Romero Esteo se hace visible

Un momento de la representación de ayer en el Echegaray, a cargo de la ESAD. /Salvador Salas
Un momento de la representación de ayer en el Echegaray, a cargo de la ESAD. / Salvador Salas

Un homenaje abre el debate sobre su obra y la pone en escena

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Con una franqueza aplastante se reconocía un «autor inexistente», «ninguneado». Seguro que ayer sonreía burlonamente desde donde quiera que esté. Porque ayer sus personajes cobraron vida, se escucharon sus palabras y se habló de su obra mientras su fotografía presidía el escenario del Echegaray. Precisamente en el teatro que lleva el nombre de un autor en las antípodas de su dramaturgia, se impuso «el alma» de Romero Esteo. Un giro grotesco muy propio de don Miguel. El Teatro Cervantes y la Asociación Romero Esteo le rindieron homenaje en el marco del Festival de Teatro de Málaga que él mismo dirigió. Y no será el único tributo. Como avanzaron Carlos de Mesa y Paco Corpas, responsables de la asociación, cada otoño se celebrará una «fiesta del teatro» en su honor, desde el 23 de septiembre (su nacimiento) hasta el 29 de noviembre (día de su fallecimiento, el pasado 2018).

'La pálida pálida escena' permitió ayer redescubrir a un «verdadero artista» –en palabras de Isabelle Reck, catedrática en la universidad de Estrasburgo– con numerosas vertientes aún por explorar. Su heterodoxia quedó de manifiesto en la práctica y en la teoría. Primero con una magnífica representación de fragmentos de algunas de sus 'grotescomaquias' (a cargo de profesores y alumnos de la ESAD) y de sus piezas teatrales (Asun Ayllón, Irene Sánchez, Virginia Nölting, Andrés Suárez, Juan Antonio Hidalgo) y, después, con un debate intergeneracional. «El 'horror' de la cultura son los museos, cuando una cosa se pone en un museo está muerta. Hay que romper con eso. Cualquier creador tiene la obligación de ser heterodoxo», sentenció el novelista, dramaturgo y director de escena Jodi Coca. En su opinión, el mejor homenaje a su figura sería cambiar el nombre del Teatro Echegaray por el de Romero Esteo, una iniciativa que fue contestada con aplausos por la audiencia.

Piden cambiar el nombre de Teatro Echegaray por el del dramaturgo y anuncian una «fiesta» de las artes escénicas en su honor cada otoño

Reck ve a Romero Esteo como «un Don Quijote con la pluma en ristre que ataca los molinos», un dramaturgo que bebe de toda la historia de la cultura española –desde las farsas medievales a Valle-Inclán– para romper con los «dogmas» teatrales en pleno franquismo. El dramaturgo Miguel Gil Palacios y la actriz Alessandra García –responsable del Aula de Teatro de la UMA que él dirigió– dejaron constancia de su influencia. «Los que no dedicamos a la docencia tenemos que tener ese espíritu de intentar ponérnoslo difícil», apuntó García.

Parte de la incomprensión de su legado parte del propio desconocimiento. Y ahí interviene 'Esencial MRE', el libro publicado por la editorial El Toro Celeste y coordinado por Rafael Torán. Este volumen descifra la creación de Romero Esteo desde perspectivas nunca antes estudiadas. Como la musicalidad de su teatro, abordada por Lourdes Martín Leiva y Luis Pacetti. El dramaturgo no solo componía la música –27 partituras acompañan su investigación–, sino que su propia «manera de hacer teatro y crear acotaciones era muy musical, las estructuras de sus obras se asemejan a un entramado sinfónico, utilizaba numerosos recursos fónicos –como las cacofonía– y sus textos tenían ritmo, melodía, armonía...». Como detalló el actor y director de escena Juan José Granda, también su técnica interpretativa rompía con los códigos naturalistas para someter el texto a un tratamiento «en función de lo musical».

'Esencial MRE' le revela además como narrador de la mano del periodista Cristóbal Montilla a partir de sus dos únicas novelas, aún inéditas; textos en los que aparece un hombre «inmensamente malagueño» y donde también se «adivina su forma de escribir personal, salvaje y con humor, donde se une lo popular con lo culto». Por eso define su creación como «un todo». La guinda del libro es la publicación de una obra inédita, 'De lentejas y garbanzos', probablemente –según ha investigado Reck– la primera que escribió y la que marcó el camino a seguir. «Hay que ponerlo más grotesco», se lee en sus anotaciones.

 

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