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Vista parcial de la exposición en la Galería JM. /Sur
Vista parcial de la exposición en la Galería JM. / Sur

Con ‘JMshow’, la Galería JM inaugura un proyecto experimentalque abarcará toda la temporada, consistente en una exposiciónen continuo pero pausado cambio a lo largo de los próximos meses

JUAN FRANCISCO RUEDA

Con ‘JMshow’, la Galería JM ensaya un nuevo modelo expositivo que desarrollará durante toda la temporada, hasta finales de julio. Ese modelo viene a consistir en una suerte de exposición abierta o en proceso. Es decir, a lo largo de los meses, y partiendo de la nómina de artistas con la que se ha inaugurado este proyecto (Almudena Fernández, Narda Alvarado, Chema Lumbreras, Ramón David Morales y Patricio Cabrera), se irán modificando las obras, ya que se incorporarán nuevas en sustitución de anteriores, e incluso, progresivamente, algunos de estos autores iniciales serán sustituidos por otros nuevos que vengan a propiciar una exposición en un continuo aunque pausado cambio. La exposición pasa a convertirse en moldeable, la misma pero ligeramente distinta a cada cierto tiempo y con la, en este caso, interesante incertidumbre de cómo será, ya en verano, esta ‘JMshow’ respecto a la inicial propuesta.

‘JMshow’

La exposición:
Una treintena de obras de cinco artistas. La pintura (acrílico sobre tela principalmente, aunque también óleo) y el dibujo (grafito, acuarela y témpera) son las disciplinas más numerosas, aunque también encontramos piezas escultóricas.
Lugar:
Galería JM. Duquesa de Parcent, 12, Málaga.
Fecha:
Hasta el 31 de julio.
Horario:
Lunes a viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 17.30 a 20.30 h.; sábados, de 11.00 a 14.00 h.

Si consideramos que la creación artística es un ámbito de experimentación formal que ha de dialogar con-su-tiempo –ser contemporáneo– y constituirse en imagen de éste, el galerismo puede merecer la misma consideración. No sabemos si esta fórmula que aplica la Galería JM es un recurso a imponerse, pero de lo que no cabe duda es que genera interesantes y conflictivas situaciones desde distintos planos. Este organismo mutante en el que se convierte la exposición abre nuevas posibilidades. Por un lado, la de jugar con ‘el pie forzado’, un recurso interesantísimo, pues, partiendo de las obras y artistas primeros, las siguientes incorporaciones asomarán en diálogo con lo ya existente y en sustitución de parte de ello. Esto hace que la temporada no esté regida por la articulación tradicional en sucesivas exposiciones individuales, que, como en casos como los de la Galería JM, se habían reducido drásticamente a 3 o 4 muestras por temporada. De este modo, por las salas de JM pasarán más autores y más piezas de las que venían desfilando en los últimos años. Por otro lado, y quizás como principal hándicap, nos encontramos que al romper con esa periodización de las sucesivas exposiciones, y, por lo tanto, con los hitos de las inauguraciones, pueda perderse cierto vínculo con el público, que se pierda el gesto de ir a ver una nueva propuesta. Quizás para ello, se plantea fidelizar a los visitantes con un programa paralelo más volcado a la performance, lo escénico y la música; citas, en cualquier caso, que reclamarían la asistencia y, de paso, la visita a una exposición en continuo proceso de cambio.

La frialdad y la asepsiade las formas y espacios puros y perfectamente delimitados quedan subvertidas en sus telas

Otro asunto que puede emerger como un posible contratiempo es la de la creencia que no nos enfrentamos, al tratarse de una exposición colectiva, a lo que sería una propuesta profunda de un autor concreto (una individual). Justamente, en este primer montaje, encontramos que uno de los artistas, Ramón David Morales, está representado con una extensa nómina de obras, algunas portentosas. El número de piezas suyas (9), la ambición conceptual de todas y el formato de varias de ellas, así como la disposición en el espacio, ocupando uno de los ámbitos y parte de la sala principal, podría hacer que consideráramos su conjunto casi como una muestra individual, como una exposición dentro de otra. Es precisamente la obra de Morales (Sevilla, 1977), un pintor que apenas ha contado con visibilidad en Málaga, uno de los grandes alicientes de ‘JMshow’. Una obra como ‘El puente romano’ es paradigmática del grado de síntesis y reducción geométrica de la realidad que desarrolla, de cómo economiza la representación reduciendo el verismo de la realidad a lo esquemático. Ésta, como tantas otras de las que podemos ver ahora, resultan apabullantes; trasminan sabiduría en la composición, en el equilibro, en la armonía y en el uso del color. Con todo, lo que verdaderamente sorprende es la poesía y el ‘pálpito’ que poseen sus imágenes geométricas. La frialdad y la asepsia de las formas y espacios puros y perfectamente delimitados quedan subvertidas en sus telas. Sus imágenes poseen un eco poético y un encanto que no consiguen apaciguar ni silenciar la ordenada y seria estructura geométrica.

Y frente al contacto con la realidad depurada y filtrada de Morales, de la línea recta y los ángulos de sus pinturas, encontramos las figuraciones y fabulaciones de Chema Lumbreras (Málaga, 1957) y de Patricio Cabrera (Ginés, Sevilla, 1958). En estos diálogos, por convergencia o divergencia, se asienta la selección de artistas y obras. Javier Marín, el galerista, parece que ha hecho concurrir estas piezas para contraponer las muy distintas maneras de enfrentarse a conceptos y cuestiones básicas como el color, la abstracción, la figuración, la ficción o la narración. La fabulación y lo narrativo dominan en los dibujos y pinturas de Cabrera y Lumbreras –fabulación doblemente en el caso del último. Las estanterías con paisajes del primero parecen una síntesis de vivencias e imaginación que siguen manteniendo, en un equilibrio entre lo orgánico y lo geométrico, el encanto y la fiereza cromática de las telas de Morales. Lumbreras, por su parte, nos introduce, con sus dibujos y personajes escultóricos, en escenarios trufados de seres fabulísticos, frágiles y amenazados, en una perpetua lucha emocional.

En la planta inferior conviven los dibujos de Narda Alvarado (La Paz, Bolivia, 1975) y la pintura de Almudena Fernández Ortega (Sevilla, 1984). Los primeros, que son estudios para un futuro videojuego, destacan por el carácter directo y desprejuiciado; sus dibujos ‘naïf’ destilan un profundo humor y se constituyen en materialización visual del pensamiento. Fernández Ortega comparece con su pintura intensa y concentrada, en la que lo natural adquiere un irrefrenable eco enigmático.

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