«Prefiero que me critiquen a muerte a resultar indiferente»

Rocío Márquez actuará en el Cervantes con un formato tradicional de guitarra y palmas. /Salvador Salas
Rocío Márquez actuará en el Cervantes con un formato tradicional de guitarra y palmas. / Salvador Salas

La cantaora Rocío Márquez lo mismo actúa en un festival indie que en una peña. La onubense, que vuelve a Málaga, forma parte de una generación llamada a renovar el cante sin olvidar los orígenes

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Siempre supo que no entraba en los cánones, tanto que de niña se teñía de morena y se colocaba lunares para sentirse parte del colectivo flamenco. Rocío Márquez es rubia de ojos claros, no tiene la voz rasgada sino clara y en su currículum comparte espacio la Lámpara Minera con el título universitario de Educación Musical. La onubense forma parte de esa generación llamada a renovar el cante flamenco sin perder de vista los orígenes. Por eso, lo mismo actúa en el festival Monkey Week que en una peña flamenca;y lo mismo canta letras actuales y reivindicativas –sin guitarra, por ejemplo, en su disco 'Firmamento'–que recuerda a los maestros. Con su faceta más tradicional estará de vuelta en Málaga, el 24 de junio, dentro del festival Terral, en el Cervantes.

Mantiene los dos formatos, el tradicional y el más innovador; pero hay quien una vez que traspasa la línea ya no vuelve atrás.

–Yo es que lo necesito. Para mí es necesario tener un pie en cada lado. Me enriquece.

Pero con volantes no saldrá.

–Los volantes los dejé hace ya mucho tiempo. Me parecen preciosos y veo guapísimas a otras compañeras mías, sin embargo yo no me encuentro.

Se puede cantar flamenco con una chaqueta de cuero y no pasa nada.

–Totalmente. Es interesante que empecemos a tomar conciencia de desde dónde hacemos las cosas y que no sea una simple reproducción. No hablo solo de cantar, sino de la indumentaria, de la puesta en escena... La gente de mi generación ni hemos pasado hambre, ni hemos vivido una guerra. No podemos mantener un discurso que ya nos queda súper alejado porque en su día tuviera mucho peso. Hoy hay otras muchas cosas que decir. Tenemos que hacernos cargo de un discurso propio aunque usemos los códigos que existen en el flamenco, porque es de donde partimos.

En detalle

El concierto.
Rocío Márquez acompañada por la guitarra de Manuel Herrera y Los Mellis en los coros y palmas.
Lugar.
Teatro Cervantes.
Fecha.
24 de junio, a las 20.30 horas.
Entradas.
20 euros.

–¿Estudiar una carrera está mal visto en el flamenco?

–Hoy el flamenco está en las universidades, en los conservatorios, ya lo estamos empezando a normalizar. Pero sí creo que todavía es una época de transición, que no está instalado del todo. Quedan resquicios de esa manera de pensar que cree que lo instintivo es mejor que lo consciente, algo con lo que no estoy de acuerdo.

Parece que lo racional le quita naturalidad al arte.

–Claro, como el flamenco está tan asociado a lo pasional, a lo instintivo, a lo natural... Pero realmente el proceso de aprendizaje se tiene que dar de algún modo. Lo que varía es que en vez de aprenderlo de escucharlo muchas veces en la barra de un bar, te lo estás estudiando en Cristina Heeren o en el conservatorio. Cambian las circunstancias y eso hace que el flamenco que se hace este año sea diferente al que se hacía hace 40. Pero eso me parece necesario. Si no estaríamos dejándolo morir, dándole al 'play' sin permitir que esté en el hoy.

Posicionamiento

Canta letras de roqueras como Christina Rosenvinge o de poetas como Isabel Escudero. Y muchas son reivindicativas. ¿Es un riesgo?

–Como cualquier posicionamiento. Las letras son una parte fundamental en el cante. En 'Firmamento', la gente se sorprendía de que incluyera letras de Rosenvinge, de Escudero o de Rosa María Salgado que tenían un contenido reivindicativo, pero ahí están Manuel Gerena, José Menese o El Cabrero. En el flamenco eso ha sido súper habitual, pero las circunstancias sociales y políticas encumbran a unos artistas o a otros.

–¿Es más difícil triunfar si uno se pringa?

–De masas es muy complicado si tienes un posicionamiento fuerte. Estamos en una sociedad que quiere consumo rápido.

Muchas mujeres han reconocido que es ahora cuando se pueden considerar feministas, que antes no eran conscientes. ¿Le ha pasado?

–Totalmente. Me pasó una cosa curiosa. Hice un máster de flamenco en Sevilla y había una asignatura que se llamaba 'Sexuación en el arte'. Cuando acabó la primera clase, me acerqué a la profesora y le dije que todo eso me parecía como buscarle los tres pies al gato. Ella solo me pidió que siguiera yendo. Y tres o cuatro clases después hubo un 'clic' brutal. Empecé a tomar conciencia de algo que había normalizado. Un día llegué a una peña donde había una charla y después un recital y me dicen: «Como ya estás 'arreglá', ¿por qué no te subes y así adornas el escenario mientras nosotros hablamos?». Lo peor es que me lo llegan a decir antes del curso y yo no me doy cuenta.

«Ni hemos pasado hambre ni una guerra. No podemos mantener un discurso que ya nos queda súper alejado»

–¿Su físico, al margen de los cánones del flamenco, le ha condicionado de alguna manera?

–Al principio estaba súper acomplejada, me teñía el pelo de negro e iba siempre con lunares. Yo quería pertenecer a los flamencos al precio que fuese. Me hice nódulos forzando la voz para conseguir un timbre con más fuerza y más rajado. Me di cuenta de que hasta que yo no me aceptara no tenía nada que hacer con el público.

–¿Asusta que a una le coloquen el peso de ser la renovadora del cante?

–Intento no echar mucha cuenta a las expectativas, porque desde la presión no se puede hacer nada. Pero es una etiqueta que me agrada. Después de ganar la Lámpara Minera todo el mundo esperaba que yo fuera esa cantaora ortodoxa y tuve que pasar el trago de romper hacia otro lado y aguantar el chaparrón de la crítica por hacer cosas que ellos no esperaban. Pero lo viviría igual de natural si de repente me apeteciera hacer un disco tradicional y se sorprendieran desde el otro lado. Me daría igual. Trato de ser honesta con lo que siento.

Haga lo que haga, molesta a alguien.

–Eso forma parte del juego. Y lo veo casi positivo. Prefiero que me critiquen a muerte antes que ser indiferente. El arte te gusta o no te gusta. Algo con medias tintas... A mí no me interesa ese perfil de artista.

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