Paloma Ruiz-Picasso: «Mi padre no se imaginó que en Málaga habría un museo con su nombre, pero estaría orgulloso»

Paloma Ruiz Picasso se dio cuenta «como un golpe» de que era andaluza en su primer visita a España cuando tenía 25 años. /Ñito Salas
Paloma Ruiz Picasso se dio cuenta «como un golpe» de que era andaluza en su primer visita a España cuando tenía 25 años. / Ñito Salas

La hija del artista malagueño visita Málaga coincidiendo con el 15 aniversario del Museo y se muestra «fascinada» con el cambio de la ciudad

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Anne Paloma Ruiz-Picasso Gilot, (19 de abril de 1949, en Vallauris, Francia) lleva buena parte de su vida diseñando joyas. Primero lo hizo para la firma Yves Saint Laurent; aunque ahora lo hace en exclusiva para Tiffany & Co. Es esta vertiente artística la que también la llevó a interpretar el papel de una condena en un film, aunque no se ha prodigado más en el mundo del cine. Sin embargo, esta mujer agradable y aparentemente extrovertida siempre será la hija del pintor malagueño Pablo Ruiz Picasso.

Coincidiendo con el 15 aniversario de la inauguración del Museo Picasso de Málaga, Paloma Picasso y su marido (que trabaja con ella en todo lo relacionado con el artista) han estado estos días en la ciudad, a la que no venían desde hace unos dos lustros. Atiende a SUR en una amplia y preciosa sala del Gran Hotel Miramar;un entorno que va a acorde a la elegancia y sobriedad de una mujer que porta varias joyas diseñada por ella misma. A pesar de que apenas concede entrevistas, habla de su padre sin esconder nada. Por momentos se le nota que navega entre la figura paterna y el más grande artista del siglo pasado. Sonríe con la felicidad en su rostro cuando se descubre diciendo con orgullo (en un perfecto castellano) que es mitad andaluza. Se siente maravillada con el cambio que ha dado la ciudad en todo este tiempo, y destaca en varias ocasiones el «magnífico» trabajo que realiza Bernard Picasso al frente de la pinacoteca. Tampoco le importa hablar de política, de su día a día con su padre y de cómo ha sido su vida llevando ese apellido. Pero el momento en el que se muestra más nostálgica y feliz, sin duda alguna, es recordando que la Paloma de la Paz de Picasso es el regalo más bonito que nunca le hayan hecho.

Han pasado 15 años desde que el Museo Picasso abriera sus puertas en Málaga. Ello le dio un giro a esta ciudad y abrió el camino para convertirla en una de las ciudades referentes en España en el mundo del arte. ¿Usted cómo lo ve?

–Creo que fue una idea magnífica. Realmente ahora se ven todos los beneficios para la ciudad. Supongo que habrá más en el futuro, pero lo que se observa ahora me ha dejado fascinada. Llegamos anoche (con su marido) y lo primero que pensé fue: «qué maravilla, qué bien está la ciudad». Se siente energía.

«Me gustaría ver en Málaga una exposición sobre las esculturas pintadas»

¿Hace mucho que venía a Málaga?

–Sí. No me acuerdo bien cuando fue la última vez, pero sí estoy segura que fue antes de la reforma del aeropuerto. Imagino que unos 10 años.

¿Cree que su padre se imaginó que en Málaga habría un museo que llevaría su nombre?

–Creo que no, pero estaría muy orgulloso. No solo de eso, sino también de ver cómo el país ha cambiado, y de cómo Málaga, de ser una ciudad provinciana y lejana, ha pasado a ser un centro artístico mundial.

¿Le hablaba su padre de Málaga? ¿Qué imagen tenía de su ciudad natal?

