Un sacerdote de Valladolid rescata poemas que Manuel Alcántara escribió a mediados de los 60

Un sacerdote de Valladolid rescata poemas que Manuel Alcántara escribió a mediados de los 60

El claretiano Eugenio Oterino conserva números de la revista Uriel, editada en Salamanca, con textos del columnista

VÍCTOR VELA

«Si yo muriera, por ejemplo ahora, antes de que el reloj diera las doce. / 'Se murió ayer. Lo han dicho los periódicos'. Dirán mis amigos por la noche». Son los primeros versos de 'Las doce menos cinco', poema que el escritor Manuel Alcántara (1928-2019) escribió hace más de medio siglo, que publicó la revista Uriel (editada en Salamanca) en su número 17, en abril de 1964, y que ahora, tanto tiempo después, rescata del olvido el sacerdote Eugenio Oterino, en Valladolid.

«Cuando me enteré de la muerte, recordé que había leído poemas suyos en algún número atrasado de la revista», rememora Eugenio, zamorano de Muelas del Pan (1941), 42 años de misión en Medina de Rioseco, once ya en la capital. «Estudié los últimos años de la carrera sacerdotal en Salamanca y allí se editaba entonces Uriel», recuerda Oterino. La revista surgió de un grupo de seminaristas de la congregación en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

«Era una generación que sentía inquietudes literarias y artísticas que plasmaron en una publicación. El nombre hace referencia a uno de los siete espíritus que están ante el trono de Dios en el cielo, que se identifican con los siete arcángeles. De algunos sabemos el nombre (Miguel, Gabriel y Rafael), pero los otros cuatro lo reciben de textos apócrifos», añade Oterino. Uno de ellos sería Uriel, que en hebreo significa 'Ángel de fuego'. Ese grupo de seminaristas identificó el fuego con la inspiración poética.

De ahí el nombre de una revista que ofreció refugio a jóvenes escritores (no solo religiosos, también seglares) para que publicaran sus creaciones. Allí mostraron sus poemas Gerardo Diego, Francisco Javier Martín Abril, José Luis Martín Descalzo, José García Nieto… y Manuel Alcántara. Cuando el teologado riojano se trasladó en 1961 a un nuevo edificio en Salamanca, un vallisoletano tomó las riendas de Uriel. Era Rufino Velasco (San Llorente, 1930), también escritor (el profesor Carlos Bousoño le dedicó una clase en la hoy Universidad Complutense como ejemplo de neomodernismo y musicalidad). Velasco apostó por Alcántara. Publicó sus creaciones con la complicidad de Cerezo Barredo (Villaviciosa, Asturias, 1932), diseñador e ilustrador de la revista, artista destacado, importante muralista. Y el malagueño halló en Castilla eco para su inspiración, como recoge el Norte de Castilla.

«No recuerdo muy bien cómo conseguí estas revistas, pero las guardo con cuidado», dice Oterino. Son los números 17 (abril de 1964) y 20 (octubre de 1965). En ellos Alcántara publica textos como 'Soria de Don Antonio' (en homenaje a Machado), 'Oración' y 'Al ruido del agua de un cántaro que fue de mi abuela'.

«Siempre me ha interesado la literatura y conservaba estas revistas, como guardo muchos otros libros», explica Eugenio en la biblioteca que la congregación atesora en su sede de la calle Padre Claret. Sin embargo, los volúmenes particulares de Eugenio (con muchos libros dedicados a sus otras aficiones: la Semana Santa, los palomares, tierra de Campos o el Canal de Castilla) se reparten entre su pequeña habitación y la custodia que de ellos hace la biblioteca de Medina de Rioseco. Su intención, después de conocer la muerte, el pasado 17 de abril, del periodista y escritor Manuel Alcántara era difundir la histórica huella de su literatura en la comunidad claretiana.