Pedro Guerra: «No me parece bien que el reguetón se apropie de lo latino, lo latino somos todos»

Pedro Guerra se reencuentra con 'Golosinas', el disco que marcó su carrera./
Pedro Guerra se reencuentra con 'Golosinas', el disco que marcó su carrera.

El cantautor revisa el jueves 16 de mayo en el Cervantes su disco debut 'Golosinas'. Una mirada a la edad de oro de la canción de autor en los 90 que afronta «sin nostalgia»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Pedro Manuel nació hace 52 años en Tenerife; pero Pedro Guerra lo hizo hace casi 25 en Madrid. El cantautor canario irrumpía hace un cuarto de siglo en la escena con una deliciosa colección de canciones que marcaron época. 'Golosinas' se llamaban. Un disco que le dio su lugar en la música y, además, apuntaló una etapa de oro para la canción de autor. Para revivir esas sensaciones, sin un ápice de nostalgia –advierte–, Pedro Guerra revisa este jueves 16 de mayo el disco que lo cambió todo en el Teatro Cervantes. Una mirada atrás necesaria, dice, para afrontar lo nuevo que está por venir.

–¿Cuánto hay de nostalgia en este reencuentro con 'Golosinas'?

–Nostalgia no hay. Era el momento para hacer una cosa así, pero lo hago por revivir ciertas cosas, pero no desde la nostalgia.

–Por revivir una época que marcó su vida.

–Claro, ese momento en el que llegué a Madrid y empezó un poco todo, en una época a principios de los 90 en la que fuimos muy bien acogidos los cantautores. Quería revivir ese momento en el que hice un primer disco que fue fundamental en la construcción de mi carrera. Pero no lo hago desde la nostalgia en plan todo tiempo pasado fue mejor; sino para hacer un homenaje personal a una época y a un disco que significó mucho para mí.

–Sin 'Golosinas', ¿no existiría Pedro Guerra?

–No. 'Golosinas', de alguna forma, no es solo una carta de presentación, sino que ahí se sientan los cimientos de todo lo que haría después.

–Hay músicos a los que les da cierto pudor recordar lo que hicieron en sus inicios, está claro que no es su caso.

–No, no tengo ningún problema con eso. Porque, además, ese disco no son mis orígenes exactamente. Antes de 'Golosinas' ya tenía diez años de carrera. Llegué a Madrid en el 93 y mi carrera empezó en el 83. Esos primeros diez años son fundamentales para entender ese disco, cuando fui parte del grupo El Taller Canario. Fue un proceso de formación.

–Siempre es bueno volver a los orígenes.

–Yo lo hago cada tanto. Después de mis últimos trabajos, que me han supuesto un esfuerzo enorme, 'Golosinas' es crear un puente y echar la vista atrás para ver qué cosas han sucedido y cómo se han sucedido para afrontar un disco nuevo.

–Durante años la figura del cantautor se vinculó a un hombre atormentado, con una visión pesimista de la realidad. Pero usted no responde a ese perfil.

–No. Puede que tenga alguna canción pesimista, pero mi visión es bastante optimista siempre. No comparto esa idea de que el cantautor tiene que ser alguien atormentado o triste. Ni el cantautor ni el creador, en general. No creo que la creación tenga que salir necesariamente del tormento, del drama, de la tristeza o del bajón.

–Los 90 fue la década de los cantautores, ¿qué pasó después?

–Cantautores siempre hay y siempre los ha habido.Es más el interés de los medios y de la industria, porque es a través de ahí es como llegamos a las gentes. Son oleadas que van como por modas. Es verdad que en los 90 se dio una historia muy grande con la música de autor, ahí quedamos trabajando algunos artistas, te hablo de Javier Álvarez, Ismael Serrano o Drexler, y en los últimos años estamos asistiendo a una nueva oleada de cantautores, donde están por ejemplo Marwan, Andrés Suárez, Rozalén y El Kanka. Es una cosa como cíclica.

–Parece que el rap ha cogido el relevo a la canción de autor como vehículo de protesta.

–Sí, es posible que en una época fuera más patrimonio de los cantautores, pero hoy en día ya no. Pero el compromiso social no solo está en el rap, se extiende a casi todos los géneros musicales.

–El rap quizás sea más vehemente y llega con más fuerza a las nuevas generaciones.

–El rap desde luego es un vehículo para las nuevas generaciones. Y también es verdad que por su propia forma, por poder decir muchas cosas en muy poco espacio, se presta a ello. Es un terreno idóneo para hablar de cuestiones sociales.

–¿Qué le parece el reguetón? Ahí no hay cabida para ese tipo de cuestiones.

–No tengo una opinión, ni positiva ni negativa. Es un estilo más que ahora se ha impuesto, porque hay una corriente muy fuerte incluso representada por gentes que son más de Colombia que de Puerto Rico, que es el origen. Suele pasar que cuando funciona algo empieza todo el mundo a querer hacer eso. Hay reguetón de muchos tipos. He escuchado algunos horribles por el contenido y por todo, y otros que me parecen esfuerzos interesantes a nivel musical. Preferiría que en el espectro de lo que la gente puede escuchar o recibir, no hubiera una sola música copando casi la totalidad del interés. Debe haber un tiempo para todo. El reguetón no está mal, me parece perfecto; ahora, que solo haya reguetón no me parece bien. Creo que a la gente también habría que darle la posibilidad de conocer otras cosas.

–Para muchos, la música latina se ha quedado reducida a eso.

–Eso no me parece bien, que el reguetón se apropie de lo latino, lo latino somos todos. La cultura latina no solo se caracteriza porque sea una cultura donde la gente se lo pasa muy bien bailando;la cultura latina es algo más. La apropiación del concepto latino solo para un determinado estilo musical no me pareció bien ni ahora ni antes.

–En estas últimas elecciones no ha aparecido la palabra cultura. ¿No interesa? ¿No da votos?

–Al final toda la campaña se ha centrado en otra batalla. Había un peligro de llegada con mucha fuerza de una derecha más extrema, más rancia, y lo que imperó fue frenar eso.Se habla muy poco de cultura en general. Espero que todo ese debate se vuelva a retomar ahora que ya ha pasado y que es la izquierda la que ha ganado las elecciones.Desde luego, confío más en la izquierda como potenciadora de la cultura que en la derecha. Hay temas, como el problema de Cataluña, que lo acaban centralizando todo. Se escuchaba todo el rato la misma cantinela.