Pasión Vega: «En mi casa está prohibido el reguetón»

Pasión Vega celebra con esta gira sus 25 años de carrera./SUR
Pasión Vega celebra con esta gira sus 25 años de carrera. / SUR

«He sabido conservar mi criterio, al margen de las modas», asegura la cantante malagueña, que vuelve a casa con '40 quilates' el 14 de diciembre

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Tiene una de las risas más reconocibles del panorama musical. Le sale de forma espontánea durante la charla y la luce con naturalidad en cada concierto. Detrás de ella está Ana, una persona que se confiesa tímida hasta el momento en que se sube al escenario transformada en Pasión Vega. La cantante malagueña vuelve a su casa con '40 quilates', una colección de canciones elegantes de letras cuidadas con las que celebra su cuarto de siglo en la música y el paso de la línea de los 40 en la vida. Tiene una sorpresa para los suyos: el estreno de una canción escrita para ella por Javier Ruibal y dedicada a Málaga. La cita: 14 de diciembre en el Cervantes.

En detalle

El concierto
Pasión Vega celebra sus 25 años de carrera con las nuevas canciones de '40 quilates' y temas de siempre.
Fecha
14 de diciembre, 20.00 horas.
Lugar
Teatro Cervantes.
Entradas
Entre 22 y 70 euros.

'40 quilates' se compone de un repertorio nuevo que ha buscado personalmente. ¿Se ha implicado más que nunca en este disco?

–La implicación en todos mis trabajos siempre es al cien por cien. Pero este repertorio es bastante autobiográfico, es un desnudar el alma. Hemos buscado a través de los sonidos y la producción el transmitir esa pureza y esa honestidad que yo necesitaba dejar patente en este disco.

¿Y por qué esa necesidad de mostrarse más ahora?

–El artista, cuando se sube al escenario, siempre se expone, siempre es una sensación de desnudez. Pero quizás en otros momentos yo era narradora de esas historias. Y este es un momento en el que a través de estas canciones y esta gira donde recopilo temas que me han acompañado en mis 25 años de carrera, compongo un mapa musical y biográfico que me resulta muy emocionante.

Quizás también ahora se siente más segura para hacerlo.

–Con el tiempo y la experiencia siempre vas sumando cosas. Aunque es verdad que cada día tengo la sensación de que tengo más que aprender.

¿Se animará a componer?

–(Ríe) No lo sé. Escribo cosas para mí pero no me he atrevido todavía a exponerlas. Tengo la sensación de que las canciones son vestidos a la medida hechos para mí y tener la oportunidad de que te escriba El Kanka o Ruibal... Son compositores de otro mundo haciendo letras, hilando muy fino en cómo explicar las cosas del corazón. Y yo me siento una aprendiz. ¡Y lo soy! Pero pongo mucho de mí en los conciertos. Todo lo que hay sobre el escenario son ideas mías y en cada proyecto estoy muy presente.

Y luego, además, vive esas canciones, no solo las canta.

–Pero no me sale de manera forzada. Quizás por mi sensibilidad, se me va metiendo la música en los poros y me va impregnando a lo largo del concierto. Soy una especie del filtro para sacar todo eso hacia afuera y transmitirlo a los demás. Me dejo llevar. Y también están las clases de Arte Dramático en la escuela de Málaga, de algo han tenido que servir. ¡Qué bien me lo pasé! (ríe).

25 años después de empezar en esto, ¿ha logrado ya lo que quería?

–He logrado mucho más de lo que yo hubiera soñado. Ha superado con creces mis expectativas. Yo empecé como un hobby, como una niña soñadora a la que le gustaba cantar, pero ni por asomo pensaba que me iba a dedicar a la música. El problema es que después una quiere más y siempre quiere mejorar, ir a más lugares, tener más valores como artista, ser mejor cada día, que te conozca más público, aventurarte en proyectos diferentes... Esto es un veneno (ríe).

¿Siente que Pasión, al igual que Ana, han cambiado mucho?

–No me veo yo demasiado cambio. Los cambios normales. Sí he cambiado de opinión muchas veces en mi vida, pero la base personal, moral y ética siempre ha sido la misma. He sabido conservar esa esencia de mi criterio, tener una carrera muy personal, al margen de las modas, basándome en esa música popular que me ha traído hasta aquí y a partir de ella investigar por otros caminos. Sigo siendo la misma Anita.

Siempre ha evitado la sobreexposición, el estar delante de los focos fuera de los escenarios, ¿por qué?

–Hay una delgada línea entre lo profesional y lo personal y a veces es difícil esa delimitación. Quizás por mi timidez, porque soy vergonzosa salvo cuando me subo al escenario. Entonces, todo lo que no tiene que ver con Pasión, todo lo que tiene que ver con mi vida personal, prefiero mantenerlo al margen. Es más saludable.

Es la prueba de que se puede hacer carrera en la música teniendo un perfil discreto.

–Yo estoy feliz con lo que he elegido, con el camino que llevo y la música que hago. Me siento a gusto y en equilibrio así. Quizás otro tipo de propuestas no van con mi manera de ser y no estaría tan feliz con ellas. Pero respeto todas las posiciones. Y hay otros ejemplos de cantantes prudentes que han tenido éxito. No es necesarios sobreexponerse.

Ha resuelto la crisis de los 40 con 40 quilates. ¡No está nada mal!

–Lo he transformado en canciones (ríe). Es una etapa muy positiva, muy creativa y bonita. Para mí ha sido como un comienzo. Hay gente que lo vive como algo difícil y se agobian. Pero yo no, estoy contenta con esta edad. ¡Y que sigamos! (ríe).

Ahora hay una generación que renueva las tradiciones musicales. ¿Qué opina del fenómeno Rosalía?

–Es una suerte que te pase algo así y que en poco tiempo todo el mundo te conozca, conozca tus canciones y ser una 'influencer' comenzando a hacer algo de raíz. Me parece sorprendente y una maravilla.

Lo de ser 'influencer' lo dejamos ya para otra generación, ¿no?

–Sí, yo no me veo llevando un chándal, no me quedan nada bien (ríe a carcajadas).

En sus conciertos siempre cae alguna copla, pero en este disco no la hay. ¿Esa etapa la da ya por cerrada?

–Es una etapa abierta, siempre es algo que me acompaña y va en paralelo conmigo. Son canciones inmortales, siempre las haré. Pero para mí es un privilegio ir incorporando nuevas canciones. No hay que renunciar, se puede ser clásica y moderna.

Algunas letras de copla ahora no serían políticamente correctas. ¿Cuida mucho lo que dice cantando?

–Hay que ser coherente y es una responsabilidad. Somos un altavoz para la gente que nos está oyendo y esos mensajes subliminares que están ahí hay que intentar cuidarlos. Pero hay muchas coplas que hablan de una mujer fuerte. Y autores como Rafael de León, debido a su condición sexual, contaba a través de sus canciones muchas cosas que a él le estaban pasando, muchas carencias y censuras que había en la época. La copla tiene una profundidad increíble y la mayor parte se puede cantar en la actualidad.

Si a su hija (ahora de cuatro años y medio) le gustara el reguetón, ¿qué haría?

–(Ríe a carcajadas) En mi casa está prohibido de momento, y mira que no prohibo nada. Es una responsabilidad de los padres que nuestros hijos el día de mañana tengan un criterio de las cosas hermosas de la vida, de las cosas que tienen calidad y de lo que puede ser positivo o no para nuestra cultura. No todas las letras del reguetón son negativas, pero algunas de ellas son tremendas y yo se lo evito. A ella de momento le gusta Michael Jackson y Freddie Mercury. Tiene buen gusto.

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