Salvador Sobral, el desconocido del Balneario que hoy llena el Teatro Cervantes

El cantante portugués presentó ayer su concierto en Málaga, con el que inicia su gira por España. /FRANCIS SILVA
El cantante portugués presentó ayer su concierto en Málaga, con el que inicia su gira por España. / FRANCIS SILVA

Hace tres años actuó en Málaga con un cuarteto «y el público era un trío». Su triunfo en Eurovisión ha dado un vuelco a su carrera que el portugués aún está asimilando

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«Voy a ir mirando a cada uno de vosotros para que toméis la foto», dice mientras posa ante las cámaras en el Teatro Cervantes. Hace tres años, en una de sus visitas a Málaga, ninguno de esos focos reparó en su presencia. De hecho, en aquel concierto del Balneario actuó con un cuarteto «y el público era un trío». Había más músicos que asistentes. Pero quien allí estuvo no olvida aquella noche, y Salvador Sobral tampoco. «Nos pagaron igualmente, pero nunca más me llamaron para ir», comenta con una sonrisa. Otro día cantó en la terraza de El Corte Inglés. Allí sí había más gente, pero «los españoles hablan muy alto», apostilla. Hasta que llegó y venció en Eurovisión: este miércoles por fin dará un concierto en Málaga con lleno y el público en silencio.

La sonrisa no se le borra de la cara. Está feliz. En Portugal su popularidad es a veces «abrumadora» –«lo llevo ya mejor»–, pero no contaba con que en España hubiera tanta expectación por verle. Apenas quedan 70 entradas para el 'sold out' en el Cervantes, el primero de este festival Terral por el que ya han pasado Wim Mertens, Teresa Salgueiro, Rocío Márquez y Ala.Ni. Y, además, después de superar su grave afección de corazón (se sometió a un trasplante el pasado diciembre), ve la vida «de una manera distinta». Su camiseta, con la palabra Hope escrita en verde, da una pista.

«Fue prepotente por mi parte pensar que mi triunfo en Eurovisión podía cambiar algo en la música»

«Despertar y que no me duela nada ya es un día ganado. Sé que esto que está pasando es efímero, un día eres adorado y al otro te odian. Si mañana no lleno el teatro de Málaga, pero puedo hacer la música que me gusta y pagar las cuentas mínimamente, estaré bien y feliz», asegura el músico portugués a la prensa en un perfecto español. Incluso es capaz de imitar el acento del sur: «'Zarvadó, 'ío', ¿ya estáh mehó de lo tuyo?' Los acentos y las lenguas me enamoran. Si se me va la voz, seré traductor y haré algo con las lenguas, que también son música».

¿Cuál será su repertorio en Málaga? «'Amar pelos dois' –la canción de Eurovisión– siete veces en diferentes estilos: reggae, metal, funky...», bromea antes de ponerse serio. Presentará temas de su primer disco, 'Excuse me', y otros nuevos, «muchos» en castellano. Piezas intimistas, sin artificios, que se mueven por el cool jazz, la bossanova, el fado, el bolero… Anuncia además que interpretará «algo típico» de la tierra, pero se reserva la sorpresa. Lo hará en un auditorio que le ha emocionado «de lo bonito que es». «Nunca había visto un teatro azul, ¿por qué siempre son rojos? Es azul, italiano, lindísimo... Me han entrado ganas de llorar y de abrazar a Elías, el pianista», admite.

«Sé que esto que está pasando es efímero. Si mañana no lleno el teatro, pero puedo hacer la música que me gusta y pagar las cuentas, estaré bien»

No tiene reparos en mostrar sus sentimientos ni en contar lo mucho que lloró cuando se bajó del escenario en el pasado festival de Eurovisión tras actuar junto a Caetano Veloso, su ídolo. Con él estuvo charlando durante toda la gala de la que era anfitrión como ganador de la edición anterior. Después, los dos siguieron haciendo música y se fueron a tocar a un pequeño establecimiento de su madre, donde ella cocina y enseña a cocinar con productos frescos a turistas. No se arrepiente de su paso por el certamen europeo de la canción, es consciente de hasta dónde le ha llevado su participación, pero mantiene las distancias con ese formato.

–Su triunfo en Eurovisión demostró que a la gente le gusta una buena canción sin fuegos artificiales. ¿Cree que ha podido cambiar algo en la música después de eso?

–Tenía esa pretensión, pero me di cuenta que no. A la gente le gusta la música buena, pero los medios no se la dan. Solo hay música de rápido consumo. Una vez, en una reunión con una discográfica me dijeron que mi canción a los pocos segundos tenía que tener un estímulo, después una frase que se repita, después… Como si fuera una fórmula. Y la música no tiene fórmula, tiene que llegar a la gente a través de la emoción. La pretensión de cambiar se fue cuando vimos este Eurovisión. Fue prepotente por mi parte pensar que podía cambiar algo. Gané Eurovisión porque era distinto y siempre lo distinto gana. Un año es una mujer que tiene barba, otro una tipa que hace sonidos de gallina y otro soy yo con una canción bonita.

Claro y directo. Como su música.

El concierto

Cuándo
Este miércoles, 27 de junio, a las 20.30 horas.
Dónde
Teatro Cervantes.
Entradas
Entre 15 y 45 euros. Al cierre de esta edición quedaban 72 para el 'sold out'.

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