Ojeando, la magia del pueblo 'indie'

Nueva y una sugerente propuesta: un «viaje sideral»/JM GRIMALDI / OJEANDO
Nueva y una sugerente propuesta: un «viaje sideral» / JM GRIMALDI / OJEANDO

El Festival celebra su undécima edición con una imagen renovada pero manteniendo sus raíces. Con Lori Meyers como cabeza de cartel, el festival logró lleno hasta la bandera

ADRIÁN MEDINAOjén

Superada la primera década de existencia, el festival de música independiente de Ojén asciende un escalón hacia una nueva etapa en la que, sin perder la esencia, explora otros territorios. Nueva imagen y una sugerente propuesta: un «viaje sideral» a través de la música han marcado esta undécima edición que de nuevo ha obrado la magia de convertir un apacible pueblo de 3.000 habitantes en el escenario de algunos de los nombres más representativos de la música 'indie'. Pruebas de sonido en las calles vacías del mediodía. Luego, se suman las conversaciones de los autóctonos con los visitantes. Y de pronto, la burbuja de tranquilidad se rompe, la música estalla y unas 2.000 caras nuevas se hacen con cada rincón del pueblo malagueño.

En once años, el festival ha sabido crecer sin olvidar sus raíces malagueñas. El cartel de esta edición, una apuesta a largo plazo, busca convertir los rincones de la localidad en una especie de planeta desconocido bajo el lema «solo tú decides quién o qué quieres ser». Una premisa que ha atraído a los fans de la música independiente durante todos estos años.

José Manuel y Diógenes (que se ofrece a enseñarnos el DNI) son dos de ellos. Han viajado desde Ubrique en su «furgoneta de festivales», donde duermen cuando acaba la noche y reponen fuerzas. «Lo de lavarnos o no, ya lo veremos», comenta José Manuel entre risas.

A los que no han tenido la suerte de contar con una casa con ruedas, Ojeando les ofrece una zona de acampada en la que pueden instalar sus tiendas. Ayer, a las seis de la tarde, algunos seguían durmiendo tras regresar de madrugada.

El camping está habilitado en una explanada junto al polideportivo municipal y la Casa de la Juventud.Una zona vallada con toldos para proteger del sol a los asistentes del festival que ayuda a refrescar el ambiente.«Nosotros incluso nos hemos tapado por el relente», comenta Jesús. Él repite en el Ojeando, en esta ocasión con su pareja, Carolina.

A media tarde, sin embargo, ni siquiera las lonas pueden proteger la explanada de hormigón del calor.Los que no estaban durmiendo en sus tiendas se habían bajado a la piscina municipal cercana, de acceso libre, convertida para la ocasión en el rincón 'Piscina Lounge' donde toda la tarde se pinchó música electrónica y rock 'indie' a partes iguales.

Ojeando es un festival que involucra a todo el pueblo y que sobrevive gracias a su colaboración. La música en el escenario Plaza la dirige una pedagoga; la de Molino, un cocinero. Solo en el escenario Patio hay un equipo profesional.

Los que no pueden ayudar, lo disfrutan. Es el caso de Ana Lanzas, que con más de 80 años a sus espaldas asiste los ensayos sentada en la fuente de la plaza. «Yo, cuando empiezo a oír la música desde mi casa, me bajo aquí. Me entretiene más que la tele», explica.

La de ayer fue jornada de platos fuertes sobre el escenario. Tras el dúo de malagueñas Dreyma y el folk de Nunatak llegó la hora de los esperados Lori Meyers. Pasada la una de la mañana, la aparición del grupo granadino hizo que el público estallase, y los mantuvo arriba mientras desgranaba su nuevo disco, 'Espiral'. La euforia siguió con Nancys Rubias, el peculiar grupo dirigido por Mario Vaquerizo (bajo el sobrenombre de 'Nancy Anoréxica') y una nueva sesión DJ con Los Niños Mutantes.

Migue Fernández

El viernes ya habían hecho vibrar al pueblo Ballena y Rufus T.Firefly, los debutantes en el Ojeando de 2018. Tras ellos vinieron Maga, que le deben mucho a este festival: fue en un Ojeando donde se reencontraron sus miembros tras su ruptura y decidieron retomar la música. La fiesta siguió con Carlos Sadness, cuyo ukelele hizo bailar al público, y las letras de Perro, exintegrantes de La vida de Brian. La vertiente DJ de los miembros de la banda Second cerraron la noche.

Tras dos días de música intensos, el Ojeando Festival echó el cierre esta madrugada. Habrá que esperar al próximo año para volver a sentir el hechizo del pueblo blanco.

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