Sheila Jordan: «Tengo que mantener el jazz vivo, es lo que Charlie Parker quería»

Sheila Jordan, anoche en el Auditorio Eduardo Ocón / Ñito Salas

Conocer al saxofonista le «salvó la vida» y por eso,a sus 90 años, recorre el mundo para continuar con su legado. Anoche cantó en el Eduardo Ocón

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Llega a Málaga directamente de Almería, donde actuó la noche anterior; acaba de ofrecer una masterclass en el CAMM y en un rato se subirá al escenario del Eduardo Ocón. Aún así, le quedan ganas para recordar anécdotas de su vida, bromear y reír. Tiene 90 años. Sheila Jordan es una leyenda viva del jazz vocal, uno de los últimos testigos de la edad dorada del Nueva York de los años 50 y 60. Por eso sigue girando, tiene una misión: «Tengo que mantener vivo el jazz, es lo que Charlie Parker quería que hiciera», admitió en un encuentro en el Rectorado de la UMA, antes de festejar en el recinto del parque el Día Internacional del Jazz.

Se lo debe a 'Bird', como apodaban al famoso saxofonista. «Descubrir a Charlie Parker salvó mi vida», confesó. Escuchar su música en un bar de Detroit le hizo apostar por un género que apenas conocía y le sacó de una familia pobre, desestructurada y con graves problemas de alcoholismo. Entonces no lo sabía, pero con el tiempo se volverían inseparables. «Nada romántico», aclaró entre risas. Era, dijo, su «hermano mayor». Tanto es así que en su loft de Nueva York, Parker tenía un sofá propio en el que dormía cuando discutía con su mujer o regresaba de esas fiestas en las que abusaba del alcohol y las drogas. Algunas de ellas se celebraban en la misma casa de Sheila Jordan, el centro neurálgico de míticas jam sessions. Rió a carcajadas cuando recordó cómo enseñó a su periquito a decir «Hola Bird» para recibir a Parker, que en cuanto la conoció le puso el sobrenombre del «oído del millón de dólares».

Ñito Salas

La nostalgia que desprende por aquellos años no borra, no obstante, los momentos más duros. En esa época no estaba bien visto que una chica blanca se relacionara con afroamericanos, ni siquiera en el Nueva York «más 'cool'». Sheila Jordan relató varios episodios de violencia racista en los que fue golpeada o amenazada por sus 'malas compañías'. «¡Eran mis hermanos!», exclama. Ella estaba con Bird el día que le impidieron entrar en el club de jazz que llevaba su nombre por no ir, supuestamente, bien vestido. Poco después, moriría.

Tampoco Sheila Jordan fue inmune a la adicción de las drogas y el alcohol. Cuando tocó fondo, de nuevo la música le salvó. «Tuve un despertar espiritual, escuché una voz que me dijo: yo te di un don y si no lo cuidas se lo voy a dar a otra persona». Ahora lleva 33 años 'limpia' y dedica parte de su tiempo a ayudar a quienes también quieren dejarlo.

La dama del jazz ha impartido durante años clases. No tiene estudios, insistió, pero cuenta con «la carrera de la vida» que, al fin y al cabo, es la «carrera del jazz». Aunque fue la primera mujer en firmar por el sello Blue Note, nunca se preocupó demasiado por grabar discos. No persigue la fama: «Solo quiero comunicar el mensaje del jazz, continuar con lo que otros como Parker hicieron», apostilló. Anoche en Málaga volvió a cumplir con el deseo de su querido Bird junto al «excepcional» pianista malagueño José Carra, un evento patrocinado por Cervezas Alhambra que por momentos hizo del escenario del parque el mejor club de Nueva York.

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