Cuando el premio iba a ser una Dama de Elche

Cuando el premio iba a ser una Dama de Elche
  • Hace 30 años, la academia pidió una estatuilla al escultor malagueño Miguel Berrocal, que abogó por una figura de Goya frente a la otra opción

La versión oficial dice que los académicos fundadores se enzarzaron en un debate que zanjó el director artístico Ramiro Gómez, que recordó que Goya había tenido un concepto pictórico cercano al cine. Pero antes de apostar por la estatuilla del pintor, la naciente Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas barajaba otras opciones. Concretamente, la Dama de Elche como símbolo de sus nuevos premios. Con esa idea, el entonces primer presidente de la institución, el productor José María González Sinde; el cineasta Carlos Saura y el especialista Román Gubern se plantaron en Verona (Italia) para encargarle la figura al escultor malagueño Miguel Berrocal (Villanueva de Algaidas, 1922; Antequera, 2006), que defendió durante toda una noche de intercambio de ideas la figura de Goya como el precursor del cine.

Esta dualidad tan desconocida entre la Dama de Elche y Goya ha sido rescatada para SUR por la viuda del artista, Cristina de Braganza, que fue testigo de todo aquel proceso y del encargo. «González Sinde y sus acompañantes venían con la idea de una Dama de Elche, entre otras cosas porque su peinado recordaba a las bobinas de las películas», rememora la presidenta de la Fundación Berrocal, que añade que el escultor «les convenció de que Goya había compuesto una secuencia de cine tratando sus ‘Caprichos’ como si fueran fotogramas».

Con el encargo formalizado, Berrocal quiso homenajear al escultor Mariano Benlliure, cuyo busto de Goya consideraba «el mejor», relata su viuda. Por ello, pidió a la Academia de San Fernando un calco en yeso de la pieza original, que respetó tal cual. «La intervención, invención y creación de Berrocal ocurría en el interior de la cabeza de la escultura del pintor», señala Cristina de Braganza al referirse al original diseño mecanizado del malagueño que se accionaba con un resorte y surgía de la cabeza de Goya un proyector con la silueta de España coronada por dos bobinas.

Todos los dibujos preparatorios y moldes para la creación de la estatuilla se guardan ahora en el Estudio-Taller Berrocal que posee la familia del escultor en su localidad natal, Villanueva de Algaidas. La primera escultura de Goya fue entregada al Rey Juan Carlos por González Sinde y el propio escultor en la gala de entrega de la primera edición de los premios, que se celebró en 1987 y donde la original estatuilla fue la gran protagonista junto a ‘El viaje a ninguna parte’, de Fernando Fernán Gómez.

Pero la celebración de los Goya también hizo evidente un problema práctico. Los seis kilos que pesaba cada escultura la convertían en un objeto de difícil manejo, lo que motivó a la Academia a solicitar a otro artista una nueva versión. La decepción en el malagueño fue evidente. «Miguel no entendió que nadie le pidiera modificar o aligerar su propia obra antes de sustituirla por un pastiche sin avisarlo», afirma Cristina de Braganza que añade que el escultor, como recuerdo del encargo, grabó una Dama de Elche en el mapa de España que surgía de la cabeza de Goya. Una pieza de coleccionista que hoy vale su peso en oro. Y como saben los que lo ganaron, no es poco.