Rocío Molina: «Después de haber parido en casa creo que puedo llegar a más límites»

Rocío Molina participó ayer en un ciclo sobre flamenco en la Térmica./Francis Silva
Rocío Molina participó ayer en un ciclo sobre flamenco en la Térmica. / Francis Silva

La bailaora malagueña, que visitó ayer La Térmica, no renuncia a «seguir siendo 'La Molina» y prepara su regreso con «otra sabiduría»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

A Rocío Molina se le achinan los ojos de tanto sonreír cuando habla de su niña. «¡Demasiada oxitocina en mi cuerpo! Es un constante enamoramiento». Acaba de superar una nueva prueba: llegar con tiempo para su charla en la Térmica (dentro del ciclo 'Flamenco: Tan lejos, tan cerca') tras dos horas en coche desde Sevilla con la pequeña de apenas dos meses detrás. Le cuesta separarse de ella, la achucha, la besa y la coge antes de colocarla en los brazos de la abuela Lola para atender a este periódico. La maternidad ha sido para ella «un renacer», en lo personal y también en lo profesional.

No renuncia a «seguir siendo 'La Molina'»: «Así seré más feliz y completa y le daré más bienestar a mi hija», dice. Pero ahora, a punto de incorporarse a la rutina del estudio, está en el proceso de «aprender a hacer lo que hacía desde otro lugar y con un cuerpo nuevo». Ya no es la misma Rocío de antes «y no tiene sentido recuperarla», porque todo ha cambiado. 'Grito pelao', que bailó hasta los siete meses y medio de embarazo, le enseñó «que la pausa y la templanza también tienen mucha fuerza». Pero, bailaora radical como pocas, la maternidad le ha dado energías renovadas para seguir poniéndose a prueba «con otra sabiduría y más conciencia». «Después de haber parido en casa creo que puedo llegar a más límites. No sabía que podía llegar a tanto, y te empoderas mucho», reflexiona la 'danzaora' malagueña. Aclara que no lo hizo por hacerse la valiente, sino «por salud y respeto al cuerpo de la mujer».

«La sociedad debe entender la maternidad, no tenemos que escondernos con algo tan natural y tan bonito»

Lo que tiene claro es que huirá de esa «autodestrucción» a la que estaba enganchada antes de la maternidad, al «vicio» de retarse hasta el extremo para ver hasta dónde llegaba su cuerpo. Fue una frase de su madre en el documental 'Impulsos' lo que le hizo replantearse el porqué lo hacía. Decía Lola en el filme: «Yo sé que ella busca ese extremo, ese punto, esa línea que tiene que traspasar para dejar de ser ella y convertirse en ese monstruo. Y eso me da tanto miedo (...) Siento que cuando se pone la niña así, hay algo de mí que se ha muerto». Nunca se lo dijo a la cara, Rocío Molina lo supo a través de la película de Emilio Belmonte. «A partir de ahí sí me empezó a dar miedo a mí misma. Y me dolió ver a mi madre así», admite.

«Rosalía está dando a conocer ciertos cantes que a lo mejor el joven que escucha reguetón no conocía»

No ha pasado más de de tres meses alejada de su estudio y ya lo echa de menos. «El baile es mi otro amor». Por eso estos días prepara ya su regreso a los escenarios en abril con 'Caída del cielo', el único de sus montajes que ha decidido mantener en activo. «Ahora hay plato único, como un buen puchero», bromea. A los ensayos, al estudio y a las giras le acompañará su pequeña. «Y eso es una suerte. Me da mucha tristeza que las mujeres se pierdan esa parte de lactancia y maternidad porque hay que incorporarse rápidamente a la productividad capitalista. La sociedad debe entender el embarazo y la maternidad, no tenemos que escondernos con algo tan natural y tan bonito», sentencia.

«Tengo que aprender a hacer lo que hacía desde otro lugar y con un cuerpo nuevo»

Aunque ha estado «escondida preparando el nido», no ha desconectado de la actualidad y «el efecto Rosalía te llega aunque sea en la cueva más recóndita», dice entre risas al preguntarle por el fenómeno de la cantante catalana. «Yo creo que hace lo que siente de verdad y no debe de importarle lo que digan los demás. Está dando a conocer ciertos cantes que a lo mejor la gente joven que está escuchando reguetón no conocía. Si accede a ese público con honestidad y humildad, estupendo», afirma. Ella sabe de sobra que siempre habrá «resistencia» entre quienes tienen «miedo a la evolución». «Hay que recolonizar la palabra 'purista'. En el flamenco dices puro y te tienes que imaginar a un señor agrietado, fumando y bebiendo en una tasca con quejío de dolor o a una bailaora morena con el lunar justo al lado de la boca y la peineta. Eso es lo que hay que reeducar». Ella lo hace con cada espectáculo. El próximo, en 2020.

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