Picasso y el deseo colonizador

Joshua I. Cohen y Anneka Lenssen, ayer en la Biblioteca del Museo Picasso Málaga./MIGUE FERNÁNDEZ
Joshua I. Cohen y Anneka Lenssen, ayer en la Biblioteca del Museo Picasso Málaga. / MIGUE FERNÁNDEZ

El Museo Picasso Málaga revisa la obra del genio desde las perspectivas árabe y africana

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La primera monografía sobre PabloRuiz Picasso se publicó en Rusia en 1917 y supone después de un siglo viene a representar la excepción a una regla: aquella que marca la pauta del estudio sobre la obra del malagueño en Europa y América. Por eso ofrecían un estímulo especial dos de las ponencias incluidas en el congreso internacional 'Picasso e Historia' que el Museo Picasso Málaga celebra desde el martes y que hoy se clausura: aquellas que analizan la trayectoria del artista desde las perspectivas árabe y africana.

«¿Si Picasso se aproximó al arte africano desde un planteamiento colonialista? Ese sería el quid de la cuestión. Y la respuesta es sí», responde Joshua I. Cohen, profesor ayudante de Historia del Arte Africano en The City College de Nueva York, que esta tarde ofrecerá la conferencia 'Picasso y la descolonización en África'.

A su lado asiente Anneka Lenssen, profesora ayudante de Historia del Arte en la Universidad de California, que cerrará el programa con la charla 'Adiós al mundo natural: sobre Picasso, la idea de la intuición de la posguerra y la pintura árabe'. En su ponencia, Lenssen traza un recorrido por Siria, Irak y otros países de Oriente Medio para reivindicar la pujanza de los estudios sobre el artista realizados en estas latitudes desde mediados del siglo XX.

«En Damasco, ya en 1947, se estudiaba la obra de Picasso desde la perspectiva de un autor que había salido de una dictadura, que había trabajado en un país ocupado por la invasión del totalitarismo y que pese a todo había mantenido una extraordinaria libertad creativa. En ese sentido, Picasso representaba un mito, un ejemplo de cómo estar en el mundo de un artista frente a la dictadura», ofrece Lenssen.

La especialista enlaza la historia artística y política a mediados del siglo pasado para recordar cómo en los años 30 las autoridades egipcias presentaron a Picasso como un «artista degenerado» y cómo numerosos creadores locales salieron a la calle con reproducciones del 'Guernica' en defensa del autor. O cómo en 1944 los artistas de Bagdad copiaban las obras de Picasso a mano que habían conocido a través de la propaganda bélica entregada por los soldados de la ocupación británica.

Un mito y una losa

«En Siria reivindicaban la influencia árabe en Picasso que apreciaban en el uso de arabescos por parte del artista», añade Lenssen antes de recordar cómo Picasso representa «un mito tan poderoso que casi supone una losa» para los historiadores del arte.

Un peso que aligeran investigaciones como las de Cohen y Lenssen. «Desde nuestra perspectiva actual parece evidente la apropiación cultural que realiza Picasso del arte africano, incluso su decisión de colocar a un grupo de mujeres desnudas máscaras africanas puede considerarse un movimiento machista y violento», ofrece Cohen.

«Sin embargo –cierra el especialista– tampoco hay que olvidar que el hecho de que Picasso se volviera hacia el arte africano hizo que se generase un interés, que se abriera un mercado y que de alguna manera de colocaran los cimientos de la historiografía del arte de esta parte del mundo».

Un 'win win' (ganar ganar), que dicen ahora los amantes del lenguaje economista.

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