Rafael Tejada: «Detrás del antitaurino hay mucha ignorancia»

Rafael Tejada: «Detrás del antitaurino hay mucha ignorancia»
SUR

Ingeniero de profesión y torero por vocación. El malagueño compagina su carrera como matador con su propia reserva de reses, visitable en Ronda. Allí entrena a diario mientras recibe a turistas de más de 50 nacionalidades

MARINA RIVASMálaga

Como él mismo dice, el miedo es la mejor dieta a la hora de enfundarse un traje de luces que ronda los 5 o 6 kilos de peso para plantarse cara a cara con un toro. Una pasión que el malagueño Rafael Tejada comenzó a desarrollar, prácticamente, tras acabar la carrera de Ingeniería de Obras Públicas y que le llevó a crear, además, las populares instalaciones de Reservatauro, en Ronda. Allí se dedica a la ganadería de toros bravos, entre otras labores, ayudando a romper el cliché en el que, según explica, sientan las bases de sus protestas muchos contrarios a su forma de vida.

Cuénteme, ¿cómo le surge de repente la idea de Reservatauro?

–Pues fue todo sobre la marcha. Uno cuando es torero lo que más le apasiona es el toro y el campo. Surgió la posibilidad de comprar la finca en Ronda y empezar a montar la ganadería. Ronda es un sitio muy turístico y se relaciona ya de por sí con la tauromaquia por toda la relación histórica que ha tenido en torno a este mundo. Y, ya en 2012, aquello que fue un pensamiento se hizo una realidad.

He visto que llegan turistas procedentes de todo el mundo, ¿cuántas personas calcula que pudieron ir el pasado año?

–Cada día viene más gente, sólo el año pasado vinieron 25.000 personas de 54 nacionalidades. Siempre destacan franceses, americanos y alemanes, pero el denominador común es que salen encantados de aprender algo más sobre la tauromaquia. Se van con la sensación de haber visto algo típico de Andalucía.

¿Qué imagen cree que tienen de Andalucía?

–Ese tipo de turismo suele tener una imagen muy clara de la cultura andaluza, definida por el flamenco y la tauromaquia, pero no tienen acceso a descubrirlo y en estos años me he dado cuenta de que existe esa demanda de los turistas de querer conocer más el mundillo.

¿Y hay mayor demanda del extranjero que de España?

–La mayoría de las visitas son de gente de fuera de España, España sería la cuarta nacionalidad que nos visita.

¿Ha influido quizá el que cada vez haya más presiones para acabar con el mundo del toreo?

–La controversia en torno a la tauromaquia ha existido siempre. Hubo épocas en el siglo XVIII en las que fue prohibida por el primer rey Borbón y ahora es la izquierda la que lo intenta anular. El sentimiento de esto viene de la gente que es capaz de ponerse delante de un toro y de los que pagan la entrada para verlo. Es muy difícil que se acabe fundamentado en la pasión.

Toreros de izquierdas no se ha encontrado entonces, ¿no?

–Los ha habido toda la vida. Al final eso es un tema político que está despegado del verdadero interés de la sociedad. Detrás de la tauromaquia hay mucha vida y detrás del antitaurino, mucha ignorancia.

No cree que sea un mundo que acabe desapareciendo en España, ¿no?

–Aquí pasa como en la música, gana dinero Alejandro Sanz y Beyoncé, pero por debajo de ellos hay millones de personas que se dedican a la música. Aquí pasa igual, uno se dedica a esto por pasión, no por economía.

¿Y cómo se compagina la ganadería y el toreo?

–Yo entreno en la propia ganadería y así me permite estar atento a todo.

¿Los que visitan las instalaciones pueden encontrarle allí entrenando?

–Claro, yo normalmente estoy allí y me gusta saludar a los grupos que vienen.

¿Cómo son sus entrenamientos y qué dieta tiene que seguir para enfundarse el traje de luces?

–Yo como todo muy rico. La mejor dieta es el miedo, con esa sí que te quedas delgado. Piensa que cuando estamos delante del toro y del público, nuestro corazón late muy rápido, entonces tenemos que hacer mucho ejercicio físico para que nuestro corazón pueda aguantar esas circunstancias. Hoy día, un torero es muy parecido a un atleta.

Indagando un poco en su biografía, he visto que estudió Ingeniería de Obras Públicas.

–Sí, mi historia es que es muy especial, yo de jovencito estuve estudiando, hice mi carrera y después el destino me dio la oportunidad de ver lo que se siente delante de un toro.

¿Y qué se siente?

–Mucho miedo. Pero el hacerle frente te alimenta para seguir superando momentos duros.

¿Recuerda alguno especialmente doloroso?

–En realidad no, he tenido cornadas y accidentes, pero estamos mentalizados para ello.

¿Y el mejor momento en una plaza?

–Muchos, desde el primer día que salí en una plaza, hace ya 10 años, hasta el día que me dieron la alternativa, o una vez que viví un indulto, en Antequera, por ejemplo.

¿Qué ha sido de ese toro?

–Vive conmigo ahora, lo veo todos los días. Se llama Rescoldito. Era de otra ganadería pero lo compré yo y me lo llevé a la reserva.

¿Cuál es la vida de un toro tras el indulto?

–La de un marqués (ríe).

¿Su familia no le dijo más tarde que continuara desarrollando sus estudios?

–No, porque yo ya los hice y no hubo ningún problema. Ser torero es una vocación y no es necesario vivirlo en tu familia; en mi caso, soy el primero que ha toreado.

¿Ha visto esta vocación en algunas de las personas que le visitan en la reserva?

–Pues sí, hace poco tuve una visita de una familia de Normandía con un niño pequeño de unos cinco años y los padres me decían que el hijo descubrió unas fotos de toros y que ellos planificaron sus vacaciones en España para que el hijo lo viviera de cerca.

Vamos, que ya no se ve desarrollándose como ingeniero…

–Ya ni me acuerdo (ríe).

¿Y hacia dónde apuntan sus hijos?

–Ellos saben que la vocación por esto hay que sentirla muy fuerte, porque se pasa mucho miedo delante de un toro, hay muchas horas de trabajo detrás… Aún son muy pequeños, pero ellos pueden decidir libremente, yo no voy a poder hacer nada.

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