SALIR DE LA CUEVA

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Resulta que teníamos nuestra Altamira. Aunque lo desconocíamos. Los arqueólogos llevaban décadas poniéndose el casco y entrando en la Cueva de Ardales en busca de nuestro pasado. Habían catalogado los más de mil dibujos paleolíticos de la cavidad, pero los nuevos métodos de análisis, especialmente el Uranio-Torio, han cambiado el guion de la humanidad como un forense soluciona un caso de 'CSI'. El arte rupestre llevaba reposando sobre las paredes de la cavidad malagueña más de 65.000 años hasta que ha podido datarse con la precisión suficiente para cambiar los manuales de historia del arte. El equipo hispano-alemán que ha estudiado la cueva ha demostrado así que las primeras manifestaciones pictóricas retroceden en el tiempo 25.000 años y corroboran que los neandertales eran unos seres equiparados culturalmente al homo sapiens. No está mal la lectura para algunos sapiens de esta era digital que se empeñan en justificar un supremacismo que resulta que ya era antiguo en la edad piedra.

En Málaga tenemos un generoso mapa de cuevas paleolíticas. Y además son visitables muchas de ellas. Por algunas pasamos a menudo sin darnos cuenta, como la de la Araña, y merece la pena pararse en ella ya que también guarda secretos muy poco divulgados. Y además la asociación que gestiona el yacimiento lo enseña con pasión, rigor y diversión. Es lo que les queda ante la falta de recursos. Porque la arqueología sigue sin ser una prioridad para las instituciones públicas, mientras que las empresas privadas -fundamentalmente constructoras- lo ven como un castigo o, como mucho, un mal que hay que soportar.

Por ello tiene tanto valor el proyecto liderado por el Ayuntamiento de Málaga que, tras financiar el georradar en el Cerro del Villar, promueve la creación en este enclave de un parque arqueológico, en el que también están implicados la Consejería de Cultura, la Universidad de Málaga y la Diputación. En esas seis hectáreas de la desembocadura del Guadalhorce se encuentran muchas de las incógnitas del origen fenicio de la actual Málaga. Y como ha demostrado la Cueva de Ardales, esos secretos solo se podrán descubrir si todas las instituciones cavan en la misma dirección.

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