–En realidad para mí España era como un sueño. Yo sabía que para él era muy importante... Mire, él siempre me habló en francés, con un acento español muy fuerte, pero siempre francés. Los únicos momentos en los que hablaba español era cuando había gente alrededor de nosotros que no hablaba una palabra de francés:cuando íbamos a las corridas de toros, con los toreros… ahí hablaba español. Pero también si hablaba de flamenco, que es cuando yo me relacionaba con lo que significaba Andalucía. Yo estuve aquí por primera vez cuando tenía 25 años. Vine para hacer unas fotos en Carmona para el Vogue francés. Estaba en el grupo de los fotógrafos, el maquillaje… y yo era la única que hablaba español. La gente me preguntaba que qué estábamos haciendo a las 6 de la mañana por la calle en Carmona, ya que hacíamos las fotos muy temprano porque hacía calor. Todo esto fue para mí un golpe, porque me di cuenta de que yo era medio andaluza. No española, sino andaluza; y reconocía partes de mí que venían de mi padre. Él era muy andaluz en el modo de tratar a la gente; muy abierto, muy fácil. A veces le veían por la calle, y como era Picasso, se ponían todos muy nerviosos. Pero él sabía comunicarse muy bien.

¿Tiene la sensación de que Picasso, en parte, se sentía un poco francés?

–No. Él decía que Francia era el país donde vivía y donde quería vivir. Pero yo no diría que se sentía francés.

Usted también tiene su parte artística, especialmente centrada en el diseño de joyas. Sin embargo, hace unos cuantos años hizo de la Condesa Erzsebet Báthory en la película erótica 'Cuentos inmorales', del director polaco Walerian Borowczyk;con un buen resultado en la crítica. ¿Va a volver a actuar?

–Lo dudo. Yo aquello lo hice siendo muy tímida. Y entenderá que tener un nombre como el que tengo y al mismo tiempo ser tímida…. Pero por fin pensé que esta timidez no me gustaba, y me propusieron hacer la película porque yo hablaba mucho del libro y del personaje en concreto. Así que cuando el productor del filme me pregunto sabía que no podía negarme. O me muero haciendo la película, o me hago menos tímida, pensé entonces.

«Es increíble para un hombre poder luchar, no con armas, sino con su arte»

Entonces, ¿le costó bastante realizar el papel?

–Sí, pero la razón por lo que lo hice fue porque sabía que era un personaje casi silencioso; con muy poco diálogo. Yporque además no era nada relacionado con mi vida.

Entiendo que se interés por el arte le vino de su padre.

–Como yo era muy calmada y muy tranquila, era capaz de quedarme al lado de él mientras pintaba durante horas. Si me decía que no hablara, me quedaba callada; y me daba papel y lápices para trabajar junto a él.

¿Con quién sentía que pintaba, con su padre o con Picasso?

–Con mi padre, aunque al mismo tiempo nunca pude no darme cuenta de quién era él. Cuando salíamos a la calle la gente se tiraba encima pidiéndole autógrafos. Era como una superstar.

Claro, cuando usted nació él ya era conocido mundialmente.

–Completamente. Cuando yo miro sus obras, siempre he pensado que era justo hacerlo como las obras de Picasso, no como las obras de mi padre. Se trata de un respeto por su arte, que es aún más importante del hecho de que fuera mi padre. Por supuesto que hay una segunda lectura; si es un retrato mío; si es un cuadro que he visto en la casa mientras lo estaba pintando. Cosas así. Pero eso viene en segunda línea.

Bueno, entiendo que la Paloma de la Paz es algo con lo que se siente especialmente identificada...

–Siempre digo que ese es el más lindo regalo que me han hecho. Y debo decir que yo soy una persona plácida, así que el nombre está bien traído. Era un nombre muy único entonces, ahora se ha vuelto más popular. Pero cuando yo nací nadie se llamaba Paloma.

¿Con qué otras obras siente una identificación especial?

–Hay mucho. Su obra es tan grande, tan diversa... Uno tiende a hablar de mi padre como el más grande pintor del siglo XX, pero también fue el más grande escultor. Y el más grande ceramista; y pasa igual con los grabados. En todo ha hecho más, pero no solamente eso, también ha descubierto cosas que nadie había conseguido antes. Picasso iba del dibujo a la escultura; los diversos medios se hablan entre ellos. Y después estan las cosas que vuelven años después, lo que demuestra que su mente pensaba que no había terminado algo.

