Pacho Flores con la Filarmónica

MANUEL DEL CAMPO

El programa número 10 de la XXIX Temporada de abono del Teatro Cervantes de la Orquesta Filarmónica de Málaga los pasados jueves y viernes tenía dos partes bien diferentes. Una primera de la que fue rey y señor el trompetista Pacho Flores interpretando al español Pablo Sarasate, el argentino Astor Piazzolla y el brasileño Meitor Villalobos (los precedía el scherzo sinfónico 'El aprendiz de brujo', de Paul Dukas) y una segunda, ya sin solista, con obras de Ralph Vaughan Williams y de Ottorino Respighi.

Pacho Flores, formado en el Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela, volvió a triunfar como ya lo hiciera en su presentación aquí en febrero de 2016. Virtuoso de la trompeta y 'similares', impresionó por la claridad del sonido que posee, magnífica técnica, espectacularidad, potencia y expresividad, adecuando su estilo. Lo mismo a los 'Aires gitanos' de nuestro Sarasate como a la quinta de las 'Nachianas Brasileiras' -diríamos que ritmos brasileños con contrapuntos de Bach- del prolífico Villalobos o a unos Piazzolla del 'Escualo' y el 'Invierno porteño' plenos de sabores. El maestro José María Moreno lo acompañó con tino al frente de una atenta Filarmónica malagueña. Grandes ovaciones y salidas a escena de Pacho Flores obtuvieron la recompensa de un bis.

El inicio del concierto, ya avanzamos que fue con 'El aprendiz de brujo', de Dukas, inspirado en un argumento literario, una Balada de Gorthe, lo llevó el maestro José María moreno, más bien con vehemencia en su lectura, abundante en gestos enérgicos. En la segunda parte del concierto -asistimos a la del viernes 29- ofreció una cuidada traducción de la 'Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis', de Vaughan Williams. El lenguaje de esta composición mira a la música religiosa inglesa del siglo XVI.

Sonoridad y gusto imprimió el director, con unas delicadas cuerdas muy expresivas. Concluyó el programa de la OFM con una obra de gran envergadura y atractiva, 'Los pinos de Roma', poema sinfónico a modo de suite, que incluye cuatro cuadros o tiempos evocadores de otros tantos aspectos de Roma y su campiña. Influencia de Debussy, 'neoimpresionismo', efectos muy especiales, color, profesores de metales 'desplazados' a las altura, hábil y brillantísima orquestación. Condujo con maestría involucrando al máximo a la OFM con su mando y energía, José María Moreno, quien obtuvo momentos que calificaríamos de wagnerianos, straussianos, incluso rusos, con alto sentido de potencia. Grandilocuente final el de estos 'Pinos de Roma', aclamándose a director y orquesta por el público que ocupaba las localidades del Cervantes.