Málaga se queda sin club de jazz tras el cierre del Clarence

Enrique Oliver, durante una actuación en el Clarence. /SUR
Enrique Oliver, durante una actuación en el Clarence. / SUR

La sala se despide tras más de mil conciertos en cinco años al no alcanzar un acuerdo con el propietario para renovar el contrato de alquiler

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

En una ciudad que se promociona bajo la marca 'Málagajazz', donde su festival internacional quiere convertirse en un foco de atracción del turismo en otoño y con museos como el Picasso que programan desde hace años un suculento ciclo dedicado al género, ya no existe ningún club de jazz. The Clarence Jazz Club cierra sus puertas en la calle Cañón (junto a la Catedral) cinco años después de convertirse en refugio de profesionales y aficionados de la música de la improvisación. Y en este caso no ha sido por una cuestión económica. Los números salen, tras capear la crisis el negocio atrae a una clientela fiel, pero no ha sido posible alcanzar un acuerdo para renovar el contrato de alquiler al querer el propietario dedicar el local a otros usos. Su responsable estudia ahora continuar el proyecto en otro lugar, «pero tendría que ser fuera del Centro, los precios están inflados», puntualiza Javier Salinas, gerente.

Cerca de mil conciertos, un centenar de jam session, noches de piano, cine mudo con BSO en directo y muchos otros eventos con artistas como Chano Domínguez, Javier Denis, Ernesto Aurignac, José Carra, Javier Navas, Enrique Oliver, Arturo Serra, Peter Edgerton, Rafael Quesada, Roberto Cantero y muchos más avalan su trayectoria.

400 socios

El Clarence Jazz Club se despide con casi 400 socios, además de una clientela fiel que sabía que cada viernes y sábado noche sin excepción –a veces, jueves y domingos también– iba a encontrar en el céntrico local jazz en directo. «Muchos venían sin saber quién actuaba, confiaban en nuestra programación», cuenta Salinas.

«Aunque al final se le consiguió dar una estabilidad económica no ha sido suficiente para poder seguir. Como ya es conocido, los efectos de la 'burbuja inmobiliaria' no perdonan nada y se lleva por delante lo que haga falta, y este ha sido el caso nuestro, no ha sido posible llegar a un acuerdo de renovación de nuestro alquiler que vencía este 31 de agosto. Por lo que nos vemos obligados a cerrar y no poder seguir con nuestra programación y actividades», escribía Javier Salinas en una carta de despedida publicada en Facebook.

Concierto de Ernesto Aurignac en la sala de la calle Cañón.
Concierto de Ernesto Aurignac en la sala de la calle Cañón. / SUR

El adiós del Clarence deja un poco más desierto de música en vivo el centro de Málaga tras los recientes cierres del Onda Pasadena y la Sala Velvet, donde también se abría hueco de manera esporádica el jazz. «El Clarence era un sitio increíble donde podíamos presentar nuestros proyectos en un club súper auténtico. Era nuestra casa del jazz en Málaga», describe el saxofonista Ernesto Aurignac. «No quedan sitios donde tocar, al margen de cosas puntuales. Y menos aún, con un piano como es mi caso. Ya casi tocaba solamente ahí», lamenta el pianista José Carra. El músico, que en breve presentará su cuarto álbum, ofrece el 90 por ciento de sus conciertos fuera de Málaga. Este jueves será una excepción: a las 22.00 horas estará junto a Aurignac en The Hall, la sala de la Carretera de Cádiz (Héroe de Sostoa 63-65) que queda como uno de los últimos reductos de la música en directo en la capital.

«Tenemos que ver si seguimos el proyecto en otro lado, pero ya tendrá que ser fuera del Centro de Málaga» Javier Salinas, Gerente del Clarence Jazz Club

«El Clarence era más que un bar, era un proyecto humano y musical. Se ha cerrado el bar, pero lo que se creó ahí sigue vivo» Ernesto Aurignac, Saxofonista

«Cada vez se hace más dificil. Por suerte hay muchos buenos músicos en Málaga, pero pocos sitios. Y los músicos necesitamos tener donde tocar. Muchos de los que vivimos aquí, donde menos tocamos es en Málaga», lamenta el vibrafonista malagueño Javier Navas.

Hace no mucho que Málaga se destacó como capital andaluza del jazz con una nueva generación de músicos que regresó a casa tras años de experiencia y formación en otras ciudades. Nació la Asociación de Jazz de Málaga (AJM) y, en 2014, algunos de ellos se unieron para levantar el Centro de Artes & Música Moderna Maestro Puyana (CAMM), donde caben todas las disciplinas, con especial atención a la música de la improvisación. «Se está volviendo imposible hacer cosas en el Centro. Ahora nos ha tocado a los músicos de jazz, de haber poco ya no hay nada. Pero es un nuevo 'modus operandi' de la ciudad en sí. Es una manera de desarraigar el Centro y enfocarlo más al turismo», reflexiona el director del CAMM, el saxofonista y flautista Tete Leal.

La oferta

Por el camino, en estos años, han desaparecido varios espacios consagrados al género, como el Necker Jazz Club y Lamoraga Jazz Club. Quedan ciclos puntuales, como el que organiza el Museo Picasso (este año, las noches del 18 y 25 de octubre con el dúo formado por Aruán Ortiz & Don Byron y el trío liderado por el pianista Steve Kuhn), los directos en The Wall Bar del hotel Vincci (entre otros establecimientos) y un renovado Festival Internacional de Jazz en el Teatro Cervantes, con las consiguientes actividades paralelas promovidas por los hosteleros (del 29 de octubre al 4 de noviembre). Fuera de la capital, el jazz se apodera cada julio de la Finca El Portón de Alhaurín de la Torre desde mediados de los 90.

«Ahora nos ha tocado a los músicos de jazz, de haber poco ya no hay nada, pero es un nuevo 'modus operandi' de la ciudad en sí» Tete Leal, Saxofonista y director del CAMM

«El 90% de los conciertos los hago fuera de Málaga. Aparte de cosas puntuales, no hay sitios donde tocar» José Carra, Pianista

«Cada vez es más difícil. Por suerte hay muchos buenos músicos en Málaga, pero pocos sitios donde actuar» Javier Navas, Vibrafonista

El jazz tiene una parroquia de seguidores que suma adeptos. Testigo de ese repunte fue el Clarence, que vio cómo el negocio crecía cada año tras unos duros comienzos. «Incluso ya se nos quedaba pequeño, su techo iba a llegar», analiza Salinas. Es evidente que hay quien quiere jazz, lo que ya no hay es dónde. Encontrar un local acondicionado y con licencia de música en vivo que no sucumba a la oferta de discoteca es una 'rara avis' en el centro de la capital. Y si lo hay, el alquiler es prohibitivo.

La comunidad de músicos ha reaccionado al anuncio de cierre en las redes sociales. Ernesto Aurginac encabeza una propuesta a la que se han sumado otros artistas andaluces para recaudar fondos que permitan relanzar elClarence en otra ubicación. «Estamos dispuestos a hacer un concierto multitudinario tocando 24 horas sin parar», explica. Porque, como afirma, el Clarence era «más que un bar». «Era un proyecto humano y musical, y todo lo que creó ahí Javier, esa alma, no se ha muerto. Se ha cerrado el bar pero eso sigue vivo. Solo hace falta otro sitio donde abrirlo y montarlo de nuevo», concluye el saxofonista.

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