«Cuando hay una exposición de mi padre muy interesante intento verla varias veces»

Aunque fuera su padre, también habrá tenido que estudiar su carrera.

–Claro, y ha sido un placer. Hay tantas exposiciones en el mundo de Picasso... Mire, no voy a todas, pero cuando es especialmente interesante vemos varias veces la misma exposición en más de una ciudad. Así uno descubre cosas que no ha visto antes.

Aunque cada uno tendrá una opinión al respecto, es indudable que el 'Guernica' es una de sus obras más importantes. Precisamente por eso, y hablando de un poco de actualidad, le quiero preguntar cuál cree que sería la opinión de su padre al ver que recién 40 años después de la muerte de Franco es cuando se le van a quitar sus honores.

–Creo que en la vida hay que moverse con calma. Él podía ser revolucionario en su arte, pero me da la sensación de que hubiera creído que con la historia hay que tomarse su tiempo. Las cosas no se deben hacer cuando la herida está demasiado abierta. Plantear el problema ahora es más justo que haberlo planteado hace 40 años.

Imagino, eso sí, que él siempre fue consciente de la importancia de ese cuadro.

–Cuando la República le pidió hacer una obra para el pabellón español, todavía no sabía qué hacer. Y de repente, se dio cuenta de que este cuadro es verdadero himno a la paz. Es fantástico para un hombre poder luchar no con armas, sino con arte. Y así les ganó a todos.

¿Cómo espera ver Málaga dentro de 15 años cuando repitamos esta entrevista?

–Creo que está en buen camino. Ahora sólo tiene que seguir en él. La ciudad está muy bella, y pienso que si siguen ayudando a la parte artística, continuarán acertando.

¿Qué exposición temporal le gustaría ver en el Museo Picasso de Málaga?

–Yo haría una exposición sobre las esculturas pintadas. Hay una cosa de la tercera dimensión y la pintura que todavía se puede estudiar más

¿Sus 'obligaciones' como hija de Picasso le ocupan mucho tiempo?

–Eso depende de las decisiones que tomemos. No es lo mismo lo que nos invitan que a lo que vamos. Pero queríamos venir a Málaga para agradecer a Bernard (Picasso) el trabajo que realiza en el Museo.

«Le visitaban mucho; había días que teníamos que decir que no estaba»

Paloma Ruiz-Picasso convivió varios años con el artista; un tiempo que recuerda con cariño.

–¿Cómo era su día a día con Picasso?

–Era un padre muy agradable. No le interesaba para nada si yo lo hacía bien o mal en la escuela. Cuando terminaba el curso y nos íbamos al sur de Francia, él sentía que me tenía que preguntar por cómo me había ido, pero se le notaba que no le interesaba. Lo que era maravilloso era que la vida y el arte estaban mezclados; por ejemplo cuando estábamos comiendo. En el momento en el que terminábamos, él se ponía a trabajar sin un minuto de descanso ni de pausa. Como si el hecho de almorzar le estuviera interrumpiendo lo que tenía en la cabeza. Pero al mismo tiempo era capaz de estar en la playa, tranquilo, durante horas. De hecho, en estos meses trabajaba más por la noche porque por el día estábamos al sol.

–¿Le visitaba mucha gente?

–Por supuesto. Pero había días en que él tenía ganas de trabajar y teníamos que decir que había salido. Era el único modo, porque sino había gente todo el tiempo.

–¿Recuerda a alguien en concreto?

–Me acuerdo mucho de Cocteau, que venía mucho. Poetas, músicos, artistas... Tengo la imagen de cuando conocí a Miró.

–Pero jamás volvió a Málaga...

–Después de 1935 nunca volvió a España.

 

Fotos

Vídeos