Los ochenta no entienden de arrugas sobre el escenario

Javier Gurruchaga, durante su actuación./F. T.
Javier Gurruchaga, durante su actuación. / F. T.

El 1980 Pop Festival Málaga 2018 pone a bailar a la sala París 15 al ritmo de La Unión y Mikel Erentxun

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

«¿A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga?». El clásico de Alaska suena por los altavoces mientras que la larga cola que bordea la sala París 15 avanza lentamente. Es noche de concierto, pero no una cualquiera: el 1980 Pop Festival Málaga 2018 ha reunido en el recinto a los incondicionales de La Movida en torno a un cartel repleto de embajadores de las hombreras y los pantalones de cuero. La Unión, Mikel Erentxun, Javier Gurruchaga de la Orquesta Mondragón, Vicky Larraz de Olé Olé y Carlos Segarra de Los Rebeldes protagonizaron una velada redonda para los amantes del género. Juntos recordaron que las lentejuelas siguen vigentes y el formato que crearon en su momento no entiende de arrugas cuando se suben al escenario.

Todavía no hay ningún artista sobre las tablas; los altavoces dejan sonar éxitos de distintos conjuntos de la época. De repente suenan los acordes de 'No dudaría', de Antonio Flores y el público se lanza a corear el estribillo dejando ver sus ganas de cantar -lo mismo ocurrió con 'Déjame' de Los Secretos y otros himnos atemporales-. Carlos Segarra, eterno líder de los rebeldes, fue el encargado de inaugurar la fiesta. 'Mi generación', un rockabilly cargado de guitarras afiladas y solos de saxo abrió la veda. Dos temas igual de acelerados y su sombrero cowboy fueron suficientes para animar al personal, deseoso de mover los pies.

Otros momentos de la noche, con Vicky Larraz, Carlos Segarra y Mikel Erentxun. / F. T.

El formato del festival es dinámico y está medido al milímetro. La banda era la misma para todos los artistas, un conjunto de doce músicos de élite: tres guitarras, bajo, dos coros, teclado, batería y cuatro vientos sincronizados a la perfección. La guitarrista acústica y uno de los eléctricos hacían, además, las veces de maestros de ceremonias, encargándose de saludar y despedir a cada participante, y de asumir el rol protagonista interpretando temas durante las transiciones. La fórmula hizo que la música no dejase de sonar durante tres horas y regaló momentos de sincronía propios de conjuntos que llevan mucho tiempo funcionando. Cada artista principal obtenía lo que necesitaba de la banda, camaleónica y a la altura de la variedad de registros y conceptos musicales que desfilaron por el escenario.

El siguiente en saltar a la palestra fue Mikel Erentxun. 'Mañana', de su álbum 'Ciudades de paso', publicado en 2004, fue uno de los temas más modernos de toda la noche. El clásico 'Cien gaviotas', single del disco Ciudades, editado en 1984 por Duncan Dhu fue el primer punto de inflexión de la noche. El eterno éxito de Erentxun puso a saltar (y a cantar a pleno pulmón), y el cantante respondió con su particular forma de interpretar sobre el escenario, mirando a su guitarra como llevase años sin verla. «Gracias Málaga, nos vemos en un rato», dijo al terminar, porque ningún artista interpretó más de dos o tres canciones seguidas, en pos del dinamismo y la fiesta.

Con la primera intervención de Gurruchaga, el espíritu de la Orquesta Mondragón invadió la París 15. Berridos, saltos, piruetas imposibles y energía a raudales emanaron de uno de los artistas más integrales, personales y genuinos de la música de los ochenta. 'Corazón de neón', compuesta por Joaquín Sabina para la orquesta recordó por qué Gurruchaga y su voz grave siguen siendo los reyes del escenario. «Vamos con una canción todavía más vieja, estamos ya todos petrificados como momias», dijo para introducir 'Caperucita feroz', emblema del conjunto.

Y tras la tormenta Mondragón llegó la locura absoluta de Vicky Larraz, líder de Olé Olé. Con brillantina, purpurina y en ensayados pasos de baile llenó el escenario de movimientos disco con su 'Bravo Samurai'. Tras varias canciones interpretadas por los músicos de la banda ('Insurrección' y otros temas incombustibles), Luis Bolín y Rafa Sánchez, miembros de La Unión, llegaron al escenario. La París 15 se rindió a sus pies, fiel a uno de los grandes conjuntos de finales del siglo XX. 'Maracaibo' sirvió de introducción y 'Vuelve el amor' puso el broche a su primera aparición, que fue suficiente para revivir aquellas grandes giras como Tren de largo recorrido. «Que el amor guíe vuestros pasos esta noche, nos vemos pronto», exclamó Rafa entre vítores y «¡qué grande eres!».

En el único intermedio de la fiesta, las dos coristas ocuparon el centro del escenario para interpretar varias canciones de Mecano a piano y dos voces. Sus versiones calaron hondo entre el público, que les ayudó en los estribillos de 'Hijo de la Luna' y 'Me cuesta tanto olvidarte'. La sala se deshizo en aplausos por las dos cantantes, que dieron un respiro al resto de músicos dejando el listón vocal muy alto.

Vicky Larraz volvió al escenario para reanudar la marcha y regalar su mítico 'Voy a mil'. «¡Seguimos de fiesta Málaga, canta conmigo!», gritó entre palmas para recuperar el ritmo de la noche en la segunda vuelta de los artistas. «Sois nuestro motor, sin vosotros no vamos a ninguna parte», dijo, antes de entonar 'No controles'. «A las mujeres no nos gusta nada que nos digan lo que tenemos que hacer», espetó en los primeros acordes. En su segunda aparición, Erentxun entonó a solas con su acústica 'Esos ojos negros', mezclada con otros éxitos de su carrera. El monólogo fue uno de los momentos más aplaudidos de la noche gracias a esa personalidad única que el cantante desprende cuando se sincera la guitarra. Y todos volvieron a salir a la palestra, bajo la luna que convierte al hombre en lobo cuando pasea por el boulevard de París.