Orígenes estetizados

Sin perder profundidad reflexiva acerca de nuestro desenvolvimiento en lo urbano, las nuevas obras de Montesinos incorporan ahora un innegable caudal plástico

Antonio R. Montesinos se acerca a la ciudad como espacio lúdico. /
Antonio R. Montesinos se acerca a la ciudad como espacio lúdico.
JUAN FRANCISCO RUEDA

Antonio R. Montesinos (Ronda, Málaga, 1979) con esta 'Loop-Hole' asume una suerte de viaje al comienzo de su carrera. Así, ha retomado algunas de sus iniciales preocupaciones con un creciente –e inesperado, todo hay que decirlo– pálpito estético. Esta revisión o visitación, que de ningún modo es un mero y vacuo replicarse, ha de ser bienvenida por el modo en el que lo hace. En primer lugar, desacomplejado absolutamente ante lo que convenimos en llamar «estético». Esto es, la apariencia formal de su trabajo venía siguiendo, hasta su anterior muestra en esta galería en 2016, una adecuación a valores como lo procesual o la estética de taller, tanto como la asunción/mimetismo de recursos y sintaxis de los entornos digitales, de la industria, de cierta falta de sofisticación del 'do it yourself' y de los vídeos tutoriales de internet, de las ciencias sociales y estadísticas o de los sistemas de navegación por satélite.

En definitiva, códigos fríos, asépticos –su empleo por parte de Montesinos comportaba la 'intencionalidad artística' y, por tanto, su uso interesado– que desatendían o no se preocupaban por una respuesta sensitiva y formal por parte del espectador, sino por una respuesta más analítica. Sin embargo, Montesinos atiende en 'Loop-Hole' a acordes formales y a lo que podríamos llamar un interés innegablemente plástico que genera en el público una respuesta sensitiva. Y no por ello su obra rebaja esa profundidad reflexiva a la que propendía, sino que ahora queda amortiguada, se acepta con 'placer'. Son muchos los artistas que sufren una angustiosa lucha interna por frenar la condición estética del objeto, la formalización «bella», «agradable» o «sensual» del mismo. Si Montesinos la ha sufrido, con esta exposición podemos afirmar que el coste de tal debate, de tal 'tour de force', ha merecido la pena. Y es que no sólo ha insuflado esta nueva formalización plástica a su trabajo, también ha convertido algunas de sus obras en deliberados ejercicios de metaforización y alegoría. Frente al informe, al dato o a la estadística, ahora incorpora el desplazamiento de la metáfora, el hablar de algo ausente a través de algo presente, la poetización del objeto.

En segundo lugar, ha de ser valorado el ejercicio de reformulación de esas iniciales preocupaciones, que pasan a estar moduladas o variadas por la amplia experiencia e incansable trabajo desarrollado por Montesinos en la última década. Y valioso, como tercer lugar, también porque intuimos que aquí se hallan larvados futuros desarrollos del trabajo del artista, tanto como en la anterior muestra ya se encontraba, a buen seguro, la semilla de la que ahora nos ocupa.

Ese origen al que aludimos, ese asunto inicial que atisbamos transformado ahora, no es otro que la imposición y ordenación de nuestro tránsito y comportamiento, mediante la señalética (líneas, flechas, textos, catenarias, etc.), por la ciudad y por espacios interiores. Montesinos, con un claro aire lúdico, 'jugaba' a subvertirlos a través de estrategias como la infiltración y la mimetización. Progresivamente, en línea con ese interés por lo lúdico y el movimiento, incorporó sistemas que llevaban a sus usuarios a moverse o experimentar el entorno urbano en función a unas normas de juego que imponían lógicas que no observaban las imposiciones. La deriva, de origen situacionista, esto es, el dejarse llevar por el espacio urbano sin un destino definido y en comunión con las respuestas emocionales que despierta ese medio ambiente urbano (psicogeografía), se convirtió en otra de las estrategias y procesos que adoptó el artista a lo largo del tiempo.

Esa deriva, confiado en que el andar es una práctica estética, reflexiva y libre –podríamos definirlo como un 'artista peripatético' en tanto a su fe en el caminar como detonante creativo– le permitía abordar problemáticas de orden social derivadas de la entropía, de los restos que encontraba y que, con posterioridad, llevaba transformados, entre el 'ready made' y el 'objet trouvé', al espacio expositivo. Justamente, en 'Loop-Hole', que significa «escapatoria», mantiene ese aire subversivo de sus primeros ejercicios. Y precisamente, atiende a las múltiples señales y huellas que se suceden y solapan en la vía pública. En ocasiones son, siguiendo una teoría de la comunicación, signos convencionales interpuestos por quien legisla para que todos obedezcamos o sigamos las órdenes para una correcta convivencia (pasos de cebra; líneas continuas, discontinuas, en zigzag, etc.). En otras, señales minoritarias que se intercambian grupos profesionales, como son los puntos de distinto color hechos con espray en aceras o alcantarillas y que hablan de procesos de limpieza o desinfección.

La calle es un inmenso 'texto' o un palimpsesto en el que nos encontramos numerosos registros de comunicación como si se tratara de una jungla inflacionaria. Ahí surge un concepto querido por él, el de entropía. Montesinos documenta fotográficamente esas señales pintadas en el pavimento, generando un políptico que se adentra en la negación de las mismas, vía desorden y fragmentación, al tiempo que frisa 'lo pictórico'. También 'extirpa' algunas de esas señales y los rastros del acontecer urbano para, descontextualizados y estetizados, 'trasladarlos' a la galería sobre fragmentos de pavimento o adoquines. Estas obras parecen hallarse entre las piezas minimalistas de Carl André y el 'non-site' de Robert Smithson, pero también se acercan a un referente más básico como el del rompecabezas y, de ahí, nuevamente al juego como ejercicio de libertad y a la ciudad como 'playground', como espacio lúdico. La valla arrancada con cemento o la alambrada rota funcionan como indudables alegorías de la resistencia, la libertad y la escapatoria.

'Loop-Hole'

Autor.
Antonio R. Montesinos
La exposición.
12 piezas la conforman, algunas con un indudable sentido instalativo. Buena parte de ellas son fragmentos de losetas, pavimento (cemento) o conjuntos de adoquines que se hallan pintados o señalados por huellas de distinta índole. Otras son objetos intervenidos (valla y alambrada) y, por último, un políptico fotográfico
Lugar.
Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding, 39 bajo, Málaga.
Fecha.
Hasta el 7 de diciembre.
Horario.
De martes a jueves, de 11.00 a 13.30 h. y de 17.30 a 20.30 horas; viernes, de 11.00 a 14.00 horas y de 18.00 a 21.00 horas; y sábados, de 11.00 a 14.00 horas.

 

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