De Málaga a Washington para tocar ante dos papas y sonar en los Emmy

El músico y compositor Gabriel Ruiz-Bernal cruzó el Atlántico para empaparse del Jazz más puro y acabó quedándose para desarrollar su carrera profesional fundamentalmente como pianista, pero ahora también es profesor y compositor. Recientemente se encargó de poner la banda sonora de un documental nominado a los prestigiosos premios de la industria televisiva estadounidense

Gabriel Díaz-Bernal junto al órgano de la catedral de Washington que toca cada domingo./SUR
Gabriel Díaz-Bernal junto al órgano de la catedral de Washington que toca cada domingo. / SUR
Borja Gutiérrez
BORJA GUTIÉRREZ

Málaga y Washington no están tan lejos. Así lo hace entender Gabriel Ruiz-Bernal. En un par de horas y con solo un cruce de mensajes, ya estábamos documentando experiencias de una vida digna de contar: la de un músico 'de nacimiento' convencido de sus intuiciones y feliz entre teclas; con las que se siente libre sin partituras y el pentagrama en blanco. Le entusiasma esta llamada 'malaguita'. Marco su largo número americano desde Miraflores y suena el teléfono en College Park, una zona residencial de casas mata, rompiendo el cliché de los rascacielos, pero a solo veinte minutos en coche del Capitolio, el centro del mundo libre como les gusta decir a los estadounidenses: «Aquí he conseguido lo que buscaba, estar cerca de todo pero en un lugar tranquilo con mi jardín y sin preocuparme de los sonidos de la calle; puedo hasta grabar mis canciones sin problema». Allí descuelga a la segunda señal. Saluda con gran actitud y pregunta por el tiempo: «¿Cómo vais de terral? (ríe)».

Lleva cerca de veinticinco años en Washington pero su relación con Málaga es frecuente. La última vez que comió pescaíto frito bajo el sol malagueño fue en febrero, y su próxima visita será en pocos meses. Tiene unos horarios muy marcados, máxima disciplina para disfrutar de cada instante; y no es algo contradictorio. Le hace hueco a esta entrevista a empujones en su cuadrante, que cada jornada suele empezar montado en bicicleta o cabalgando por la avenida más cercana. Luego, en época de conciertos como es el caso, dedica entre dos o tres horas a «entrenar» con el piano. Lo define así: como un entrenamiento. Lo que hace sospechar una exigencia mayor, física. Nacido en Melilla llegó a Málaga con 12 años para ser músico. No existía nada más. Para su sorpresa, ahora se ve con el ejercicio de remover su memoria y buscar entre tomos ya sepultados por los años y las innumerables vivencias, pero que al parecer siguen intactos.

¿Le pillo ocupado?

Si, si (ríe), hay ajetreo estas semanas. Ahora mismo estoy preparando un programa para concierto, por eso estoy con las dos o tres horas de ensayo diario. Estoy esperando los resultados de un concurso reciente y trabajo también en un encargo del trompetista malagueño Benjamín Moreno, que está en la orquesta de Televisión Española. Además pensando en una obra de flauta y órgano para una catedral de Suecia. Estoy con muchas cosas además de mi labor de profesor de la Universidad y de organista en el catedral (Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción) cada domingo.

De Málaga a Washington para tocar ante dos papas y sonar en los Emmy, además de muchas cosas más en treinta años de carrera, ¿le parece empezar por el principio?

Es un titular curioso para los que no me conocen por allí, pero sí. Empiezo (intenta hacerlo corto). Nací en Melilla y me vine a Málaga con 12 años, donde tuve mi formación principal. La mudanza se produce porque mis padres tuvieron mucha vista. Ellos entendieron que tanto mi hermana (Celia Ruiz-Bernal, actual directora del Conservatorio Superior de Granada) como yo, íbamos a necesitar acceder tarde o temprano al conservatorio. Necesitábamos una estructura educativa mayor. Mis padres, maestros con oposiciones aprobadas, y pidieron traslado y plaza para instalarnos. Nos mudamos muy cerca del conservatorio, en El Ejido, y yo estudié siempre en el IES Cánovas del Castillo, que además, cuando tuve que cursar el bachillerato lo pude compatibilizar por las tardes para dedicarme por las mañanas a la música.

Tuvo que ser una juventud exigente...

La recuerdo con una agenda ocupadísima, y estar siempre de un lado para el otro con horarios muy marcados. Ir al conservatorio cuando la edad era estar también en el instituto suponía ser un alumno normal por un lado, y cuando eso acababa, ir directo a clase de música. Era como hacer otra carrera paralela desde temprano. Eso y que en casa, al ser dos maestros, seguía el ambiente de estudio. Aún así también sacaba tiempo para disfrutar con los amigos y salir a ligar con las chicas el fin de semana. Son esos compañeros que aún sigo conservando y quedando con ellos cuando voy por allí.

