La vía con la que soñaba Sergio Dalma

Sergio Dalma, durante su actuación./Hugo Cortés
Sergio Dalma, durante su actuación. / Hugo Cortés

El cantante deslumbró al público malagueño del Palacio de Ferias y Congresos con la presentación de su último trabajo

MARINA RIVAS

Pasan los años y sigue esperando a Galilea, defendiendo el bailar pegados y deseando que esa chica sea sólo suya. Muchos podrían pensar que nada nuevo tiene que ofrecer aquel melancólico Sergio Dalma al público hoy día, pero lo cierto es que quizá haga falta verle sobre el escenario para darse cuenta de cómo puede hacer cambiar de opinión. Con el derroche de energía de sus particulares giras de verano y con la capacidad de meterse en el bolsillo a la gente allá por donde vaya, el cantante catalán presentó anoche, en el Palacio de Ferias y Congresos, lo último de su discografía, Via Dalma III.

Lo último para sus seguidores, pero lo primero en los oídos del joven Dalma que quedaba prendando de los temas italianos que sonaban en la radio de su casa. Y precisamente fue este elemento, la radio, uno de los hilos conductores de su nuevo 'show', en el que empezó a abrir boca con 'Toda la vida'. A partir de ahí, de repente, una pequeña parte de Italia pareció adueñarse de Málaga, poniendo en su boca éxitos de su trilogía discográfica: 'Te amo', 'Sólo tú', 'El Mundo', 'Volare'. Y no sólo los temas más comerciales, sino algún que otro que dejaba ver el lado más sensible del cantante, en este caso, con 'Amores', su particular fetiche de este último trabajo.

Juego de luces

Sin saber bien cómo, aquellas casi 3.000 personas que no fallaron a la cita, acabaron paseando por la vía italiana al que el cantante les quiso trasladar, tal y como él mismo la imaginaba y como la vivió en su pasado. A la luz de la luna y de un virtual paseo de farolas que alumbró el escenario, el artista recreó (no sólo vocalmente) todo un abanico de temas, donde contó también con la ayuda de su segunda voz, Alicia Araque, en duetos como el de 'Sábado por la tarde'. Poco a poco, los clásicos se echaban a un lado para sacar la garra más Dalma, la que sus fans ya comenzaban a echar en falta. Los giros desgarrados y los temas que le dieron forma a su carrera. Todo ello entre alguna que otra sorpresa, de la que sólo cabe desvelar que creó un gran sobresalto en el público, aproximadamente en el ecuador del 'show''.

Como inmerso en una de esas películas que nunca quieres que se acabe, el espectáculo tuvo su inicio, con canciones gran intensidad expresiva; su nudo, recuperando algunos de sus temas y haciendo sudar al público y, por supuesto su desenlace. A nadie le gusta despedirse de algo que le ha hecho olvidarse del resto, aunque sea durante dos horas. La música volvió a ser la excusa perfecta. El público malagueño, no pudo más que marchar a casa con una sonrisa en la cara. Mientras, al catalán, que ya abandonaba su papel de actor sobre tablas, sólo le quedaba pararse a respirar y darse cuenta de que lo que volvió a hacer en Málaga, ayer por la noche, está al alcance de muy pocos. Queda Dalma para rato.

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