NOTABLE CORRIDA DE VALDELLÁN

BARQUERITO

No la única, pero la virtud mayor de la corrida de Valdellán fue la de ser distinta a cualquiera de las veintiuna jugadas por delante en la feria. Lo fue para bien. Seis toros, a su vez, bastante diferentes entre sí. Las hechuras, el volumen, el cuajo, el remate, las caras. Generoso escaparate. Un primero negro berrendo y calcetero; dos cárdenos oscuros y no claros, tercero y cuarto; dos negros bragados; y un quinto entrepelado, que fue pinta distintiva del encaste y ya no. Tres toros cinqueños, que se abrieron en lotes, y cuatreños los otros tres, que dieron más promedio de pesos que sus mayores.

La palma en la báscula se la llevó un sexto de 656 kilos que, todo nobleza y en un primer choquetazo brutal, puso a prueba el corazón del único tordo de la cuadra de caballos de José García y el del picador que lo montaba, Adrián Navarrete, que debutaba en San Isidro.

La corrida se vivió en ambiente torista y con los jacobinos a favor de obra. Al ambiente y las expectativas respondió la corrida, no toda entera, pero con la balanza a favor. Solo hubo un inconveniente muy grave: una tarde de viento enredadísimo, que hizo estragos y no dejó sin barrer ni un solo rincón del ruedo. El viento condicionó la lidia de cuatro de los seis toros -solo tercero y sexto se libraron algo de la maldición- y, con matadores y cuadrillas tantas veces al descubierto, el juego se vio muy trampeado.

Hubo en la muleta, y antes en el caballo pero no tanto, un tercer toro extraordinario, el más en el tipo fijado en la ganadería de procedencia (Pilar Población), que, puro carbón, hizo al embestir el surco con son de auténtico vértigo, irrefrenable codicia, repeticiones de escándalo y, solo al tomar engaño, una fijeza sobresaliente. Veintitantas embestidas de antología, que no le vinieron ni grandes ni pequeñas a un matador debutante en San Isidro, Cristian Escribano, solo que en un momento dado le tocó vivir el vuelco de la gente sin condiciones a favor del toro. Indeciso con la espada, sufrió la afrenta de los dos avisos y casi tres.

No fue el único toro de nota. La bondad y el tranco a compás del sexto y el temple de un quinto tan playero que costaba ajustarlo en la muleta llamaron la atención. El bravo cuarto fue toro demasiado celoso y de cortar, por tanto, viaje. Los dos primeros no corrieron la misma fortuna. El primero se soltó muchísimo, pero metió la cara por el pitón derecho con buen aire. Se acabó largando por su cuenta. El segundo fue con diferencia el de peor nota en todo.

Robleño, recibido con una ovación, manejó la cosa con fino instinto. Habilidoso, le ganó por la mano al primero y resolvió la papeleta del pegajoso cuarto sin sufrir. A los dos los tumbó de notables estocadas. Iván Vicente fue el más castigado por el viento, que hizo imposible la pelea con el agrio segundo y lo puso dificilísimo con el playero quinto. Cristián Escribano anduvo sereno y calmoso.