El supergrupo de la música independiente

Miguel Rivera y Javier Ojeda, junto al teclista Daniel Lozano, en la sala de ensayo de Jarrillo'Lata./Migue Fernández
Miguel Rivera y Javier Ojeda, junto al teclista Daniel Lozano, en la sala de ensayo de Jarrillo'Lata. / Migue Fernández

Javier Ojeda, Miguel Rivera (Maga) y Sean Frutos (Second) clausuran el MaF con una inédita alianza

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Hablan un lenguaje difícil de seguir para quien viene de fuera, pero ellos se entienden al momento. En un minuto, acuerdan el tono, se reparten las estrofas, dan indicaciones al teclista, tararean para probar las voces... Y listo. «Un, dos, tres». Comienza 'Juego', con Miguel Rivera al micrófono y a la guitarra eléctrica y Javier Ojeda moviendo el pie y chasqueando los dedos, con su característico nervio musical. «¡Suena bien! Y eso que nunca la hemos cantado juntos», exclama el líder de Danza Invisible al terminar. «Como yo empecé imitándote...», apostilla con una sonrisa la voz de Maga. Se respira conexión y buen rollo en esta primera toma de contacto, el ensayo de lo que será el concierto de clausura del MaF (Málaga de Festival). Tres de las voces con más personalidad de la música independiente nacional se unen en una singular alianza el próximo 14 de marzo en el Teatro Echegaray (21.30 horas).

En esta sesión falta Sean Frutos, cantante de Second. Cuadrar las agendas de tres músicos –de Málaga, Sevilla y Murcia– en constante circulación por las salas del país no es tarea fácil. De hecho, confiesan, nunca han estado los tres juntos en una misma habitación. «¡Qué curioso!», dicen cuando reparan en ese detalle. El proyecto se ha gestado a través de videollamadas a tres vía WhatsApp. Toda una «innovación» –dice Ojeda– que les ha permitido cerrar el repertorio y coordinar el papel de cada uno allí donde les pillara ese día.

En detalle

El concierto
'Sin aliento' reúne por primera vez en un escenario a Javier Ojeda (Danza Invisible), Miguel Rivera (Maga) y Sean Frutos (Second). Con Daniel Lozano al teclado.
Fecha
Jueves 14 de marzo, 21.30 horas
Lugar
Teatro Echegaray.
Entradas
12 euros. A la venta en las taquillas del Echegaray, del Cine Albéniz y en Uniticket.

Sobre el escenario estarán prácticamente solos, únicamente apoyados por Daniel Lozano al teclado, un músico habitual en los proyectos de Ojeda y miembro de Jarrillo'Lata. Precisamente, la cueva de los 'jarrilleros faranduleros' en un polígono malagueño les sirve hoy de punto de encuentro, con la imagen de Rockberto presidiendo la pared. «Es el Silvio de Málaga», le explica Javier Ojeda a Miguel Rivera señalando el cartel, en referencia a Silvio Fernández Melgarejo, un roquero sevillano de culto desconocido para el resto del mundo. Como el líder de Tabletom.

Les une la admiración mutua y «el amor incondicional» por la música a su manera. Nos colamos en el ensayo de su propuesta

Hacerlo así, «desnudo» de más instrumentos, fue idea de Frutos. Y cuajó. Resulta más natural, «como tres colegas que se encuentran y se ponen a hacer música». Así sonarían sus canciones en una fiesta de compañeros. De momento, para que la ausencia del cantante de Second no se note, Javier imposta su «voz de galán» en las estrofas que le corresponden ante la sonrisa cómplice de Miguel.

Parecería que son amigos de toda la vida, pero no. Sean Frutos es el nexo en común, la «celestina» de este supergrupo que se empezó a gestar hace un año. Frutos le había hablado a cada uno del otro porque intuía que se llevarían bien: Maga versionó el tema 'Sin aliento' de la banda malagueña. Y entonces llegó el MaF 2018: Maga hacía el concierto inaugural, la organización invitó como público a Javier Ojeda, Miguel Rivera se enteró, «se vino arriba» y le pidió al malagueño que cantara con él. Para sorpresa de los asistentes, juntos entonaron ese himno de los 80. «Lo recordaré siempre como algo muy emotivo», reconoce el de Alcalá de Guadaira. Yse confiesa: «Es una referencia. Mi manera de cantar le debe muchas cosas a la manera de cantar de Javier».

Cuenta que de niño escuchaba muchas bandas en inglés, hasta que de adolescente se acercó a la música española de la mano de Danza Invisible. «Tomé prestados esos giros, los agudos, el manejo de los falsetes... Luego uno va madurado de otra manera», añade mientras Javier le escucha atentamente «lleno de orgullo». Después de Málaga vendría otra colaboración sorpresa enel Teatro Central de Sevilla. Y ahora es Javier quien elogia a Miguel: «Están en un escalón superior al resto de los grupos».

Actuarán solo con un teclado y una guitarra, «como tres colegas que se encuentran y cantan»

Se llevan solo diez años, una década que sin embargo marca dos generaciones musicales muy diferentes. «La nuestra era más afortunada. Nos pilló un momento en el que todos los medios se volcaban con lo underground. Los grupos más rompedores salían en la televisión y en las radios», recuerda el líder de Danza Invisible, una de las pocas bandas de la Movida de los 80 que sigue en activo. A partir de los 90 y los 2000 la cosa cambia: se acaban los conciertos gratis a caché pagado por los ayuntamientos, hay que convencer al público para pagar y la reproducción digital hace de los directos la única vía de supervivencia de los músicos. «En la época de Javier todos los grupos eran muy jóvenes. Yo tenía 28 cuando empecé con Maga tras 500 grupos en el underground más subterráneo. El triunfo como se entendía en los 80 ya no existe. No se venden discos», aporta Miguel.

Les une un concepto de la música que pasa por la independencia, por hacer lo que les gusta al margen de las modas. «¡Yo soy el hombre más independiente del mundo! No tengo mánager, yo tomo todas las decisiones», apostilla Javier. Y ahora el vínculo es más fuerte. «Nos conecta el amor incondicional por la música. Javier es ultra mega currante. Se podría tirar al palo y vivir de las rentas, pero no lo hace», argumenta Miguel Rivera. Está convencido de que el 14 de marzo no será el fin de nada: «Las cosas nunca se quedan aquí a no ser que te pelees a muerte». Y no es el caso. «Siento antipatía por los 'stars'. Hay gente en este mundo que es muy tonta. Y al gilipollas como al hortera lo detectas enseguida. Los tontos se juntas con otros tontos, el resto nos entendemos bien», sentencia Ojeda.

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