal Senegal’. Éste configura una alineación mediante jóvenes y niños que retrata en las calles de Dakar y Gorée, en Senegal. Hirschfeld nos acerca a la dimensión planetaria del fútbol y a cómo la ilusión por vestir una camiseta de uno de los ídolos de este deporte, que puede sentir cualquiera de nuestros hijos o nosotros mismos, se complejiza aquí por cuestiones de índole geopolítica. Para muchos de estos niños y jóvenes senegaleses, el fútbol, jugado en condiciones adversas, es verdaderamente un acto de evasión. Pero hay aún más, la ilusión puede desembocar en el sueño. Esto es, en el fútbol como un pasaporte que les permita prosperar, quién sabe si cambiar su país por uno de los equipos europeos cuyas zamarras lucen con orgullo.

Y no son, en muchos casos, las caras camisetas oficiales, sino falsificaciones o prendas hechas por ellos mismos persiguiendo el sueño. Hirschfeld compone un ‘once’ en función a los dorsales y nombres de figuras españolas que llevan a sus espaldas esos jóvenes senegaleses. El estudio del fotógrafo español es la calle, que evidencia las condiciones de vida en las que trascurre el día a día, pero en los retratados se ve la satisfacción y quizás el orgullo de llevar como ‘mejores galas’ la camiseta de un futbolista español. Imposible parece no sentir emociones encontradas ante estas imágenes de Hirschfeld que nos conectan a partes iguales con la ilusión y la injusticia.

El estudio del fotógrafo español es la calle, que evidencia las condiciones de vida en las que trascurre el día a día

El colectivo Democracia encuentra en el fútbol, con dos propuestas muy distintas, un ámbito en el que proyectar sus estrategias artísticas en torno a los sistemas políticos y las ideologías. Fiel también al empleo de la palabra que contenga mensajes y proclamas críticas, y desarrollando ejercicios de infiltración y accionismo, Democracia entra en contacto con ultras de distintos equipos (los del francés Girondins de Burdeos y los del chileno Santiago Wanderers). A partir de ahí, las máximas políticas y reivindicativas («La verdad es siempre revolucionaria», «Ellos mandan porque nosotros obedecemos», «El principal campo de batalla es la mente del enemigo»…) ocupan las pancartas, banderas y bufandas de los ultras galos y reclaman un papel militante y comprometido, como hacen también los ultras chilenos que parecen avisar de un estatuto que va más allá del ocioso o de lo meramente contemplativo al introducir el lema «No hay espectadores»).

Democracia, gracias a la multitud de planos y al montaje de ambos vídeos consiguen que el fútbol exceda del simple partido, avistando el carácter sociológico y su estratificación en clases, así como evidencia la violencia contenida y la tensión entre hinchadas y fuerzas del orden. Se hace difícil, ante los vídeos de Democracia, no recordar ‘Deep Play’ de Harun Farocki, en la que el cineasta se centraba en la final de la Copa del Mundo de 2006, entre Francia e Italia. Para ello, 12 vídeos sincronizados atendían a aspectos muy distintos que rodean una cita como esa, tanto en lo referido al terreno de juego como en los rededores.

El vídeo ‘Crap Days’ de Kenneth Doren recoge a personas anónimas que se lanzan a entonar los cánticos de las hinchadas de equipos británicos

El vídeo de la pareja Mai Yamashita y Naoto Kobayashi, que recoge cómo se marca un signo de infinito gracias a andar repetidamente sobre un mismo terreno, aunque nos pudiera acercar a la práctica individual del ejercicio físico, posee demasiados débitos con acciones cumbre del ‘land art’ y del arte procesual, como las de Richard Long (‘A line made by walking’) en los años sesenta o más recientemente la de Pawel Althamer en 2007 en el Skulptur Projekte Münster.

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