Rubén Blades exprime el salseo a lo grande en una noche histórica en el Terral

Rubén Blades desplegó anoche en el Cervantes sus grandes éxitos ante un público entusiasta. /Ñito Salas
Rubén Blades desplegó anoche en el Cervantes sus grandes éxitos ante un público entusiasta. / Ñito Salas

El músico, actor y político panameño hace vibrar el teatro Cervantes en el inicio de una gira nacional en la que se despide de la salsa en directo con una portentosa Big Band

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Quedaban pocas entradas disponibles, ninguna de las baratas para asistir a la que bajo toda premisa iba a ser una noche histórica para los aficionados en la música en Málaga. Y vaya si lo fue. Rubén Blades, el gran poeta de la salsa, llevaba cerca de 20 años sin pisar nuestra tierra y lo hizo como primera cita de una gira que es la continuación de su despedida: nunca más habrá conciertos de Blades de este género que ha dominado hasta hacerlo propio y provocando que desde entonces la salsa sea imposible de reconocer sin él. Vestido completamente de negro, con un sombrero que sólo se quitaba para saludar con estilo y educación y unas gafas de vista que sacaba de vez en cuando, el músico saltó al escenario tras una estilosa introducción de la Roberto Delgado Big Band, una imponente banda panameña con una veintena de músicos para darle potencia y abrigo a la impresionante voz de Blades, que estuvo más de dos horas sin desafinar ni una sola nota para regocijo del respetable.

Vestido de negro, saltó al escenario con sombrero.
Vestido de negro, saltó al escenario con sombrero. / Ñito Salas

Ya desde el principio, el público se sentó en sus butacas a regañadientes y no escatimó en expresar sus reparos a la voz en off que señala eso de «ocupen sus localidades y en la medida de lo posible no la abandonen durante todo el espectáculo». Escuchar este repertorio con semejante ritmo y permanecer sentado tuvo que ser una prueba de fuego para buena parte de la audiencia, entre la que había una mezcla inexacta de nacionalidades latinas tal y como quedó claro desde las primeras canciones, en las que Blades saludaba a todos estos países unidos por la misma raíz. Para que se hagan una idea, ya en la primera canción había gente de pie.

Panorámica

El repertorio, compuesto por unas veinte canciones, trazó una panorámica por los éxitos que le han hecho grande, desde 'Plástico' a 'Maestra vida', y puso de manifiesto la naturaleza urbana de la salsa, una música mestiza que viene indistintamente de Cuba, Puerto Rico, Panamá o de la ciudad de Nueva York, pero que esta noche ponía aún más de manifiesto su enlace con el jazz. Hubo versiones de Frank Sinatra, 'The way you look tonight' o 'Watch what happens', que supuso un impresionante cambio de registro que sucedió también con 'Cobarde', del gran Ray Heredia. También quedó clara la condición de contador de historias de Rubén Blades, de quien se rumorea que podría aspirar a la presidencia de Panamá en 2019, y de las propias letras que encontraban su apoyo narrativo en unas unas proyecciones que ayudaban a seguir el hilo de historias como la de 'Decisiones' o por supuesto de la mítica 'Pedro Navaja', que fue una de las más coreadas por la audiencia y que incluyó, a modo de introducción y de manera didáctica, una versión más antigua de Bobby Darin, 'Mack, the knife', y donde aprendimos, porque la vida te da sorpresas, que este tema viene de una ópera británica gestada varios siglos atrás.

Chucho Valdés, al piano

Sin duda, uno de los momentos más mágicos de la noche llegó con la intervención por sorpresa del pianista Chucho Valdés, cuya llegada al teatro provocó un pequeño revuelo de admiradores, y que se sentó al piano para marcarse un solo en 'Cuentas del alma'; previamente, Blades ya le había dedicado al hijo de Chucho la canción 'Arayue'. Además, hubo un buen plantel de homenajes a gente como Paco de Lucía, de quien se proyectó su imagen varias veces, Héctor Lavoe, de quien cayó una versión de 'El cantante', o de su amigo Gabriel García Márquez, de quien cantó la adaptación de su cuento 'Ojos de perro azul'. El bis fue inevitable y, al cierre de esta edición, la gente seguía dando brincos al que será para siempre, también, el presidente de la salsa.

 

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