¿La adopción malagueña?

Claro, malagueño. Además, mi me gusta decir que tengo tres patrias: en Melilla recuerdo mi infancia y los amigos de mi educación elemental. Mi siguiente patria es Málaga, donde pasé mi juventud y mi adolescencia y donde empecé a desarrollarme profesionalmente. Y mi tercera tierra es Washington, donde llevo ya más de veinte años. Pero de Málaga nunca me he despegado- Uno de los tesoros de la ciudad, y que recuerdo de mi juventud sobre todo antes de tener el vespino, es que se puede ir andando a todas partes. Te permite vivir en el centro urbano y en dos pasos estar en el playa, cosa que ahora echo mucho de menos. Luego también podía estar en un castillo, en un parque o ir al Teatro Cervantes a un concierto. Allí me muevo sin coche.

Volviendo a la música, para conocerle mejor, ¿cómo fue su inicio profesional y su evolución?

En Málaga, estaba en la coral Santa María de la Victoria y luego estuve en la creación de la coral Cármina Nova. Me estaba formando en el piano para dar conciertos y también cantaba. Todo eso con mi capacidad de improvisar, que es una de las ventajas que tenía. Podía tocar clásico pero también me apasionaba el jazz, pero esas piezas no las solía materializar en composiciones. En Málaga me cree como pianista y el interés por la composición apareció en mi carrera un poco más tarde.

¿Y cuando da el paso para probar en EEUU?

Uno de los impulsos que me hizo ir a experimentar sensaciones nuevas y ver como funcionaban otros sistemas fue encontrarme con varios profesores americanos a los que conocí en los cursos de verano que hacía habitualmente. Por ese tiempo terminé la carrera en Málaga, obtuve mi título y me fui a EEUU en el curso 91/92 para preparar pruebas de acceso a la Universidad y ahora soy profesor en el mismo sitio donde estudié. En la Levine School of Music. Uno de mis sueños era trabajar en el sistema donde los alumnos viven dentro de la Universidad en residencia donde se encuentran músicos, actores y todo lo relacionado con las artes. Se crea una electricidad creativa que no ocurre en otros centros, no con como se concibe en España.

¿Y esos primeros pasos en el sueño americano?

La primera época fue un poco dura. La pasé con mi amigo José Carlos Carmona. Teníamos un coche muy viejo que se estropeaba constantemente, teníamos muy poco dinero. Para ejemplo, cuando nos colábamos en los conciertos del Kennedy Center (que es la mayor sala de conciertos de la ciudad) para ver las segundas partes de todos los conciertos porque nos camuflábamos con el público en el descanso de las obras. Ahora nos reímos mucho de todas esas anécdotas. Después de un año accedí a la Universidad y fue un gran paso. Entre en un lugar donde el enfoque es música y teatro, todos estábamos relacionados. De estudiante usaba las cabinas de ensayo que están abiertas las 24 horas; y en cualquier momento participaba en las múltiples 'Jam session' (traducido del inglés se entiende como una improvisación entre músicos) que se organizaban. En el departamento de jazz siempre había gente. Yo llegaba y me sentaba al piano. Eso era algo impensable en España y allí lo conseguí. Me gustaba estar con músicos muy diferentes entre ellos.

Se hizo rápido con el pulso de la ciudad...

Si, encajé. Es una educación más fluida, más espontánea. De mi generación todos estábamos deseando crear proyectos y surgían con mucha facilidad. Si fui a Washington fue por varias razones, y además de que existía entonces un enlace directo desde Málaga, principalmente es porque es un sitio donde ser extranjero es natural. La gente está cultivada, tiene mucha educación y es un lugar natural para desarrollar proyectos.

De ahí a ser, entre otras labores, uno de los organistas de la catedral principal de Washington. ¿Cómo llega esa oportunidad?

Una de las cosas que nos caracteriza a los músicos es que tenemos muchas carreras en una, sobre todo cuando no tenemos un cargo de funcionario. Mi caso, soy profesor de un conservatorio, organista de la catedral, compositor y pianista profesional. El órgano era otro instrumento que me parecía precioso y fascinante. Empecé a tocarlo en Málaga de vez en cuando. Pero al llegar a EEUU, como no tenía piano, para practicar me iba a las iglesias cercanas. Allí empecé a tocarlo más a menudo y acabé dedicándome también a él para tener un ingreso más. Poco a poco y de manera autodidacta aprendí lo suficiente como para empezar a crearme una fama entre las iglesias por además del órgano, poder tocar el piano, saber improvisar, y además cantar. Y un día, una conocida que llevaba un Coro Gospel me llamó. Me hice también con ese estilo y me puse a trabajar con ella. Lo siguiente fue lo que me metió en la catedral. En una visita del papa Benedicto XVI a Washington formaron un coro para la misa que se dio en la Basílica. Para ese concierto necesitaban un músico que pudiera tocar más de un estilo. Los profesional que habían eran buenos pero solo en un género. Y al toparse conmigo y mi capacidad de leer música clásica y también improvisar, me reclutaron para acompañar al coro que cantó para el papa. Después de ese concierto, el director del coro, me ofreció entrar en nómina. Acepté, me metieron en la plantilla y hasta ahora, que acudo a tocar todos los domingos. Y hace poco tiempo también pude participar en la misa que pronunció el papa actual, Francisco. Es un privilegio.

