Niño de Elche: «Los flamencos estamos donde esté el dinero»

Niño de Elche, ayer en la placeta de San Juan de Dios. /Ñito Salas
Niño de Elche, ayer en la placeta de San Juan de Dios. / Ñito Salas

El 'outsider' del cante, que participa en un curso de la UNIA, desmiente la existencia de una conciencia de clase en el arte jondo y niega que los artistas puedan ser totalmente libres

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Hasta en las zapatillas que lleva se lee la palabra 'outsiders'. Es un flamenco totalmente fuera del circuito. «Incluso a Rosalía la aceptan más que a mí», admite Francisco Contreras Molina o, lo que es lo mismo, Niño de Elche. Por eso llama la atención ver su nombre en un curso de arte jondo, como este de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) titulado 'Interculturalidad, etnicidad y compromiso e identificación de clase en el flamenco' que se celebra en el Thyssen. En su línea, Niño de Elche marcó distancias con las versiones oficiales para lanzar una pregunta al aire: '¿El flamenco es una opción política? ¿De qué signo?' Esta es su respuesta:

–El flamenco es político y es política. Lo bueno es que cada cual se puede cortar el traje a su medida. Se puede hacer del flamenco un arte fascista, un arte comunista, un arte anarquista, liberal... Es maravilloso.

Frente a la creencia más extendida, el transgresor del cante defiende que los flamencos «nunca han tenido una conciencia de clase como tal». Mantiene que quienes fueron contestatarios en la Transición, «en el momento en que vieron que el pastel se repartía» en los 80 dejaron de serlo. «Los flamencos tenemos siempre una cosa muy clara: estamos donde esté el dinero. Eso se da seas contestatario o no lo seas. Donde hay pasta, ahí encontrarás a un flamenco. Donde hay un puerto, donde hay turismo, donde hay burguesía, donde hay prostitución, donde hay drogas...». Es cosa del espíritu «buscavidas» que caracteriza a los artistas del cante, toque y baile.

«Mi bandera no ondea hoy en día por la tercera República, ondea por la cuarta. Los que están apoyando la tercera no me representan»

En el fondo, expresa claramente, «el capitalismo es nuestra piel». Cercano a los movimientos liberales y progresistas, reconoce que ha intentado seguir la ideología marxista, la anarquista e incluso la liberal. «Pero qué va. Nuestra lógica es socialdemócrata. Todos somos socialdemócratas», afirma. Firma defensor de la República, deja claro una cosa: «Mi bandera no ondea hoy en día por la tercera República, ondea por la cuarta. Los que están apoyando la tercera no me representan ni los quiero como compañeros de viaje«, sentencia.

Nuevo disco

Tras el activismo de 'Voces del extremo' y la revolucionaria 'Antología del cante flamenco heterodoxo', Niño de Elche ha vuelto con otro disco de experimentación. 'Colombiana' es un ir más allá en los cantes de ida y vuelta, un viaje a Latinoamérica para completar el intercambio cultural que se frenó entre 1810 y 1898 mientras aquí nacía el flamenco. En él no hay un posicionamiento político expreso, «pero el texto de los esclavos es más político que gritar '¡Viva la república!'; y reivindicar las drogas es mucho más peligroso que decir una abstracción como '¡Viva el pueblo!' o ¡Viva la libertad!'«, mantiene. Son temas «estigmatizados» que resultan «incómodos» para una sociedad «conservadora». «Pero decir obviedades es muy endogámico para esa masturbación colectiva que existe en esos postulados políticos», apostilla.

En un juicio cuantitativo, Niño de Elche asegura que podría demostrar que el disco tiene un 60 o 70 por ciento de flamenco. Es un producto que se «desplaza de la convención», hecho con una «cierta liberación». «Pero totalmente liberado, no. Nadie puede hacer lo que le da la gana», aclara.

En su opinión, expresiones como «soy un artista libre» son un «brindis al sol» fuera de la realidad. «Hay que tener más honestidad en eso», señala. En el momento en el que hay que ajustarse a un formato y a unos tiempos para lanzar un disco, ya no es absolutamente libre. Trabaja para un sello multinacional, como es Sony, pero eso –dice– no le condiciona. «Supone una ruptura de imaginario y prejuicios. Eso es lo más experimental que hago hoy día. Experimentar con los formatos, con la industria, con los contextos, con los públicos... No tanto que yo mezcle mi voz con un clarinete. La experimentación real está en lo otro«, argumenta.

Vive acostumbrado a los 'haters' y a los flamencólogos que abominan de lo que él hace. Pero se lo toma con filosofía. Es, dice, parte de la «performance». «No me afectan ni a la autoestima o al ánimo. Las cosas tienen poder cuando se lo otorgas. Y a los críticos nunca les he otorgado poder. Nunca. Por eso escriben así«, reflexiona. Tras la avalancha de críticas que le cayeron tras su actuación el año pasado en la Bienal de Sevilla, su amigo Jota de Los Planetas le dijo: »Es la primera vez que escriben desde la derrota«. »Y es así, ya han asumido que no existen, que no sirven para nada«, apostilla.

En cualquier caso, los flamencos no son su público. Sus seguidores están en el indie, en el heavy, en la electrónica... En un público «sin identidad». Como canta en su último trabajo rescatando una estrofa primitiva, él está feliz con seguidores que «ni chicha ni limoná».