La montaña rusa de Luis Fonsi en Starlite Marbella

Luis Fonsi, al comienzo del recital, interpretando una de sus baladas románticas. /ANTONIO PAZ
Luis Fonsi, al comienzo del recital, interpretando una de sus baladas románticas. / ANTONIO PAZ

El cantante sorprendió con una propuesta en la que intercaló baladas con temas más potentes

ALEJANDRO DÍAZMARBELLA

Todo el auditorio de Starlite estaba lleno. No cabía un alma en el concierto de Luis Fonsi, que consiguió un sonoro 'sold out' así de entrada, a pesar de ser esta la tercera vez que el cantante puertorriqueño pisaba el escenario marbellí.

Tras una breve espera sobre el horario previsto, en la que sonó música electrónica a raudales para ir caldeando un ambiente ya de por sí animado, la pantalla principal enfocó un vídeo introductorio acompasado con la música en directo de la banda. Unos bailarines, sobre un púlpito, realizaban su coreografía. Y de repente, todo el público en pie para recibir con ovación cerrada a Luis Fonsi, cuyo primer tema ya era una declaración de intenciones: «Quisiera que esta noche no se acabe», cantaba Fonsi en el estribillo.

Una metralla de música 'movida', con apenas un par de concesiones a la balada romántica, fue su carta de presentación en el inicio del recital. El público se sentaba con el pop melódico y se ponía en pie para bailar con los temas electro latinos.

Más de veinte minutos estuvo así Luis Fonsi, hasta que por fin se dirigió a los espectadores para darle las buenas noches y explicarles lo que ya todos intuían: que el concierto iba a ser una «montaña rusa», porque al de Puerto Rico le gusta tanto la balada como «la fiesta». «Va a ser un 'sube y baja' toda la noche», advirtió Fonsi, quien hizo de 'celestino' para que quienes iba solos se conociesen mejor y quienes iban en pareja se quisiesen más.

Así volvió la 'montaña rusa' a subir una elevada cuesta, despacito, con el público sentado y Luis Fonsi cantando 'Ya lo sabes', un tema que grabo al alimón con Antonio Orozco hace casi una década. Una vez ubicados en la cumbre, solo quedaba tomar velocidad en la caída disparatada y rauda: explosión de luces, colores, videoclips, videocreaciones, bailarines y sonido. Mucho sonido acelerado. El público no pudo sino celebrar, levantarse de sus asientos y dejarse llevar por la vertiente de la 'fiesta' que proponía Fonsi.

Pues si algo no se le puede reprochar al de Puerto Rico es la puesta en escena y la sincronización con todos y cada uno de los elementos que conforman el espectáculo: banda, fuegos, vídeos, luces, bailarines... Todo funciona con la precisión de un reloj suizo. Además ayuda el intento de darle un toque conceptual al espectáculo, sobre todo, llevado por los vídeos: una especie de viaje por la vida, de la luz hacia la oscuridad y vuelta a empezar.

Quizá uno de los momentos más entrañables del concierto fue cuando Luis Fonsi decidió apostar por cantar en acústico, porque «así es como nacen las canciones». Cantó lo que el público le pidió en un 'medley' en el que no faltaron los temas de sus primeros discos. La montaña rusa continuó por sus derroteros con la devoción de un público que no estaba dispuesto a irse hasta que Fonsi volviese las veces que hicieran falta para despedirse, finalmente, con su archiconocido 'Despacito'.