Y de ahí a la gala de los Emmy...

Si (afirma orgulloso). Lo del Emmy fue un encargo que me vino de mi faceta de compositor en las que también creo bandas sonoras. Es una labor que no tiene mucha proyección pública. Mi nombre no sale en primera plana pero estoy ahí. Ese proyecto me vino como colaboración con Discovery Channel. El documental se llama 'PS Dance!' y va sobre la integración de la danza en la educación de las escuelas públicas. Fue un experimento de como la danza mejora el rendimiento de los niños. Tuvo mayor efecto en los barrios más pobres y la obra gira entorno a ese impacto. El reto fue que tuve que hacer la música después de la grabación porque por motivos de derechos de autor había muchas escenas con música a la que no daba tiempo a conseguir la licencia para utilizarla. Fue un error de cálculo de la producción y tuvimos que hacerlo al contrario de lo normal. Tuve que componer viendo las imágenes grabadas. Y además nos dieron un plazo temporal muy corto, así que estuvimos encerrados en el estudio 24 horas descansando allí mismo lo que podíamos. Fue un maratón increíble y para el trabajo que supuso quedamos muy orgullosos por la nominación en la categoría general de documental.

¿Algún hito profesional más para contar?

Ahora que lo dices, un encargo que me hizo la Universidad de Sevilla que se estrenó en 2014. Fue una aventura enorme porque es mi obra más completa, y que también tuve que hacerlo en poco tiempo. Una composición exprés. Estoy muy orgulloso de esa obra que se llama 'Magnificat'.

Currículum

Licenciado en Música por el Conservatorio de Málaga y titulación de profesor. Actualmente ejerce en la Levine School of Music. También es doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla y posee un máster en interpretación musical tanto en clásico como en jazz. Luego cursó una titulación sobre la adaptación musical de formatos audiovisuales (en New York University Steinhardt).

Tras leer su currículum me he visto en la necesidad de consultar su edad pero en su página web no aparece. Aunque sea un poco descortés, ¿por qué razón?

Estamos en un mundo artístico en el que las fechas de nacimiento suelen desfasar a los artistas. Vas a encontrar que muchos lo hacen, de todas forma no lo oculto, yo nací en 1967 (52 años). Ocultar la edad en perfiles oficiales es muy frecuente. Mi carrera principal era la de pianista y cuando buscaba concursos y oportunidades a una cierta edad no podía. Por ejemplo, la mayoría se cerraban a los 28 años y resulta que a los 29 ya era viejo. Estamos en una carrera donde competimos contra nosotros mismos contra un factor que no podemos controlar, que es el paso del tiempo. Y aunque cada año somos mejores pianistas, cada año que cumplimos cierra un par de puertas para demostrar que lo somos. Acabas en un ambiente donde los compañeros son muy celosos de proteger su edad. Pasa que cuando ya no eres una joven promesa parece que se llega a una fase plana donde parece no haber más opciones de crecer. Por eso en parte me adentre en la composición, que me abrió la posibilidad de no mirar la edad. Como compositor considero que estoy en una fase de crecimiento, como pianista he llegado a la cima. Sigo manteniendo mi técnica pero no alimento tanto ya mi faceta de concertista de piano. Cuando entrevistes a músicos como yo te vas a encontrar que son muy protectores de la edad para que no se le cierren puertas por no considerarse una joven promesa.

¿Por lo que me dice nunca se ha desvinculado de Málaga?

No, allí tengo a mis padres. Y también con Málaga he mantenido relaciones profesionales porque he ido allí a tocar muchas veces, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta que prefiero ir mejor a tomar aire y quitarme el reloj, no estar estresado (ríe). Tengo amigos que dicen que en Washington tiene que ser difícil trabajar con mucho frío en invierno, y siempre les respondo que donde es difícil trabajar es en Málaga, donde con el buen tiempo siempre apetece salir a la calle. Aún así tengo un proyecto que próximamente será más concreto, pero de momento no tiene mucha forma y no puedo definirlo.